Antes de que se diera a conocer que el cuerpo hallado en el río Chubut, es el de Santiago Maldonado, un integrante de la Comisión por la Memoria la Verdad y la Justicia de la Zona Norte, Héctor Rodríguez, escribió su impresión tras la conferencia de prensa que la familia del joven había dado en Esquel a poco de conocerse la noticia que conmueve al país. La apreciación no solo responde a la cosmovisión que expresa la familia Maldonado, también expresa una cosmovisión (no única, ni siquiera necesariamente mayoritaria) de nuestra época signada por la información, en detrimento de lo primariamente humano.

Héctor RodrigueZ

Por Héctor Rodríguez

“Ayer fue muy duro estar 7 horas al lado de un cuerpo, tuvimos que convivir con eso sin saber en qué condiciones estaba. Con todo el dolor de estos días, no queremos sumarle ahora la carga de tener que decir si es o no es Santiago.” Lo expresó anoche (martes 17-10) Sergio Maldonado en la conferencia de prensa en Esquel.

Su mujer, Andrea, tomada de la mano de su esposo, dijo: “No vamos a confiar en nadie, por eso estuvimos esa cantidad de horas al lado del cuerpo, para que nadie hiciera nada, para que nadie lo tocara. Fue durísimo, pero creemos que fue lo mejor”, así lo sostuvo, sin levantar la voz, con la tristeza hundida en sus ojos.

Siete horas vigilando un cuerpo que flotaba sobre el río Chubut, muy cerca de la orilla, sin saber siquiera si era su hermano o no. Siete horas eternas, con la tensión contenida y la impotencia obturada. Siete horas en silencio, sin poder confirmar nada. El matrimonio, más la abogada de la familia Maldonado, con la vista y sus cuerpos fijos en ese bulto inerme, del que se cree que es nada menos que Santiago.

La potencia de esa escena –creo yo– resulta inconmensurable. Es una imagen que concentra tanto amor como pena infinita; tanta resistencia como agallas en la tarea. Aceptaron mantas y un tibio fueguito cerca, aportado por sus hermanos mapuches mientras llegaban los peritos. Sin confiar en casi nadie, teniéndose ellos en esa soledad inmensa del Sur.

Casi ochenta días resumidos en esa secuencia de un puñado de horas ofrecen la dimensión más acabada de este drama desatado por un Estado negacionista y desaparecedor. La familia (y la comunidad de la Pu Lof) creyendo –¿acaso no les sobran razones?– que ese cuerpo fue “plantado” allí; entretanto, hay un Gobierno encargando encuestas para mensurar si el “caso Maldonado” le afecta sus intereses electorales.

Un país marchando por el joven y un ministerio ofreciendo un 0800 para denunciar docentes que mentaran el nombre maldito. La CIDH (Comisión Interamericana de Derechos Humanos) reclamando por el caso y la carroña mediática macrista corriendo el límite de lo deleznable.

El dolor infinito de millones de a pie (ante lo que suponemos es evidente) versus candidatos del oficialismo burlándose en cámara con Walt Disney como excusa. Una familia, la de Santiago, hostigada y estigmatizada desde el primer día, escuchando a Vidal argumentar “vamos a dar el respeto que la familia merece.” Es exactamente lo que no hicieron nunca, Gobernadora. Dicen que ahora “el cuerpo hablará”. Eso esperamos. El resto ya habló demasiado. HR

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