El municipio de San Isidro difundió información acerca de la bronqueolitis una infección viral que viene con la llegada de los primeros fríos y suele afectar a niños de hasta dos años, principalmente a bebés. Mediante una comunicación municipal especialistas del Hospital Municipal Materno Infantil de San Isidro dieron recomendaciones de prevención.

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El flyer municipal

Profesionales del Hospital Materno Infantil, de San Isidro, informaron sobre la bronqueolitis, una infección respiratoria, típica de la época invernal, que según los especialistas, afecta principalmente a niños de hasta 2 años. En esta línea el pediatra neumonólogo, Pablo Bodas, explicó: “la dificultad al respirar y la tos persistente pueden ser el primer aviso” de la enfermedad.

Ante esos síntomas –amplió en especialista Bodas– hay que realizar una consulta urgente al pediatra de cabecera, concurrir al centro de salud más cercano o guardia del Hospital. Algunos casos requieren internación; otros, tratamiento ambulatorio”. La comunicación, asimismo, indicó que la principal área afectada por la dolencia “es la de los bronquiolos”.

Luego se especificó: Se llama así porque la principal área afectada que son pequeños conductos por los que circula el aire que respiramos. Con la infección se inflaman y se llenan de secreciones. Los gérmenes que habitualmente producen bronquiolitis son los virus. Es una infección predominantemente viral. El más conocido es el virus sincicial respiratorio (VSR)”.

Medidas de prevención
Evitar contacto con personas resfriadas.
Lavarse las manos con agua y jabón.
Amamantar al niño.
Evitar el humo del cigarrillo, braseros y sahumerios.
Recibir todas las vacunas que indique el médico.
Evitar el hacinamiento.
Ventilar a diario el ambiente donde está el niño.
Desechar los pañuelos usados.
Síntomas:
Mucosidad o congestión nasal, tos y fiebre durante tres días anteriores a la enfermedad.
Respiración acelerada.
Hundimiento de la piel entre las costillas.
Respiración ruidosa y silbido en el pecho por cinco días.

La bronquiolitis suele comenzar con un resfrío, secreciones nasales y congestión.
Vómitos, inapetencia, palidez o coloración azulada de la piel.
Si el niño no puede dormir o lo hace más de lo habitual.
Si rechaza el alimento.