La última jornada de la Semana Social en Mar del Plata inició la mañana del domingo con un debate acerca de las políticas sociales, que reveló un presente complejo para los argentinos, y particularmente para los trabajadores sometidos a un sistema que deshumaniza; la tecnología, que lejos de constituirse como herramienta de bienestar, convierte a la personas en productos que se moldean para el consumo; y el mercado transformado en regulador de las relaciones sociales, con lo cual quedan descartados bastos grupos de la población, entre ellos los jóvenes, las personas con discapacidad y los que no disponen de recursos.

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Dip. nacional Raverta: "la cultura del descarte, no deja lugar para la comunidad ni para el cuidado de la casa común”

La Semana Social en Mar del Plata inició su último tramo con un panel conformado por el ex ministro de Interior y ex ministro de Justicia, Gustavo Beliz, que habló sobre la tecnología y sus implicancias sociales actuales; la diputada nacional, Fernanda Raverta, que criticó la concepción del gobierno acerca de las políticas sociales; y el catedrático, Pablo Narvaja, de la Universidad Nacional de Lanús (UNLA) que propuso una visión no economicista del trabajo.

Narvaja, docente de la UNLA, se refirió a un documento consensuado entre industriales, movimientos sociales, centrales de trabajadores y académicos -“Una patria fundada en la solidaridad y el trabajo”- que se presentó al titular del Episcopado argentino, Mons. Oscar Ojea, que propone una visión no economicista del trabajo -como rubro asimilable a un costo a bajar o eludir-, fundada en su rol social mucho más complejo y referido a la persona.

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Beliz propuso "una visión humanista de la tecnología" en contraposición a la que "nos aturde y nos somete" y "mapea a las personas y sus vidas" para convertirlas en "productos digitales"

"El trabajo es un organizador social" propuso el intelectual y advirtió que cuando pierde su trabajo, la persona no solamente deja de percibir un monto para la manutención propia y familiar sino que se quiebra un andamiaje que contiene un factor de pertenencia, una herramienta de protección personal y familiar y un elemento ordenador de la vida cotidiana para la persona y su familia, más allá del precio que se le asigne por su aporte a la producción.

Narvaja también criticó los modelos economicistas que se justifican por la rentabilidad financiera; y en esta línea sostuvo que un Estado, lejos de propender a la rentabilidad empresaria como su condición de existencia, debe administrar políticas sociales que "transformen las condiciones de vida de la sociedad"; y sostengan al trabajo como "un valor social" preponderante e inclusivo que afianza la vida democrática y comunitaria.

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Narvaja: ""No se puede estudiar con hambre. La educación es importante en la medida que se conecta con un proyecto que se basa en el trabajo y no en la especulación financiera”

Sobre los discursos que sitúan la educación como base del progreso individual, el catedrático fue lapidario. "No se puede estudiar con hambre. La educación es importante en la medida que se conecta con un proyecto que se basa en el trabajo y no en la especulación financiera”, porque son los trabajadores los que crean la riqueza del país. La educación, de esta manera, se transforma en una herramienta de la promoción humana.

La diputada Raverta advirtió que "la cultura del descarte, no deja lugar para la comunidad ni para el cuidado de la casa común”.tras pasar revista por una serie de situaciones que jaquean a la sociedad marplatense, pero el auditorio de varios puntos del país, indudablemente, bien las pudo reconocer en sus propios territorios: desempleo, falta de acceso a la alimentación, a la salud y a la educación de los sectores más vulnerables, entre ellos los jóvenes.

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Mons. Fernando Maletti ponderó la dimensión social del trabajo y su rol en la creación de la dignidad humana

Beliz propuso "una visión humanista de la tecnología" en contraposición a la que "nos aturde y nos somete" y "mapea a las personas y sus vidas" para convertirlas en "productos digitales" a través de la comercialización de sus datos. Asimismo, advirtió sobre el vértigo de la telefonía celular y la comunicación digital, que nada más apunta a "manipular nuestro comportamiento y emociones" en lugar de "mejorar las condiciones del trabajo".

Cada uno de los tres oradores, hay que reconocerlo, en algún punto de su alocución, tuvo en cuenta palabras, visiones, exhortaciones del Papa Francisco. Al reflexionar sobre las ponencias, Mons. Fernando Maletti ponderó la dimensión social del trabajo y su rol en la creación de la dignidad humana. Consideró que la economía debe estar subordinada a la política y no la inversa pero además, que el destinatario de las políticas públicas debe ser el pueblo. Gustavo Camps

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