El columnista, Andrés Pavón, estuvo en Los Toldos, ayer martes 7 de mayo, cuando se cumplieron los 100 años del natalicio de Evita, en esa localidad. No hace falta más que ese nombre de pila, en disminutivo, para nombrar a esa mujer y su obra, entre los argentinos. Ni hace falta tener una ideología determinada para reconocer y saber que tiene un lugar en la historia política, y en la historia de las mujeres. Pavón, que sí tiene experiencia y militancia partidaria, también da cuenta de esto en la nota que le dedica.

Por Andrés Pavón*

Andrés Pavón

Tuve el gusto de acompañar, invitación mediante, a la compañera Magui Gagey y a un numeroso grupo de mujeres dirigentes y militantes del MUPEBO (Mujeres Peronistas Bonaerenses) que ella preside, a Los Toldos, provincia de Buenos Aires. La «Abanderada de los humildes», Evita, Eva Duarte de Perón, nació allí hace 100 años y miles de mujeres (y algunos hombres, me incluyo) se trasladaron hasta allí la tarde-noche anterior.

Los y las que llegaron con nosotros y nosotras a la vigilia, tuvimos la oportunidad de ver un emotivo acto-homenaje a la que fuera la segunda esposa del tres veces presidente de la Nación. La señora Nacha Guevara, nos estremeció hasta las lágrimas cuando canto «No llores por mí Argentina», que compartió escenario con Teresa Parodi, León Gieco, Cristina Benegas, Marilina Ross, Luisa Kuliok, entre otros y otras.

Llegamos aproximadamente a las 18, el Intendente de Gral. Viamonte dispuso un curioso operativo de seguridad que no permitió el ingreso de los micros a la ciudad y los concurrentes tuvimos que caminar una veintena de cuadras para llegar. La pequeña ciudad no pudo albergar a los y las visitantes y muchos nos tuvimos que trasladar hasta Junín distante unos 50 km.

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«La pequeña ciudad no pudo albergar a los y las visitantes y muchos nos tuvimos que trasladar hasta Junín distante unos 50 km»

Alrededor de las 9 de la mañana comenzó a llenarse la Plaza. Pudimos observar la llegada de distintas agrupaciones, en su mayoría compuestas por mujeres, del amplio espectro del movimiento peronista, todas a rendirle un homenaje a la mujer que no solo les había dado el derecho de «elegir y ser elegidas» sino el de ser protagonistas de su destino y el de la patria.

La señora María Eva Duarte de Perón. Amada y odiada con fervor. Querida y maldecida con «el alma». Santa Evita la llamó Tomás Eloy Martínez, y título así su libro sobre ella. Escribieron «viva el cáncer» en una pared, minutos después de que partiera a la eternidad. «Cómo serán las manos, del que las mueve gracias al odio» canta Peteco Carabajal (Las manos de mi madre).

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«Alrededor de las 9 de la mañana comenzó a llenarse la Plaza. Pudimos observar la llegada de distintas agrupaciones, en su mayoría compuestas por mujeres, del amplio espectro del movimiento peronista»

Mujeres peronistas jovencitas, que solo conocieron a Evita por su nombre y su obra, la veneran. Heredaron esa veneración, inconmensurable, de madres y abuelas. Mi madre dejo de vestirse con harapos, después de que la Fundación Evita le entregara una máquina de coser a mi abuela, en pleno monte santiagueño Mi padre pudo ir con guardapolvo, calzado y útiles a la escuela.

Mi eterno agradecimiento compañera Evita. Mi compañera y yo, el que escribe, heredamos el amor que le tenían nuestras madres, padres, abuelas y abuelos. Nuestras hijas, hijos y nietos lo heredarán. Evita vivirá eternamente en el corazón de su pueblo y vamos a lograr construir una patria libre, justa y soberana, que nos cobije a todos y a todas, como ella buscó.

*Militante y referente del peronismo de San Martín
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