Por Pablo Muttini*

Pablo Muttini

El senador nos pide ser “tolerantes” frente al tema del aborto. Lamento desilusionarlo pero los católicos no estamos llamados a ser tolerantes; todo lo contrario. Nuestro modelo de humanidad es uno, perfeccionado, explicitado y propuesto por Jesucristo, que lejos de ser tolerante mostró con cada gesto una absoluta intolerancia frente a todo lo que dañaba o atentaba contra la vida.

La propuesta de Jesús no es la tolerancia sino la misericordia. La tolerancia no evita el sufrimiento, mientras que la misericordia es el alma del gesto que restituye o repara. Jesús fue radicalmente intolerante frente al pecado (entendido como todo aquello que daña o pone en riesgo la vida, la libertad, la humanidad). Distinta fue su postura frente al pecador, al herido, al equivocado. Allí, también de forma incomprensible para quienes lo veían actuar, él nos mostró y propuso la vocación inclaudicable de Dios por el perdón.

Nunca confundió pecado con pecador. Y se quedan cortos si creen que somos solo intolerantes con el aborto; lo cierto es que hay muchas cosas más que no toleramos y que deberíamos tolerar menos, la cuestión es cómo reaccionamos frente a lo no tolerado. Aquí, algunos ejemplos:

Frente al hambre, abrimos nuestras mesas para dar de comer.  Frente al frío y la desprotección, repartimos y damos abrigo. Frente a la soledad que mata, acompañamos, estamos, contenemos. Frente al aislamiento, proponemos comunidad.

Frente al individualismo, entrega y servicio. Frente la injusticia, denunciamos y trabajamos para construir un mundo con más oportunidades. Frente a la ignorancia que discrimina, creamos y gestionamos obras educativas en cada rincón del mundo.

Frente flagelo de la droga, creamos y sostenemos ámbitos de contención y recuperación. Frente a la pérdida de sentido de la vida, seguimos anunciando la Buena Noticia…Y la lista puede cómodamente continuar. Porque somos tan intolerantes con la muerte que no nos podemos quedar ni callados ni quietos cuando vemos que ella pretende triunfar.

En este contexto se pueden comprender las palabras del Papa Francisco cuando nos propone ser una Iglesia-hospital de campaña: estamos en el campo de batalla, tenemos una participación activa, pero con una diferencia: nosotros tenemos un solo bando y ese es, el bando de la vida. Es cierto, somos intolerantes.  Tan intolerantes frente a lo que hiere que no nos podemos -no debemos – quedar ni callados ni quietos.

*Diácono Permanente – Diócesis de San Isidro.  Cuasi Parroquia Ntra. Sra. de la Unidad

 

Anuncios