Los organismos de derechos humanos participaron, hoy martes, en una reunión con los máximos funcionarios nacionales de Seguridad, de Justicia, y de la secretaría de Derechos Humanos, con motivo de la responsabilidad del Estado, en la desaparición de Santiago Maldonado, por parte de la Gendarmería, el último 1 de agosto durante la represión de esta fuerza contra personas de pueblos mapuches. En esta nota, Héctor Rodríguez, de la Comisión Memoria Verdad y Justicia Zona Norte, relata lo acontecido.

Por HR.

Había que verlas. Mirarles el semblante. Estaban indignadas, rabiosas diría. Acababan de salir junto a todxs los compañeros de los Organismos a la vereda del Ministerio, y ellas tres, Lita, Taty y Estela, con sus cuerpos más frágiles, caminando lento, tomaron asiento frente a un improvisado escritorio con micrófono. Todos hicimos silencio sepulcral.

Cuando Ellas hablan, hay un país que las escucha. Porque siempre van con la verdad. Pocas veces vi tan furiosas, impotentes y tristes –a la vez– relatar los detalles tras la patética reunión ante la inefable Patricia Bullrich, el secretario Avruj y el ministro Garavano. Había que ver las caras de Schulman, de Charly Pisoni, de Adriana Taboada y de Gabriela Alegre, entre otras, que también participaron de la reunión con los funcionarios.

Lo más repugnante fue lo primero que compartieron: Bullrich no acepta calificar lo de Maldonado como “desaparición forzada”. Entonces, hay poco para avanzar, a partir de plantarse la ministra obcecadamente, con semejante falsedad, sostenida, además, por todo el Gobierno. Había que escucharla a Estela. “Hemos salido peor de como entramos. Nos siguen mintiendo. El mundo entero está gritando por este joven”, dijo amargada.

Desde ya que no bajarán los brazos. Ni ellas, con años de lucha y batallas al hombro, ni nosotros. Tampoco los millones de jóvenes que sin haber transitado el terrorismo de Estado, tienen claro con qué clase de gobierno están tratando.

Lita Boitano expresó que la reunión había sido violenta, muy áspera. Sobre el final, les dijo: “Ustedes saben qué pasó con Santiago, y no lo dicen. A nosotros no nos mientan”. “Eso no se lo voy a permitir”, respondió Patricia Bullrich, altiva. Los funcionarios, ofendidos -justo ellos- se levantaron de inmediato y se retiraron de la sala sin siquiera saludar a ninguno de los integrantes de los Organismos.

Taboada, ya en la vereda, aportó su mirada como profesional de la psicología que es, con un detalle significativo del encuentro: “Ninguno de los tres nos miraron a la cara en toda la reunión. Ninguno. Nosotros siempre miramos de frente, porque no tenemos nada que ocultar.”

Al rato, en un café cercano, desmenuzábamos los pormenores de la reunión. Alcancé a decirle a Lita que hoy era una fecha emblemática. “Hoy es 22 de agosto, Lita, justo hoy.” Ella movió levemente la cabeza, hizo un gesto amargo, cargado de dolor. “Tenés razón, mirá qué coincidencia”, me respondió.

Hace 45 años, también en Chubut, la dictadura de Lanusse se cobraba 19 jóvenes vidas, en una suerte de ensayo criminal que les sirvió de antesala del horror más espantoso que vivimos en nuestra historia. Y le mentía al país fingiendo, con esa masacre, una fuga que no existió. Salí del bar y tras abrazar fuerte a Taty y a Lita (mañana parten a Esquel), caminé sin rumbo fijo.

Hoy es 22 de agosto, volví a repetirme mirando el cielo diáfano como los sueños de Santiago Maldonado. Sentí que aquellas balas del 72 volvían a impactar imaginariamente en el corazón de cada uno de los compañeros integrantes de los Organismos. Esta vez a cargo de tres oscuros funcionarios negacionistas que integran un Gobierno desaparecedor, ahora en democracia.

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