Al columnista Andrés Pavón le sorprendió que mientras en el país una huelga general conseguía alto acatamiento entre trabajadores formales y de la economía popular, con alta adhesión de cámaras de pequeños y medianos empresarios, y ese mismo día renunciaba el tercer presidente del Banco Central de la gestión, a los tres meses de haber sido nombrado, el presidente de la nación estaba en el exterior, ajeno aparentemente a la situación. Entonces le vino a la mente la clasificación de Angelo Panebianco sobre el partido profesional electoral, y otros análisis de Ronald Inglehart sobre modelos de partidos.

Por Andrés Pavón*

Andrés Pavón

El partido profesional electoral en el gobierno trata de crear división o vacío de identidades colectivas, de agravar la crisis de identidad de los partidos políticos tradicionales y del sistema todo. En los partidos tradicionales los lideres mantienen los lazos que les unen a los afiliados, a través de los cuales se vinculan con el grupo social de referencia. El partido profesional electoral, en cambio, aparta a los ciudadanos del dirigente y los primeros adoptan posturas anti-convencionales como el voto protesta (en contra "de"), en blanco, la abstención, el voto a listas alternativas (al partido moda); y se alimenta que el ciudadano se aleje de la política.

El espacio político se modifica. La grieta, o división de lazos entre los líderes y la ciudadanía, se manifiesta también en los grupos sociales, instituciones, partidos (como lo hemos observado en el debate del proyecto de ley de interrupción del embarazo), y en distintos sectores que parecían infranqueables. El gobierno promueve cambios en la composición de la clase obrera y a la grieta suma la estigmatización de los trabajadores (los empleados públicos "son grasa militante"; los maestros “hacen política"; "hay que dinamitar el Astillero Río Santiago", los pobres “no van a la universidad" y otras innumerables manifestaciones).

Todas estas situaciones crean un vacío de identidades colectivas, alimentan la grieta política-antipolítica, decae la función social y expresiva de los partidos tradicionales y aumenta gravemente la crisis de legitimidad del sistema político. El Estado, como "arena política" se convierte en un espacio multidimensional, donde priman los reclamos y reivindicaciones de las grandes corporaciones, los grupos de interés. Todo lo cual desemboca en una crisis de ingobernabilidad que se va acentuando cada vez más. Y el elector se hace más independiente (atrás ha quedado el "de la cuna a la tumba"), más autónomo, pero también más solo, desorientado, expuesto a las presiones de la oligarquía...Pero sobre todo: más controlable.

*Militante y referente del peronismo de San Martín