Por Héctor Rodríguez

Hace dos meses, una tarde fresca de verano, tomábamos un par de gaseosas mientras nos reíamos sentados en la vereda de un bar de Olivos. En un momento, mientras ella ingería su dosis de morfina de un frasquito, le pedí permiso para incluir en un próximo libro una crónica sobre ella, que escribí hace dos diciembres (“Una imprescindible, recuerdo que la titulé), a propósito del reconocimiento que recibió de parte de la legislatura del Partido. “A Delia Belardinelli, Mujer Destacada 2016 de Vicente López”, rezaba en letras góticas y pomposas aquel diploma. “Eso sí, en el libro poneme con una foto donde esté linda, sonriente”, me dijo. “Prometido, Delia; eso haré”, respondí. Volvimos a reírnos.

Delia partió esta mañana, al alba, en la hora tibia del sol, donde se corren las cortinas de las casas, donde se enciende el fuego que calentará los mates, donde la vida gira sin que reparemos en lo importante. A la hora, también, donde todos creíamos que ella continuaría de pie, un día más, en la lucha titánica (y desigual) contra su enfermedad. Se fue en silencio, sin hacer ruido. Y sin pedirnos permiso, siquiera.

Delia nota de Héctor Rodríguez 2 paredón
Un paredón, frente a la Quinta de Olivos

A sus hijos, a sus nietos y a la legión de compañeras y compañeros que tanto la quisimos y valoramos, nos queda un agujero que no será fácil de llenar. Costará -y mucho- calmar el dolor de este puntazo directo al corazón que nos dejó a todos desamparados, a la intemperie, sin saber bien dónde acomodar el aturdimiento y el estupor por su ausencia definitiva, la de ella, luchadora incansable, militante de la vida y comprometida a tiempo completo, y de quien tanto aprendí en estos años.

Voy a elegir esta foto, Delia, para el libro que publicaré, tomada hace un mes en la Casa de la Memoria del Nono Lizaso. Foto que ayer, a horas de tu final, tuviste sin embargo la enorme generosidad de postear en esta red, a raíz de mi cumpleaños, acompañadas de unas líneas tuyas tan hondas que ahora, por pudor, prefiero guardarme en el corazón.

HR.

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