El abogado, Juan José Prado, recuerda el neoliberalimo de los ´90, advierte sobre lo cerca que se mueven, en nuestra sociedad, la política y el autoritarimo, critica la cesión que el poder político ha realizado en beneficio del poder financiero y propone volver a pensar en el Estado de bienestar, en lugar de seguir apostando al mercado.

Por Juan José Prado*

Juan José Prado

Nuestro país se ha caracterizado por hacer de la política una tarea de imitación, de las malas. Haber imitado parcialmente, acentuando los defectos de los imitados y profundizado lo malo.

En materia política unimos esa característica a la violencia para imponer las nuevas imitaciones del poder, porque no concebimos la política sin autoritarismo. Siempre está presente la figura del gobernador propietario, aunque puede que no sea exclusivo de nuestro país, puesto que en toda Latinoamérica se pudo advertir esta característica.

En un artículo anterior señalábamos que llega la globalización a América Latina de la mano del gerente ordenador (EE.UU. de la mano del Fondo Monetario Internacional), para imponer sus políticas a los sumisos y dependientes mandatarios locales, entre los que se cuentan argentinos. Estos aplican las directivas mediante la violencia, actualmente, Bullrich, Larreta, Santilli, como apellidos ilustrativos.

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Ilustración Jorge Meiji Meijide

Primero crear el temor. Se nos atemorizó, y se extendió el temor por toda la sociedad. Lo experimentamos en el año 1989, con el denominado “asalto al poder”. Lo hicieron efectivo quienes criticaron el período 1983-89 no respetando las reglas impuestas desde la gerencia exterior, ¿Cuáles reglas? Las que imponían romper con el estado bienestar.

Esta situación se volvió a repetir en 2001 y se reitera mediante las urnas en 20l5. Se crean condiciones que lo hacen posible, por aquellos que se oponen a un cambio armónico y paulatino del Estado Protector. Para ello, con la utilización mediática, se conforma un estado de conciencia que acepta sin pensar los modos y los instrumentos del denominado cambio de estructura del Estado.

La actividad mediática ha permitido machacar en la conciencia social que todas las culpas que aquejan a nuestra economía se deben a la “corrupción”. El haber regalado “salarios altos”, “planes previsionales” y “asignación universal para paliar la exclusión social”, propia del capitalismo y en especial por el influjo de la tecnología. Lo malo en todo esto es que las victimas, entre los que se cuentan sindicalistas, pequeños industriales junto a una masa importante de jubilados, se sumaron a la mentira mediática ayudada, por lo que hoy se está aclarando, causas judiciales armadas por un poder judicial corrupto. El combo conformado es ideal para crear un estado de conciencia colectiva que arrastra a la política de entrega de estos tiempos.

Ayer se decía (en 1.999 publicó Prado la primera versión de este artículo) que había que privatizarlo todo. Y la conciencia colectiva lo aprobaba…Y eso se hizo, ante el temor a levantar una opinión contraria a la política de “reducción del Estado”.

Ilustración Jorge Meiji Meijide
Ilustración Jorge Meiji Meijide

Privatizar todo, como sea, a toda velocidad, era la consigna desde el Poder, sin consensuar y con la gran política del negocio financiero, a cargo de los hombres que gestionan el Estado –¿No suena común este razonamiento dado en 1999 con lo que acontece en nuestros días…?-Súbitamente, del todo se hizo la nada. Luego, con una vertiginosidad inusitada, de la protección pasamos al desamparo.

Hoy podemos decir como en la década del ´90 que solo resta que se proceda a la subasta de los “semovientes bípedos con características humanoides que pueblan esta estancia” (la Argentina) y “a la venta como un establecimiento agrícola-ganadero a tranquera cerrada”.

Desde el pueblo hemos subastado el poder, se lo hemos cedido al sector financiero Internacional, que tiene muchas banderas pero no la nuestra. Vivimos una etapa melancólica y nostalgiosa. Pareciera que nuevamente vamos a recordar YPF, Aerolíneas Argentinas, porque ya Gas del Estado es de los amigos del Poder como Edesur y Edenor.

Tomando conciencia colectiva podrá revertirse lo ocurrido, Con la decisión política de recuperar lo perdido, ninguna empresa de Servicios Públicos debería estar exclusivamente en manos de empresas privadas, reguladas por entes corruptos creados por ellas mismas y para ellas.

Como corolario, se impone tener presente la necesidad de que los servicios públicos deben estar en manos del Estado y no entregados a grupos de capital internacional innominado. No cabe duda de que, para ello, es menester que el Pueblo de la Nación Argentina recupere su poder soberano y político en el marco de la Constitución Nacional.

Así podremos lograr el reconocimiento de los derechos fundamentales del hombre, y su dignidad y personalidad hoy pisoteada por la política de mercado. Las tarifas irracionales de servicios públicos -que son sólo un efecto de las causas creadas, y que es necesario encausarlas- son un ejemplo de que tenemos que pensar un nuevo Estado de Bienestar.

Juan José Prado; Abogado, Gran Maestro de la Universidad de Buenos Aires (UBA), ex presidente de la Asociación de Abogados de Buenos Aires.