A propósito del aniversario del nacimiento de Eva Duarte de Perón, Evita, que el último 7 de mayo recordó y homenajeó la mayor parte del peronismo; nuestro columnista, Andrés Pavón, referente y militante del espacio, relata la experiencia de varios niños, entr ellos dos: su tía Eleuteria y el “negro” Pavón (en el futuro su padre, parece ser, aunque él no lo aclara) en la lejana, para nosotros desde acá en el Conurbano norte, tierra de Misiones, hace 70 años.

Por Andrés Pavón*

Pavón

Corría el año 1948. Era un medio día muy caluroso, en Misiones. Los niños aguardaban, a la vera del camino, que llegaran las visitas de Buenos Aires. Eran alumnos, la mayoría de la cultura ” Guaraní-ava”, de una escuela “choza” en medio de la selva.

Los únicos que llevaban guardapolvo eran los docentes. Vestidos con harapos, descalzos, y en algunos casos con alpargatas “bigotudas”, aguardaban los niños. Por ese camino, llegarían “regalos” les habían contado sus maestros.

Lejos una nube colorada anunciaba la llegada de los “porteños”. Eran dos camiones. Y no eran las “chatas” de la oligarquía yerbatera, que al inicio de cada campaña los retiraban para ser explotados (junto a sus padres) en los “yerbatales”. No. No eran.

Camiones llenos de amor wikipedia
Evita (foto wikipedia)

Estos camiones lo que traían era AMOR ¿Amor? Si. Bajo la lona de los camiones había amor. Las ramas rayaban las lonas en el sinuoso sendero a la escuela. Los camiones estaban llenos de amor.

Los niños corrían, en silencio. Sus ojos brillantes develaban asombro. Todos formaron fila, en el desnudo y colorado patio, donde también estaban dispuestos en fila, los viejos y rústicos pupitres.

Choferes y acompañantes comenzaron a bajar los “regalos”. Ayudaban es esa tarea los niños más grandes, entre ellos ” el negro” Pavón. Primero, los brillantes pupitres y sillas, luego el pesado escritorio, la biblioteca, cuadernos, libros, lapices y…colores.

Nadie antes había conocido los lápices de colores (las “pinturitas”). Bajaron, también, luego, grandes y pesadas cajas que eran apiladas sobre los nuevos pupitres; esas, por el momento, quedaron allí cerradas.

El segundo camión traía herramientas. Con las herramientas los sábados se les enseñaría costura a las niñas; y oficios, como carpintería y panadería, a los niños. Cuando el sol se iba ocultando, abrieron las grandes y pesadas cajas.

Las docentes comenzaron a repartir blancos e inmaculados guardapolvos, que inmediatamente fueron estrenados. Y la sorpresa final: calzados y muñecas para las niñas (sus primeras muñecas). Me imagino la cara de la niña Eleuteria Pavón, mi tía.

A los varones, además,  zapatillas (las “Champion”), camisetas de fútbol del club preferido y pelotas de cuero ¿Se entiende ahora? Hasta allí llegaba el AMOR de la Señora María Eva Duarte de Perón. La limosna se había transformado en amor y la necesidad en un derecho. Gracias Evita.

* militante y referente del peronismo de San Martín
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