El proyecto de Ley 1664-J-18, que en la CABA amenaza el trabajo al aire libre de los artistas llamados “callejeros” pone en guardia a toda la comunidad, de aquel y de este lado de la Gral. Paz. No son pocos los artistas. Son muchos. Y tener como escenario “la calle” da recursos y experiencias particulares tan efectivas y válidas como las de la sala. En esta entrevista la artista, Luciana Álvarez, fundadora junto a su colega, Juan Hueso, de Pajarera, Atelier de Circo y Artes Escénicas, aporta sobre la cuestión, y obviamente, sobre el arte.

Por Celeste Gómez Wagner*

foto celeste gomez wagner periodista

Un malabarista lanza y atrapa aros en el semáforo, el freestyle del tren, el payaso en la plaza, el mago de la esquina, el bandoneonista del pasillo del subte, los músicos en las peatonales… Postales del folclore del área metropolitana que podrían quedar en el pasado ¿Qué pasa con el arte callejero, y cuál es la situación en la zona norte?

La Pajarera Circo aire
Pajarera Atelier, espectáculos creativos con entrada gratuita y salida “a la gorra”

El arte callejero siempre llenó de música y alegría las calles agobiadas de cualquier ciudad. Si bien no faltó quien lo viera como una “molestia”, la discusión que se está dando actualmente en la CABA tiene otra característica menos subjetiva. Implica considerar a nivel público y estatal, al arte callejero, como un “delito”.

El proyecto de Ley 1664-J-18 enviado por el Gobierno de la Ciudad a la Legislatura Porteña plantea la reforma del actual código contravencional; si se aprueba, la normativa penalizará, con multas y detenciones, por igual, a los artistas callejeros y a los trabajadores independientes; lo cual traerá consigo la criminalización de la cultura.

Las denuncias “anónimas”, la penalización de “ruidos molestos” y la asignación de “todas las facultades de accionar” a la policía son algunas de las modificaciones que trae como “yapa” el polémico proyecto. El proyecto generó gran revuelo en los colectivos de artistas, que han salido a la calle para hacerse oír y defender su trabajo.

El espacio público, más que nunca, es campo de batalla simbólica. La onda expansiva llega a la zona norte, y más a uno de sus nodos culturales más populares: Munro, en Vicente López, donde el municipio comparte con la CABA mucho más que límites geográficos, pues sus gobernantes son del mismo espacio político.

La PajarLa Pajarera Circo grupoera

En Maquinista Carregal 3036, a metros de la Avenida Mitre, en Munro se levantó a pulmón Pajarera, Atelier de Circo y Artes Escénicas; un lugar nacido del arte callejero que naturalmente impulsa arte independiente e itinerante.

Luciana Álvarez, artista, trapecista, fundadora del Atelier, con Juan Hueso, humorista físico, músico y equilibrista, crearon y transformaron el espacio con sus propias manos. En esta entrevista  Luciana habla sobre el arte, dentro y fuera de la zona norte.

¿Cómo ves actualmente el trabajo del artista?                                                                             L: Es muy difícil, sobre todo en la calle. El arte no está entre los valores que más se protegen con políticas de Estado. Sin embargo, la Argentina es cuna de artistas muy talentosos que han triunfado en el exterior. Ganadores de festivales, de premios, de concursos en todo el mundo: en Brasil, Japón, Europa. Acá tal vez trabajan a la gorra y no se les da el lugar que se merecen. En otros lugares se valora mucho más el arte callejero, sobre todo al sudamericano, porque se arregla con poco y no necesita ni grúas ni fuegos artificiales. Quizás dos personas con una maleta te hacen reír y emocionar más que cualquiera. Y eso se aprende en la escuela de la calle…que también es una escuela. La práctica del arte en la calle, sumado a la formación artística, muchas veces es igual a espectáculos de gran calidad. También es real que, por falta de verdaderas políticas económicas, sociales y culturales de integración, el escenario de la calle es el primer lugar para buscarse el mango, y en muchos casos, sin vocación artística de fondo y menos que menos, formación, se corre riesgo de que se bastardee el género.  Pero el público no es tonto: sabe diferenciar. Por otro lado, el Estado tiene que generar políticas para que el arte callejero no sea una opción “porque no te queda otra”.

Sin título¿Y la situación del arte en zona norte?                   L: Hay propuestas muy interesantes. Por un lado, hay artistas muy buenos, con amplia trayectoria, números y espectáculos de calidad: Humoristas, payasos, trapecistas, magos, actores y actrices…Por otro lado, un semillero de artistas nuevos, estudiantes muy entusiasmados con el circo y las artes de escena. Acá, en Pajarera Circo, nosotros trajimos, por ejemplo, el primer trapecio a vuelo en zona norte; fue un lujo; sólo hay unas pocas escuelas de circo que tienen esta actividad en Buenos Aires y en todo el país.

¿Por qué tantos buenos artistas no llegan a ser conocidos?                                                                            L: A veces el problema pasa por no tener “un nombre conocido”.  Eso no es más que cuestión de marketing, de poder tener recursos para invertir en publicidad. Hay cierta injusticia en cuanto a la valoración del arte. Hay artistas muy talentosos que no llegan a ser conocidos sólo por no contar con esa posibilidad; esto pasa con todo el arte en general. Detrás del arte callejero, en muchos casos, hay mucho trabajo artesanal, de entrenamiento, mantención, mucha inversión de energía, de dinero en materiales de producción; mucho pero mucho corazón y pulmón.

¿Qué creés que hace falta para mejorar la situación del arte callejero?                               L: Lo primero son las políticas de Estado. En la CABA, que se detenga el avance de la modificación del código y se empiece a valorar un poco más a los artistas con leyes que los protejan. Hay que diferenciar al artista callejero de los otros trabajadores de la calle. Hablar de trabajadores de la calle es algo muy amplio. El riesgo es que se meta en la misma bolsa a vendedores ambulantes, trabajadores sexuales, a los semaforistas y artistas callejeros. La calle es un espacio muy heterogéneo, abarca múltiples posibilidades. Está bueno reglamentar con políticas de inclusión a todos estos trabajadores. Es importante diferenciar a los artistas que poseen formación y una obra que comparten con el público de la calle. Cirqueros, teatristas, músicos que eligen hacer arte para todo público (para los que pueden y los que no pueden pagar entrada). Hay una opción ideológica. No pueden llevarte preso arbitrariamente por una llamada anónima que dice “están haciendo disturbios en la vía pública” . . . ¿Molestia para quién? ¿Según quién?  Eso es lo que quieren hacer con el nuevo código.

¿Faltan propuestas?                                                                                                                                             L: En lo que al arte respecta, sé que existe un proyecto de ley de “protección y fomento de la actividad cultural en la vía pública” muy piola. Cito un párrafo: “Es común que en nuestra ciudad se organicen eventos culturales en el espacio público auspiciados u organizados por empresas privadas que buscan promocionarse. En ellos, el arte se reduce a una herramienta de marketing y el público espectador a cliente. Paradójicamente, la actividad de los artistas callejeros se ve coartada por políticas públicas que les son hostiles. La ambigüedad de la normativa vigente sobre esta actividad da lugar al accionar arbitrario de la autoridad. Reparar esta ambigüedad con una ley clara se vuelve tanto más necesario en tanto que en los últimos tiempos han existido denuncias de persecuciones a grupos de música callejeros.”

¿Los artistas tienen propuestas?                                                                                                            L: Exigimos políticas de protección de la cultura callejera, que tiene una riqueza de muchísimos años, que viene desde los juglares de la Edad Media. Imaginate si el Estado crea festivales de arte callejero a lo largo del país, como existen actualmente circuitos en Europa. Incentivar a que los municipios contraten a sus artistas locales. Hacer un buen relevamiento del “under”.  Hay que fomentar a los grupos pequeños, que se esfuerzan mucho y son de calidad. Hay que erradicar esa idea de que quien “no tiene nombre” tiene un mal espectáculo, en muchos casos no es así. Y ese cambio también se va a dar gracias al apoyo del público. A que la gente te vea actuar y después comparta tus fechas en las redes sociales porque le encantó lo que hiciste, porque sus hijos no paran de cantar el tema “que cantaban los payasos en el show”. Nosotros como Pajarera Circo, propiciamos algo que está en extinción: buenos espectáculos a la gorra. Hay muchos centros culturales barriales que se esfuerzan y mantienen una propuesta interesante y de bajo presupuesto en la zona norte, no solo en Munro.

¿Qué es lo mejor que tiene el arte callejero?                                                                                       L: La calle es mágica porque podés tener, al mismo tiempo, en un ruedo, a alguien que vive en la calle, a un vecino que pasó por ahí y a alguien que baja de un auto re lujoso en otra sintonía. Todos están ahí, comparten ese momento y se ríen de lo mismo. El arte en la calle permite la convivencia del que tiene y del que no. Nosotros queremos fomentar esa convivencia. Por eso este año mantenemos la gorra consciente, para que puedan venir todos y disfrutar de los espectáculos de calidad que podemos programar con tanto esfuerzo y dedicación. Eso habla de nosotros también. Somos luchadores, y esa lucha también se ve desde y en el arte. Por eso la defendemos.

*periodista, comunicadora social