Por Selva Jiménez*

San Isidro Selva Jiménez

Situación que me paso hoy: salgo de trabajar y voy caminando a tomar el bondi para ir a buscar a Lolin, que estaba con el León. Iba lo más pancha, caminando por Fleming (en Martínez. Yo iba desde José Ingenieros en sentido hacia el hipódromo), con los auriculares puestos escuchando por segunda vez un mensaje de mi amiga Bichu, para respondérselo.

Resulta que a la altura de Edison están arreglando algo (al parecer son arreglos de Edenor, pero no estoy segura) entonces las veredas de una mano están llenas de trabajadores, escombros y demás. Yo iba por la vereda de enfrente. Hasta acá todo piola. Pero me doy cuenta de que, a mi lado, iba despacio (por el transito, quiero creer) un camión de la obra antes mencionada,  lleno de trabajadores, hombres.

Yo, trabajadora, mujer, iba sola. Eran las 15.40 aproximadamente. La calle estaba llena de gente. Los muchachos desde el camión me decían cosas. Me saqué los auriculares porque no escuchaba y mi parte ingenua pensó: “Quizás se me cayó algo y me están avisando” (soy distraída y muy despistada y he perdido muchas cosas, muchas veces, en la calle). Y no…no me avisaban nada. Me decían las cosas típicas. Las que nos dicen siempre a las mujeres de todas las edades. No las voy a repetir acá.

San Isidro Selva Jiménez 3 (Foto ONU Mujeres)
Foto ONU Mujeres

Me enojé, claro. Y les contesté, claro. Y el camión aceleró un poquito porque había cambiado el semáforo. Cuando se alejan (un poco, porque no iban lejos) uno de ellos me saluda con la mano. Yo les seguía contestando más enojada por ese saludo sobrador. Y él me seguía saludando. Y me enoje más. Por ese saludo soberbio de macho, como dejando en claro que todos ellos podían decirme a mí, lo que quisieran, porque si, porque eran muchos y yo era una sola. Y ellos hombres y yo mujer. Y me enoje más.

Y se me vinieron encima años y años de caminar por la calle y escuchar groserías; de ir caminando con mi hija y que me digan “Hola Mami” con voz de pajero asqueroso (siempre contesté, eso si, y más desde que tengo a Lola). Se me vino encima mi amiga, de la secundaria, contando como una vez un tipo se bajó de un auto, le toco el culo y se fue. Y un montón de situaciones parecidas más. Y me enojé más.

Y me acordé de que una cuadra atrás había visto un patrullero. Y volví. Y le dije a la mujer policía lo que había pasado. Me miró fijo y me dijo: “En Provincia todavía no está homologada la Ley de Acoso Callejero pero esto no lo vamos a dejar así: Vamos”. Se subió al patrullero con su compañero hombre policía. Yo me fui caminando porque ellos iban a tardar un toque más en dar la vuelta. Llegué antes que ellos al camión que seguía estacionado mientras los trabajadores se iban bajando. Seguía enojada.

Y les dije: “A ver, me repiten lo que me dijeron antes. Vamos, de a uno: diganmé”. Me miraban como si estuviera loca. Y el que me había saludado se reía. Les avisé que estaba llegando el patrullero y me dijeron que me calmara, que “no era para tanto”. Pero si. Era para tanto y para poco. Mierda, porque me inflaron los ovarios loco. Llegó el patrullero. Les preguntaron a ellos y a mí que había pasado. Ellos minimizaron la situación y yo me seguía enojando. No me da orgullo decirlo, pero cuando yo me enojo, me enojo mucho. Y me seguía enojando cada vez más.

La mujer policía me dijo: “Tenés derecho a hacer la denuncia ¿Querés hacerla?”. Y le dije que sí. “Yo me estoy por recibir de Trabajadora Social y soy feminista. Vamos a tomarte los datos y nos vamos a la comisaria” me dijo ella. El policía hombre me explicó que no podían llevarse a todos los que estaban en el camión, pero como yo había señalado al “gracioso” que me había saludado con todo su machismo al palo, iban a asentar la denuncia en el.

San Isidro Selva Jiménez (Foto ONU Mujeres)
Foto ONU Mujeres

El policía hombre le preguntó al capo que me había saludado si me conocía, y el tipo le empezó a decir “No, pero bueno… era nada más que un…”. El policía lo frenó en seco: “Si no la conoces, explícame para que la saludas” le dijo. Al tipo le tembló la voz y se quedó callado. El fue en un patrullero. Yo en otro. Y nos llevaron a la comisaría. A esta altura ya me sentía un poco mal; y pensaba “Quizá el tipo estaba terminando de trabajar y se quiere ir a su casa con su mujer y sus hijos”…Pero me di cuenta de que yo también estaba yéndome de mi trabajo, a buscar a mi hija, para ir a mi casa. Y dejé de sentirme mal. Es una MIERDA ir por la calle y que te digan cosas que no querés escuchar, que a veces te asustan, otras te dan asco y otras te enojan.

Y también discutí brevemente con otra oficial que me dijo: “Típico de obreros”. Le conteste: “No. Esta no es una cuestión de clase. Si tuvieran traje y corbata hubiera hecho lo mismo. Es una cuestión de género”. No grite mucho, ni los insulte mucho tampoco, ni atine a pegarles. Fui a la comisaria e hice la denuncia. Cuando me fui, el gracioso que me había saludado, esperaba su turno para declarar. No lo iban a meter preso, ni yo quería que eso pase (pregunté antes de irme). Pero antes de volver a gritarle algo a una mujer, solo o en compañía, lo va a pensar dos veces, el gracioso y todos los capos que me bardearon desde arriba de un camión.

* Actriz del grupo teatral Trillados, de la Zona Norte