A un año de la negligente muerte de siete jóvenes en una comisaría de Pergamino, el columnista, Andrés Pavón, que participó de los actos organizados por  la Comisión Provincial por la Memoria, invitado por la agrupación FADELI, Familiares de Detenidos y Liberados La Gramsci, de San Martín, advierte que la democracia no está completa si se vive en un clima de violencia institucional y no se respetan los derechos humanos.

Por Andrés Pavón*

 Pavón

Dicen, aprendemos, sabemos que somos los nietos quienes enterramos a nuestros abuelos, los hijos quienes sepultamos a nuestros padres. Será tal vez por eso, que aún no hemos inventado un nombre para los padres, abuelos, que perdieron a sus hijos o nietos.

Esto solo se invierte en las guerras – esos estúpidos y crueles sucesos, que los hombres utilizamos como medio de dominación o exterminio, para con otros hombres- donde somos los padres los que enterramos a nuestros críos y los abuelos a los nietos.

En estos casos, muchos por cierto, es un determinado Estado el que invade a otro Estado y mata ¿Pero qué pasa cuando es nuestro propio Estado el que mata a nuestros hijos y a nuestros nietos?

masacre de Pergamino

Aquí, el de la foto, es el abuelo de Federico Perrota. “Fede” tenía 22 años. Murió asfixiado por un incendio que habían iniciado 7 detenidos en señal de protesta por las paupérrimas condiciones de alojamiento.

La masacre de Pergamino, ocurrida el 2 de marzo de 2017 en la Comisaría 1° (centro clandestino de detención durante la última dictadura cívico-militar) de esa ciudad, fue una de las violaciones a los Derechos Humanos más graves ocurridas en una dependencia policial, en Democracia.

Estaban “engomados”, castigados, encerrados, hacinados 7 jóvenes en una celda para 2 sin luz natural, sin ventilación y sin agua, esto último privó a las víctimas de poder apagar ellos mismos, ante la gravedad, las llamas.

Al propagarse el incendio, el policía de imaginaria se retiró del lugar y la guardia cerró los candados. Desoyeron los gritos de auxilio, luego de casi una hora llamaron a los bomberos, pero las llaves de los candados no aparecen sino 40 minutos después.

Ya era tarde. Sérgio, Franco, Fernando, Alan, Juan, Jhon (un joven “rapero”, de la República hermana de Colombia) y Federico habían muerto asfixiados. Sus cuerpos, carbonizados, yacían en un rincón de la pequeña celda.

“Todas las noches escucho los gritos y veo a los pibes, cómo golpeaban y gritaban para que los saquen”…”Lo que se me viene, lo que me aparece, son los gritos de dolor de los chicos”…”Sentía como se daban la cabeza contra la pared”…”Veía como explotaban las lamparitas”.

Son solo algunos de los relatos de los 12 sobrevivientes que estaban alojados en una celda contigua, que fueron sacados a los insultos y golpes a un patio interno, y se les negó atención médica por horas, aquel fatídico día.

Estaban bajo custodia del Estado, detenidos por delitos menores, e ilegalmente la Comisaría no reunía las condiciones indispensables para albergar a estas personas dignamente. Desde 2016 a la fecha, los detenidos en comisarías aumentaron casi el 50%.

Hay 3.321 detenidos, en su mayoría jóvenes, que tienen que dormir en 1.054 camastros con colchones (cuando los hay) no ignífugos, según cifras reconocidas por el gobierno de la Provincia de Buenos Aires).

No tienen espacios de esparcimiento, ni lugar para dormir, ni servicio de salud, ni educación, ni lugar adecuado para visita familiar, ni luz natural, ni ventilación adecuada además de las pésimas condiciones edilicias.

Con ese trato inhumano, e innumerables casos de torturas,  mientras no se garanticen los Derechos Humanos para todos los habitantes de la Nación, nuestra Democracia está incompleta. Gracias.

* militante social del peronismo de San Martín 

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