Roberto Aguirre, director del Teatro de Repertorio del Norte, relata su primera experiencia de viaje por Chile y recuerda a Neruda. Así revela que el haber estado en los lugares donde el gran poeta comprometido creó, amó, lucho, en definitiva vivió y también murió, lo lleva a resignificar la obra del artista latinoamericano, y agradece por esto. Por otro lado, el texto de Aguirre no deja de ser algo original, en tanto lo común es que el director exprese sus sentimientos cotidianamente a través de lo que muestra, con sensibilidad y entereza, en un escenario teatral más que en una prosa.

Por Roberto Aguirre*

Roberto Aguirre

Gracias Pablo

En los años de mi juventud leía y releía a Pablo Neruda. Fueron tiempos convulsionados, movilizadores. Inclusive llegué a montar dos espectáculos con sus poemas en Homenaje a Chile y en la lucha contra Pinochet. Todo lo leído fue entonces de mucho aprendizaje, placer y también de emoción.

Este verano nos fuimos con Marita hacia Chile. Íbamos sin saber, era otro país, nunca habíamos estado, teníamos información variada pero nada en especial. Era un viaje de descanso, paseo y algo de compras.

Pero la realidad o la contundencia nos pegó en algún lugar del alma. Chile es un país precioso, con su pueblo amable, cordial y especialmente digno. Una enorme y agradable sorpresa. Nos sentimos alojados, respetados, cuidados.

Pablo Neruda  (Foto Fundación Pablo Neruda)
Pablo Neruda (Foto Fundación Pablo Neruda)

También nos gustó mirar el mundo desde el Pacífico. Un océano enorme, violento y frío pero saludable, con memoria. Las dictaduras latinoamericanas han destrozado generaciones enteras.

No sabremos nunca que hubiera pasado con la continuidad de Salvador Allende pero hoy existe un Chile pujante, en lucha y con muchas contradicciones resultado de su dolorosa historia.

Siempre supimos que la muerte se asoma en momentos inesperados. Pablo Neruda estaba enfermo pero murió de pena y dolor por su país violentamente avasallado e invadido. En la visita a sus casas comprendimos exactamente que fue una muerte por la tristeza causada.

Cuando leía de joven sus textos no lo imaginaba en algún lugar. Era Pablo el poeta del pueblo. Ahora y junto a Marita nos adentramos en sus tres casas: Isla Negra, La Sebastiana y La Chascona. El placer, la emoción, la conmoción fue infinita.

campanas-isla-negra (Foto Fundación Pablo Neruda)
Campanas en la Isla Negra (Foto Fundación Pablo Neruda)

Todos podemos saber algo de los escritores o artistas que nos marcaron. Yo no sabía de su vida más que lo que leía en publicaciones o sea a través de la mirada de otro. Encontramos en sus casas algunas de las respuestas a preguntas que tal vez no me formulé.

Pablo era un luchador, es verdad. Pablo era un revolucionario, también. Pablo era un poeta, lo sabíamos. Pero lo que nunca imaginé es su vida, su cotidianeidad. Al estar en sus tres casas el mundo cambió para nosotros.

Primera vez que veíamos en cada una de sus casas la increíble necesidad de vivir. Sí, así nomás. Cada rincón de sus casas, cada espacio creado o ganado era un templo de vida. Sus objetos desmesurados, sus colecciones desorbitantes, sus homenajes a la gente que quería, todo era vida. O mejor todo es vida. Sus casas hoy viven “a pesar de”.

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Exteriores Isla Negra (Foto Fundación Pablo Neruda)

Pablo vivió una vida hermosa, violenta, trajinada y volvía a cualquiera de sus casas y el mundo seguramente era otro. En cada una de sus casas se respira la vida ganada a la vida. Inimaginable.

Con las visitas realizadas resignifiqué sus poemas, sus traducciones, su Confieso que he vivido y todo toma otro sentido. El alma de Pablo Neruda se encuentra en Isla Negra con sus mascarones, sus ventanales, sus mesas generosas, sus botellas de arenas, sus obsesiones, sus sueños.

El alma de Pablo Neruda se ubica en La Sebastiana en sus escaleras ganadas, en sus cuadros, en sus baúles, en sus mapas, en las caracolas, en su ventanal desmedido al Pacífico, en sus bibliotecas.

El alma de Pablo Neruda se descubre en La Chascona (despeinada en mapuche), hermoso homenaje a su Matilde, y se descubre en sus bares para sus amigos, en las mesas generosas, en sus lavabos de barcos, en los baños con reveladoras puertas, en sus zapatos gigantes, en sus campanas.

Pablo Neruda enfrentaba a la vida con la vida misma. Sus casas revelan su mundo sus deseos, sus límites, sus homenajes, sus placeres y también su genialidad.  Gracias Pablo: por tus palabras, por tu entrega, por tu lucha, por seguir enseñando, por seguir cantando sin cesar. Gracias Pablo por ayudarme a entender de qué se trata.

* Director y fundador del Teatro de Repertorio del Norte; profesor e investigador teatral.

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