Dos centenares de vecinos se manifestaron anoche (martes 19) en la quinta de Olivos para reclamar por la ley que recorta jubilaciones y pensiones a ex combatientes de Malvinas y beneficiarias de la Asignación por Hijo, Comenzaron alrededor de las 21 y seguían a medianoche. No llevaban banderas partidarias, tenían dos o tres carteles hechos a mano, de hecho tampoco cantaban consignas. Con tapas de cacerola, cucharas metálicas y de manera, sobre todo, hacían ruido.

Jóvenes solos o en pareja, algunos con bebés o niños pequeños, otros en bicicleta y skate; adultos de mediana edad y mayores, alrededor de dos centenares de vecinos de la zona norte se reunieron a las puertas de la quinta de Olivos con tapas de cacerola, latas con  instrumentos de percusión para reclamar.

No tenían banderas políticas visibles, cartelería, ni consignas unificadas. Sobre todo hacían ruido. La policía, varios con chalecos con la sigla PFA, cortó el tránsito entre Villate y Malaver, y los filmaba con cámara a metros de Villate. Pero en rigor el conjunto ocupaba desde el portal de ingreso a la quinta hasta Olaguer y Feliú.

En un momento unos jóvenes quisieron poner carteles pequeños (hoja A3, tal vez un poco más chica) sobre las rejas de la quinta y la policía los sacó (los carteles), insistieron, y ante la insistencia policial desistieron. “Macri compadre/las deudas de tu padre” decía uno, otro “Por un nuevo argentinazo”.

La policia filma a los manifestantes en la Quinta de Olivos
La policía filma a los manifestantes en la Quinta

“Por lo de ayer. Por todo. No les pueden sacar a los jubilados ¡Y ahora a las pymes! No se. Estamos a la deriva con estos ¿Cuándo vamos a cambiar de verdad?” ensayó uno de los manifestantes, joven, ante la pregunta básica del periodismo local que se acercó: “¿Por qué reclaman acá en la quinta?”.

En otro momento dos o tres manifestantes usaron como instrumento, sin forzarlo ni romperlo, un chapón (tal vez portón de acceso a un galpón o algo así) al lado de una concesionaria de autos. Golpeaban con cucharas y varas a modo de baqueta; la policía los observaba de lejos, pero solo eso. A media noche continuaba la rutina.

Gustavo Camps

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