Los seis candidatos a la presidencia de la Nación debatieron en la Universidad Nacional del Litoral, en Santa Fe. Hubo cuatro ejes de debate: política exterior (relaciones internacionales); economía y finanzas; derechos humanos, diversidad y género; y educación y salud. En esta columna, el editor de De Norte a Norte-Noticias las 24 horas analiza algunos tópicos de las propuestas del debate y propone que no hubo un ganador.

Por Gustavo Camps

Gustavo Camps JO2018

El primer debate presidencial hacia las elecciones generales 2019, para cumplir con la ley 27.337, tuvo lugar en Santa Fe y fue transmitido por los principales canales de TV. Debatieron los candidatos Nicolás del Caño (Frente de Izquierda. Unidad); Alberto Fernández (Frente de Todos); Roberto Lavagna (Consenso Federal); José Luis Espert (Frente Despertar); Juan José Gómez Centurión (Frente NOS); y Mauricio Macri (Juntos por el Cambio).

Ninguno de los candidatos se destacó como para evaluar que hubo un ganador. Tampoco hubo tiempo para escuchar propuestas acabadas. Sin embargo del resultado, de los desempeños, se puede partir para analizar y decir varias cosas de cada uno y cada cual de los candidatos con relación a sus propios discursos, sus ideas, la visión que tienen de sus votantes propios, del resto de los ciudadanos y de lo que implica ser el presidente de un país.

Nos atrevemos a decir que hubo dos candidatos que se diluyeron: Del Caño, del FIT-U; y el conservador Espert; uno que no pudo dominar el formato, Lavagna; otro que no pudo salir del lugar que sus colegas le asignan, el de la "mentira", el actual presidente, Macri; uno que reveló su crudo pensamiento chovinista y xenófobo a ultranza, Gómez Centurión; y uno que no logró aclarar del todo que no vuelve sino que llega, Alberto Fernández.

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Del Caño no se diferenció como se esperaba de un representante del trotskismo. Dominó el formato pero apenas habló de la nacionalización de la banca, del empoderamiento de los trabajadores y de la separación de la religión y el Estado y se esmeró más en criticar al Frente de Todos, y a veces a ese Frente y al oficialismo, que al sistema capitalista en su conjunto. Cualquier otro opositor del campo popular podría haber pronunciado sus posiciones.

Espert debió ensayar mucho la impostación de la voz, y ese tono fabricado distrajo a los oyentes/televidentes. Solamente quedó un poco más centrado que Gómez Centurión, al cual solo le faltó proponer la vuelta a los azotes como pena frente al delito o a la anulación del voto femenino; amén de repetir consignas que tenía anotadas, y no entender que las propuestas debían plantearse en un tiempo estipulado de antemano.

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El próximo debate será el domingo 21, a las 21, en la Facultad de Derecho de la UBA

Lavagna, que con su experiencia política y profesional tenía mucho para aportar fue vencido por el formato televisivo y también por la restricción de tiempo. En el tema económico, nada menos, su fuerte en la teoría y en la practica, dejó segundos sin utilizar. Además a lo largo del debate se vio como tuvo que recurrir a los apuntes. Cuestión de práctica, de nervios, generacional, el del ex ministro de Economía fue el caso donde las formas opacan el contenido.

Mauricio Macri se desempeñó bien frente a cámara, apenas trastabilló, por ejemplo, cuando tubo que hablar de las políticas de género; pero muy poco de lo que dijo se podía contrastar con la realidad, sus colegas se lo hicieron notar, y cualquier televidente medianamente informado notó que en el mejor de los casos repetía consignas escuchadas en los spots publicitarios de campaña. Como planteó un cibernauta , si hubiera sido en 2015 le hubiera servido.

Alberto Fernández dominó el formato, se mostró relajado, pero seguramente por la estructura férrea de los espacios para expresarse, no logró ahondar en algunas propuestas, para mostrar que no forma parte de un proyecto que vuelve sino de uno nuevo aliado a otro que ya fue gobierno, esto no solo le servirá para fidelizar votantes, sino para atraer a quienes vieron necesario el cambio -el real no el del oficialismo- y todavía desconfían del pasado.

*Editor de denorteanorte.com