El Abuela de Plaza de Mayo, Delia Giovasnola, fue a votar como le corresponde por derecho y por compromiso a una mujer que luchó por la democracia que tenemos. Esta democracia en parte es de ella. En esta columna, Héctor Rodriguez, relata, como el solamente es capaz de hacerlo, una anécdota alrededor de la vecina ilustre de San Martín, su nieto restituido, Martín, y la mesa donde le tocó votar en Villa Ballester. 

Por Héctor Rodríguez*

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Creo que no todo ocurre en la vida por casualidad. Delia Giovanola, a sus 93 años, se vistió elegante, se puso un collar precioso y como lo viene haciendo desde que se recuperó la democracia, fue a votar. Lo hizo en la Escuela de Comercio de Villa Ballester. Luego de depositar el sobre en la urna, recibió un mensaje en su celular. “¡Abuela, no lo puedo creer! ¿Es verdad que votaste en la Mesa 118?”, le dice Martín por teléfono, tras recibir la imagen enviada por Delia.

“Ahí caí en la cuenta, Héctor, es increíble —me dice con la voz a punto de quebrarse—. Había llevado el número de mesa anotado en un papelito, pero no reparé en eso. Me conmovió mucho. Es que noto la presencia de Vicky tan cerca mío —su otra nieta, que ya partió—. Ella estuvo conmigo. Estoy muy emocionada.” Conozco a Delia desde hace años. Muchas veces hablé a solas con ella. Nunca la vi tan estremecida. Martín es el Nieto N° 118. 

*Militante de la Comisión Barrios por la Memoria Zona Norte
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