Por Carolina Sofía Ibarra*

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El feminismo es algo hermoso. Empoderador. Un antes y un después en la vida de la mujer.

No tiene nada que ver con querer asesinar hombres, ni defender asesinas de hombres, ni odiar a los hombres, ni no dejar opinar o participar de estas luchas a los hombres.

El feminismo en el que creo, y del que soy parte, tiene como enemigo a algo más enorme que al hombre y entiende que ese enemigo puede incluso ser una mujer.

El feminismo en el que creo ama al hombre que cuestiona sus privilegios; ama compartir momentos, hacer el amor, cocinar un guiso y lavar una camisa para su compañero, así como para una amiga o una sobrina o tus viejos. Ama que su compañero también cocine o le haga un te cuando le duelen los ovarios.

El feminismo del que formo parte se depila o no, y no por eso es más o menos nada porque pone la energía en conquistar derechos e intentar sentarse a discutir donde se toman las decisiones de poder.

El feminismo que me gusta cree en el amor sano. Ni “serio”, para encubrir sometimientos, ni “libre” cuando la libertad es cagarse en la dignidad del que tenes al lado. Libertad es otra cosa. Libertad es ser sanos y respetuosos de lo que se pacta.

El feminismo que me gusta no cuestiona más que a quienes abusan del poder. Sean personas o instituciones.

No entiendo a nadie que se vaya al pasto en nombre de esta lucha que no empezó hace tres años, ni va a terminar mañana.

No entiendo a nadie que me diga que “aguante matar a los tipos”.

El feminismo que me gusta es feminismo.

Para hembrismo las dejo a ustedes.

* Militante política y delegada gremial de SECASFPI – Sindicato de ANSES
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