Esta semana los vecinos de las calles lindantes a las obras del túnel Sarratea, en Boulogne, en el límite entre San Isido y San Martín manifestaron para reclamar que el túnel se termine de una vez por todas. La zona esta cortada al tránsito, el obrador no tiene el movimiento de una obra en marcha, la situación incomoda a la vecindad. Federico Cano es un referente del Partido Obrero local, y Juan Linarello milita en el espacio pero además es vecino de la zona y un motor de los reclamos. En esta nota exponen su parecer sobre la obra y aportan información. La nota apareció en el periódico partidario Prensa Obrera del 15 de enero último. 

Por Federico Cano y Juan Linarello*

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En mayo de 2017 se anunció el comienzo de la construcción del nuevo paso bajo nivel sobre Avenida Sarratea y las vías del Ferrocarril General Belgrano Norte. Esta avenida divide los partidos de San Isidro y San Martín. La obra fue planificada con fondos provinciales y la licitación estaría a cargo del municipio sanisidrense. Al día de hoy la obra se encuentra en estado de total abandono, habiendo dejado en esta arteria fundamental de cientos de familias trabajadoras una legua de tierra, fierros y basura.

A pesar de los esfuerzos de la gobernadora María Eugenia Vidal por mostrar la obra pública como su “caballito de batalla” y del intendente de San Isidro, Gustavo Posse, por simular que la obra avanzaba, la realidad supera cualquier construcción mediática.

Las consecuencias del cese de las obras, que implica un desfalco de los fondos públicos presupuestado, son muchísimas y de extrema gravedad para la población de los distritos lindantes. Muchos comerciantes de ambos municipios cerraron sus puertas y quedaron sin empleo gran cantidad de trabajadores y trabajadoras de esos locales. Preocupa muchísimo el aumento de la inseguridad en un cruce que no posee luminaria ni señalización: no sólo aumentaron las denuncias de robos, sino, tremendamente, los acosos a mujeres, especialmente las más jóvenes.

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Los pozos y zanjas sin cubrir, los fierros sueltos y los múltiples desniveles generan una zona de alta insalubridad (criadero de mosquitos y ratas, polvillo constante de la obra), que golpea la vida de niños, ancianos y personas con movilidad reducida.

Fue el intendente Posse el que prometió finalizarla para julio de 2018. A fines de 2018, en una de sus últimas visitas, admitió hipócritamente el atraso frente a los vecinos, y señaló que se deberá relicitar por ajustes inflacionarios y que recién para julio de 2019 podría terminarse. Un breve recorrido desnuda la corruptela: la obra se licitó en febrero de 2017 por $ 165.720.559,95 a Centro Construcciones SA con una ampliación presupuestaria de $ 65.640.814,05 dos meses después (ver boletín oficial Nº 972 y 976 de la Municipalidad de San Isidro). El nuevo cálculo, teniendo en cuenta una inflación que no puede bajarse del 45%, arrojará una nueva cifra millonaria.

La indignación crece entre los vecinos. Posse además de no responder a los pedidos de informes sobre la obra, habla de relicitar pero no menciona que Vidal tiene endeudada la provincia de Buenos Aires por 69 mil millones de pesos, pero el 75% de dicha deuda es a valor dólar.

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El presupuesto 2019 de la provincia de Buenos Aires reconfirma un horizonte de ajuste digitado por el FMI para beneficiar a los grandes grupos capitalistas en perjuicio del pueblo trabajador. El objetivo del gobierno es pagar la deuda usuraria. El abandono de las obras en Sarratea es un ejemplo en un extenso collar. La precarización a la que son sometidos los vecinos es consecuencia de un sistema político que sostiene a toda costa el beneficio a los grandes grupos económicos de la especulación inmobiliaria.

¿Cómo nos organizamos?

En San Isidro, se desarrolla una amplia coordinación de conflictos históricos contra los capitalistas de la construcción y el espacio público. Allí están la lucha contra la venta del Viejo Hospital, la defensa del predio nacional de Obras Sanitarias (hoy en litigio judicial entre el AABE –Agencia de Administración de Bienes del Estado- y Cencosud, la empresa que se benefició con un escandaloso acuerdo durante el menemismo, que se mantuvo sin tocar), la venta del predio de Thames y Panamericana (donde operó un centro clandestino de tortura durante la última dictadura), y la activa y movilizada lucha en defensa del Golf de Villa Adelina.

A estas reivindicaciones, deben sumarse los vecinos de los barrios más desprotegidos, como La Cava, que sufren las más catastróficas consecuencias de esta política de especulación. Desde el Partido Obrero impulsamos el desarrollo de asambleas en Bajo Boulogne exigiendo la inmediata finalización de la obra de la avenida Sarratea. Deben abrirse los libros de las empresas constructoras y financiarse las obras con un impuesto a los grandes grupos económicos que operan en nuestro distrito. 

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Pero la lucha contra la desidia en Boulogne no debe quedar aislada y debe comprenderse en el cuadro más general de la política del gobierno municipal, acorde con los intereses y exigencias de Vidal y Macri. Por eso, su reivindicación debe empalmarse con las de defensa del espacio público, contra la especulación inmobiliaria y por un plan de viviendas y urbanización bajo control de los vecinos, ofreciendo trabajo a los desocupados de los municipios.

* Federico Cano, referente del Partido Obrero (PO) San Isidro, Juan Linarello, vecino de Boulogne, activista por la construcción del Túnel Sarratea, militante del PO San Isidro. Nota aparecida en el periódico partidario Prensa Obrera el 15 de enero último. 

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