El hecho conmocionó el verano escribimos en una nota informativa. En Villa Gesell al menos diez jóvenes asesinaron a otro joven, Fernando Baez Sosa, porque si. Lo demás es adjetivación superflua. En esta nota el dibujante y artista plástico, Jorge Meijide -Meiji para los lectores de la recordada revista Humor Registrado y para sus amigos que son tantos- recuerda lo que fue Villa Gesell; y el recuerdo nos interpela como adultos por lo que hacen allí actualmente muchos de nuestros hijos.

Por Meiji*

Meiji

Después del aberrante asesinato de Fernando Baez Sosa la reflexión sobre esta atrocidad y lo que se viene dando en esas playas es inevitable. Y es inevitable la referencia a "La Villa" que solíamos frecuentar cuando teníamos la edad de Fernando.

Salíamos con las mochilas llenas de latas de paté y cajas de arroz a la ruta y ahí hacíamos dedo hasta que alguien nos levantaba. Otras veces viajábamos por la pionera empresa Antón. Lo primero que hacíamos al llegar era ir a la Unión Telefónica a avisar que habíamos viajado bien.

Grandes colas de jóvenes en la misma aguardaban hacer su llamada de larga distancia. Enseguida al camping a armar la carpa, en el lugar más reparado. La Avenida 3 era de tierra. El "Viejo Gesell" (Don Carlos) no quería asfalto; tampoco casinos.

Ahí conocimos Cachavacha, Tía Vicenta, la Jirafa Roja y la Jirafa Azul y disfrutamos de las hamburguesas de Carlitos, que él mismo preparaba en su local de la 105. Cuando estaba medio nublado íbamos a Luigi Patín donde intentábamos torpemente hacer piruetas sobre ruedas para impresionar a alguna chica que habíamos conocido en la playa.

Fernando Baez Sosa
Fernando Baez Sosa

Y en la playa, justamente, muchas veces se la veía a Trudy Gesell juntando caracoles para hacer sus artesanías y como música de fondo el "¡Lloren chicos lloren!" del ocurrente pochoclero. Carlos Barocela, el cantante geselino, nos deleitaba con "Muchacha del mar" que algún audaz, guitarra en mano, entonaba en los fogones playeros que duraban hasta la madrugada.

Muchas noches dábamos el presente, en forma alternada, en los tres boliches que recuerdo: Cariño Botao, la Mosca Verde y Atlantis. Tirábamos toda la noche con un Cuba Libre o un Destornillador porque las consumiciones eran muy caras.

Si se armaba rosca era de a dos, uno contra otro. Un par de tortazos a la salida y ahí terminaba la cosa ¿De donde salieron estos energúmenos? ¿Quién les abrió la jaula? ¿Qué se creen que es la Villa? Acá hay historia, acá hay pasado. Esto lo hicieron los pioneros, los hippies, los que invirtieron con el "Plan Galopante" que instrumentó Don Carlos Gesell.

Acá los "sesentistas" seguimos amando esta playa trayendo a ella a nuestros hijos ¿Y quiénes son estos delincuentes que vienen a "romper todo" creyendo que nadie los va a detener? ¿Por qué no se quedan en sus casas si creen que van a exportar su violencia adonde quieran?

Los tiempos cambiaron, sí. Ya no suena más Barocela. Siempre tiene que haber una muerte para que se tome el toro por las astas. Queremos seguir caminando pacíficamente por la 3 ¿Quiénes nos protegen? ¿Los mismos que no lo supieron hacer con Fernando?

*Jorge Meijide, dibujante, artista plástico, vecino de la zona norte