La quinta isleña, El Silencio, en el delta sanfernandino, donde los represores de la última dictadura cívico militar escondieron a alrededor de 40 secuestrados y en cautiverio en la ex ESMA, para que no los encuentre una inspección oficial de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, entre agosto y setiembre de 1979, fue señalizada por la a Dirección Nacional de Sitios de Memoria, con la participación de ex detenidos que sobrevivieron, organismos de derechos humanos de la región y las áreas de Derechos Humanos de Tigre y de San Fernando.

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De derecha a izquierda: Angel Strazzeri (71); Osvaldo Barros (71) y Susana Leiracha -que ya por entonces eran pareja-; Alfredo Mantecol Ayala (65); Carlos Muñoz; Leonardo Bichi Martínez (65); Iris Avellaneda -que no es del grupo de El Silencio, pero si víctima de la dictadura- y Víctor Fatala (67) -hermano del ex legislador porteño, Rubén Fatala

"Esperamos 40 años...No hay problema" dijo Angel Strazzeri (71) cuando las dos lanchas llegaron a la quinta "El Silencio", en el arroyo Tuyuparé, cerca del Paraná Miní, pero no se desembarcaba pues no aparecía la llave del muelle, hasta que luego apareció. En el predio de la quinta esperaba también, para señalizar el lugar como "Sitio de la memoria", un cartel metálico, al frente de la propiedad que actualmente es privada, y relata lo que fue la quinta.

En rigor hubo otras visitas de las víctimas a la quinta, una de ellas con jueces y funcionarios judiciales en una inspección ocular en 2015. Algunos como Enrique Fukman o Mario Bigatti, ya no están; otros, como Víctor Basterra no pudieron ir esta vez, pero la fuerza por pedir que haya justicia, y el dar a conocer los hechos, está intacta, incluso cuando los recuerdos vienen con las emociones y es necesario parar un comentario, dejar que una mirada se fije.

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el frente de la quinta El Silencio desde el río

Allí, en la 3era. sección de islas de San Fernando, en setiembre de 1979, la dictadura cívico militar escondió a prisioneros ilegales, que originariamente estaban en la ex ESMA, para que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que había venido al país a inspeccionar y tomar denuncias de víctimas del genocidio, no los descubra. Allí los mantuvieron, en las mismas aberrantes condiciones que en la ESMA, hasta que la CIDH se fue y los regresaron.

El libro de Horacio Verbitsky, El Silencio (Edit. Sudamericana, 2005), relata claramente lo que fue la quinta. Ayer sábado, tras dos pedidos de la Comisión Memoria Verdad y Justicia Zona Norte (CMVJZN) -uno hace tres años y otro hace unos meses- la Dirección Nacional de Sitios de Memoria inauguró allí la señalización que indica que funcionó un centro clandestino de detención, anexo de la ex ESMA, y luego, al regreso, en la estación fluvial de Tigre, otra similar.

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En la lancha Gabriela Juvenal (izq.), de Sitios de Memoria, Mantecol Ayala y Bichi Martinez, ex secuestrados en el lugar

En este viaje fueron siete siete sobrevivientes y familiares de otro detenido ilegalmente, que habían podido visitarlo allí en cautiverio en 1979. Estuvieron Angel Strazzeri (71); Leonardo Bichi Martínez (65); Alfredo Mantecol Ayala (65); Víctor Fatala (67) -hermano del ex legislador porteño, Rubén Fatala-; Osvaldo Barros (71) y Susana Leiracha -que ya por entonces eran pareja-; Carlos Muñoz; y por Mario Bigatti: sus hijos José y Lucila, y su mujer María Lucila Willy.

Los acompañaron familiares, amigos y compañeros de militancia; organismos de derechos humanos de la región; la CMVJZN; la Comisión de Derechos Humanos Pancho Suárez; la comisión de ex detenidos de Campo de Mayo; estuvo la directora de Derechos Humanos de Tigre, Verónica Caamaño, hija de José una victima de la dictadura; el edil sanfernandino, Ignacio Alvarez, cuya tía María Teresa Alvarez, también fue víctima del terrorismo de Estado.

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Osvaldo Barros (71) (izq.). él y su mujer, Susana Leiracha estuvieron secuestrados en el lugar

El Predio

En el predio isleño hay dos construcciones palafíticas, en alto, al estilo isleño. Una frente al muelle donde estaban los trabajadores esclavos que fueron llevados al lugar para trabajar en el monte, mantener el lugar y acondicionarlo ante la llegada de los que se debían esconder de la CIDH; y aproximadamente a 70 metros/oeste otra donde pernoctaban los represores, en la parte alta, y abajo sobre el suelo húmedo, "vivían" encapuchados los que debían esconderse.

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En esta casa, alejada del muelle, abajo sobre la tierra, con capuchas, y sin posibilidades de estar parados, estaban las víctimas que la dictadura escondió de la CIDH

Strazzeri fue con su nieto y la mamá, su hija, delegada de SUTEBA. "Esta situación tiene un silenciamiento...Hay medios alternativos que difunden, pero nunca los masivos. El otro día lo vi a Mantecol en un canal de cable con la mamá de un desaparecido, pero era cable, tampoco masivo", evalúa sobre la difusión de lo acontecido en El Silencio y explica que del Estado espera "que haya juicio y castigo a los culpables y que la casa sea un sitio de memoria".

Mantecol es el sobrenombre de Ayala. Es el que más testimonios dio en el juicio de la ex ESMA. Para él lo primero es la Justicia -"Que se juzgue a los genocidas" afirma seguro y recuerda sobre El Silencio: "Siempre denunciamos pero la justicia no lo tomó como un lugar de tortura, era un anexo de la ESMA". Y además evaluó sobre el predio isleño: "falta resguardarlo" por las pruebas que se puedan encontrar y para que sirva como sitio de memoria.

San Fernando El silencio INTERNA 6 bichi debajo de la casa donde estaban los desaparecidos
Bichi Martinez muestra el lugar donde estaban apresados y no salían ni al baño los que llegaron de la ESMA por la inspección de las CIDH, pues allí tenían una letrina fabricada por ellos mismos

Bichi Martínez igual que Strazzeri y Mantecol hacían trabajo esclavo. Martínez cuenta que ellos se autopotabilizaban agua del río, pero con la llegada de las otras víctimas, los represores llevaron tanques de agua. El comentario coincide con el de una mujer que acompaña que de chica pasaba en lancha por el lugar, para ir a una quinta familiar, y relató que veían los tanques y llamaban la atención. "Todo el mundo sabía pero nadie hablaba" señala Martínez.

Barros llegó desde "capuchita" en la ESMA. Los de su condición permanecian y pernoctaban bajo la segunda casa, encapuchados, y recuerda que solo se quitaban la capucha si los guardias no los veían. Relata que algunos de sus compañeros tomaban agua del río y los enfermaba. "(Carlos) Capdevila era médico debe haber atendido a alguno" señala sobre el médico represor enjuiciado y condenado por delitos de lesa humanidad en la causa ESMA.

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El viaje a El Silencio fue normal, pero hubo que cambiar una de las lanchas colectivas en el trayecto, pues la que salió de la estación fluvial se averió con un tronco

Barros también recuerda que, el día que él llegó a El Silencio, jugaban la URSS y la Argentina en el mundial juvenil de Japón. Los guardias se emborrachaban de noche y golpeaban el piso, caía el aserrín de la madera y retumbaban los golpes, y no se podía dormir. También que desde la otra casa les acercaban comida, y alguna vez hasta pudieron comer dulce de quinotos -en la propiedad hay al menos dos plantes de quinotos a simple vista- y de naranja.

Barros, al descubrirse el mural de señalización en la isla, emocionado, y de a ratos con voz quebrada, recordó y nombró a otros de sus compañeros que estuvieron allí y están desaparecidos actualmente: Enrique Ardetti; Elsa La Gallega Martínez; Josefina Villaflor; Pepe Hazán; Pablo Lepiscopo; Nora Wolfson; Juan Carlos Anzorena; Juan Carlos Charavalle; Fernando Brodsky. El ¡Presente! se hizo escuchar luego de cada nombre, como en cada acto.

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Los organismos de derechos humanos de regreso en la estación fluvial de Tigre

"De la Justicia lo que esperamos es el juicio y castigo a los culpables, genocidas. Que se dejen de dar vueltas para estar a tono con los vientos políticos de cada momento. Que se los juzgue por genocidio, que fue lo que realmente ocurrió en nuestro país" le dijo en un breve diálogo a denorteanorte.com Barros, y explicó que de las políticas del Estado y del trabajo de los organismos de derechos humanos y los sobrevivientes, depende mantener la memoria.

"Las políticas del Estado, y nuestro trabajo por la memoria y la verdad, deben servir para que esto no se pierda, no quede en el olvido. Tenemos que vencer todas las trabas que inducen al olvido" explicó el sobreviviente de El Silencio. Tras una recorrida por el predio las dos lanchas que transportaban a victimas, organismos y comitivas oficiales, regresaron a la estación fluvial tigrense, donde se descubrió la segunda señalización sobre el predio.

En la estación fluvial

En la estación fluvial esperaban a las dos embarcaciones gran cantidad de militantes y funcionarios de Tigre y San Fernando. Allí Gabriela Juvenal, de la Dirección Nacional de Sitios de Memoria, puntualizó los pasos para llegar a la señalización, exteriorizó los pedidos de la CMVJZN, y como trabajadora no como funcionaria, celebró que se haya podido concretar la señalización. La sanisidrense, Raquel Witis, leyó un documento de la CMVJZN.

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La joven Lucila (con micrófono) , entre su mamá María Lucila y su hermano José. Mario Bugatti, fue otro ex detenido ilegalmente en El Silencio

El documento de la CMVJZN recordó las denuncias de familiares ante la CIDH en 1979 y el oprobio que pretendían  hacerles experimentar servicios de inteligencia disfrazados; recordó el triste eslogan del terrorismo "Somos derechos y humanos"; pero también que la CIDH corroboró las denuncias, el terrorismo de Estado y responsabilizó a la dictadura que no pudo silenciar ni esconder las violaciones a los derechos humanos ante el mundo.

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Raquel Witis, de la Comisión Memoria Verdad y Justicia Zona Norte, impulsores del señalamiento con las v´citimas, lee un documento sobre la señalización

Barros una vez más, más entero, volvió a nombrar a sus compañeros desaparecidos. La joven Lucila Bigatti, sumamente emocionada, reconoció que no recordaba aquella quinta donde de chica pudo ver a su padre. El edil Alvarez, de San Fernando, le entregó al vecino sanfernandino Strazzeri un reconocimiento especial; antes este había reconocido a sus compañeros desaparecidos: "Sin ellos la democracia no hubiera sido posible (...)" dijo.

San Fernando El silencio INTERNA 10 Strazzeri habla en la estación fluvial
Strazzeri habla antes de que se descubra el cartel de señalización

Verónica Caamaño, que estaba emocionada también tras la jornada, en diálogo con denorteanorte.com explicó sobre la señalización: "Para nosotros es de suma importancia. Nos sentimos con la responsabilidad de seguir este camino para hacer visibles esos lugares, que estuvieron tan escondidos, y fueron usados para cosas terroríficas. Es darle visibilidad y seguir con la misma lucha por la democracia y por los 30.000 desaparecidos".

Gustavo Camps