Ezequiel Rivero es especialista en medios de comunicación, actualmente realiza un doctorado en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA y es, además, investigador del CONICET. En esta entrevista, realizada a través de la plataforma Google Meet, a distancia, habla de los medios de comunicación en la pandemia, de la desinformación, las fake news y las herramientas que tienen los lectores para eludir noticias falsas; descree de las "burbujas de sentido" en las redes pues considera que nadie puede eludir la diversidad del mundo circundante, y también descree del periodismo séptico y sin ideología, pues sostiene que la rigurosidad en la noticia, y no otra cosa, es lo que le da honestidad a la información.

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El especialista Rivero, en un encuentro académico, en una universidad pública en Sao Carlos, estado de San Pablo, en Brasil (Foto facebook)

¿La pandemia reafirma la tendencia de que se deja leer el periodismo en papel?
Si...(piensa)...si, claramente es una tendencia histórica. Ha caído la lectura de periodismo en papel, en todo el mundo no solamente en la Argentina. No vi todavía el periodo "pandemia" del instituto de verificación de circulación IVC, pero sí tengo la idea de que hay cierta reticencia de algunos, incluso, a recibir los diarios en papel en su casa, en medio de esta paranoia, por considerarlos posibles portadores del virus, en esta cosa de que circulan versiones sin verificar ¿No? Pero tengo la idea de que hay avidez por la información en general, y a la vez, una sobreabundancia de información; y al estar todos encerrados y confinados en nuestras casas, en muchos casos, con tecnologías que nos permiten acceder a los portales digitales, cuando veamos los números pospandemia, de los diarios que se dejan verificar por el IVC, probablemente veamos una caída todavía mayor de la que se viene registrando año a año. No así los otros medios tradicionales de comunicación, la gente que escucha radio hoy es la misma casi que hace 20 años. En algunas cuestiones la pandemia puede ser disruptiva, o un parte aguas en los hábitos de consumo, pero creo que el que estaba acostumbrado a leer noticias en diarios de papel, cuando esto retorne a una nueva normalidad, seguirá leyendo así, y el que no difícilmente adquiera el hábito ahora.

¿Cuando el lector entra, para informarse, a Internet, sabe dónde va o navega a ver qué encuentra?
En contextos de riesgo como el actual hay estudios que muestran que las fuentes de información más confiables son las oficiales. Los usuarios cada vez estamos más "alfabetizados" en el consumo de noticias a través de la web. Y esto tiene que ver con la capacidad de detectar y desactivar noticias falsas, con poco sustento, no correctamente elaboradas. Lo que muestran los números de algún estudio, por ejemplo uno del Instituto Gino Germani, de hace relativamente poco, es que hay alta confianza en las fuentes oficiales para informarse sobre la pandemia; puede ser el ministerio de salud, organismos internacionales como la OMS (Organización Mundial de la Salud), el Poder Ejecutivo; y menor confianza en los medios tradicionales, en particular la televisión; la radio sigue siendo de los medios tradicionales, la que genera más confianza.

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"La televisión atraviesa una crisis de confianza, y es paradójico, porque todos los canales de televisión abierta aumentaron sus niveles de audiencia durante la cuarentena"

La televisión igual se ve...
La televisión atraviesa una crisis de confianza, y es paradójico, porque todos los canales de televisión abierta aumentaron sus niveles de audiencia durante la cuarentena, sobre todo los segmentos informativos. Pero la confianza no es algo que se recupera tan rápido. También esos canales se prestaron a ser escenario de mucha desinformación, a operaciones de desinformación, y esto en alguna medida se paga con la falta de confianza de las audiencias. Sumado esto, al traslado de consumidores hacia otras plataformas de entretenimiento y de consumo de noticias. Mas o menos los usuarios tienen en claro dónde pueden encontrar la información que buscan, la que es más o menos relevante, y además tienen más en claro quién es el que está hablando, esto capaz que es una de las herencias que nos dejaron las discusiones sobre lo que hubo desde 2009 2010 (en los medios) para acá, o sea, el usuario es menos ingenuo que antes en la lectura de los medios de comunicación. No está desprovisto de herramientas para leer entrelíneas ni para saber que quien le habla (desde un medio) es una empresa, un empresario, con intereses, a veces por fuera del sector de los medios. El usuario está en un lugar distinto al que estaba en otros periodos históricos donde el monopolio de transmisión la tenían los medios tradicionales y capaz que los usuarios teníamos una posición de subordinación y debilidad, la asimetría era mucho mayor entre los grandes medios y las audiencias, esta tendencia en parte se está revirtiendo.

¿La marca le da mayor credibilidad a la noticia?
El reconocimiento de marca es clave. Y ahí hay un selecto grupo de grandes medios de comunicación que efectivamente tiene su público que va hacia ellos; ingresan a las páginas webs de los sitios o llegan a las noticias de esos sitios a través de las redes sociales, cuando alguien comparte una noticia de esos medios en Facebook, Twitter o la reenvía a través de Whatsapp. Ahora bien, la adhesión a la marca, si uno ve algunos casos, como por ejemplo en el Reino Unido, donde hay estudios sobre esto -en relación a la marca BBC-, decrece muchísimo con los segmentos etarios más jóvenes. A los más jóvenes les interesa menos la marca, básicamente porque no vivieron la época dorada de los medios de comunicación. La marca La Nación (diario tradicional de la Argentina) para un pibe de 20 años no significa mucha cosa. En el Reino Unido los chicos de quince años para abajo reconocían más marcas nativas digitales, como Netflix, que empresas históricas como la BBC. Ahí es cuando otros espacios de comunicación, portales de noticias no tradicionales, tienen la posibilidad instalarse, porque hay un segmento poblacional especialmente, más joven, que no consume noticias por la marca, sino porque le gustó que escriba "Fulano" o le parece interesante la agenda de tal medio. En el mundo digital un poco el peso tradicional mediático se disuelve.

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" Ya no hay un monopolio de emisión de contenidos informativos, en ningún lugar del mundo. Los medios tradicionales compiten con un montón de otros actores (...)"

En una webinar de la Sociedad interamericana de Prensa (SIP), días atrás, un periodista carioca, en un panel, reconoció que los medios han perdido relevancia como emisores de información ¿El campo del conocimiento coincide con esa visión?
Los medios de comunicación, en general, están perdiendo relevancia, como espacios únicos de emisión de informaciones y de contenidos. Ya no hay un monopolio de emisión de contenidos informativos, en ningún lugar del mundo. Los medios tradicionales compiten con un montón de otros actores, no me refiero solamente a actores mediáticos que también los hay, pequeños, de otra envergadura que los tradicionales, sino que hay un montón de actores de la sociedad civil que producen contenidos informativos sin necesidad de ser o tener medios. Si necesito informarme sobre feminismo, pongamos, y tengo una cuenta en Instagram o Twitter, puedo identificar a cuatro o cinco referentes del movimiento feminista a quienes seguir y con quienes me voy a informar, no necesito ir a Página 12, digamos. Esa dispersión de voces, gracias a las herramientas digitales, hacen que efectivamente los medios de comunicación pierdan relevancia, incluso ya no en sus versiones de siempre, sino cuando se quieren reconvertir. Es tanta la abundancia de información en Internet que una marca de peso en el mundo analógico, se disuelve y puede ser invisible en el mundo digital. Es una cuestión muy compleja la reconversión digital para los medios tradicionales.

¿Los cibernautas desean informarse o van en busca de noticias que reafirmen su visión de las cosas?
Hasta hace poco tiempo, en el mundo de la comunicación se hablaba mucho de las "burbujas de sentido". Estaba de moda ese término y el de "cámaras de eco". De alguna manera las redes sociales digitales, Twitter, Facebook y demás, nos permitían armarnos una dieta informativa a medida, que nos ponían en contacto exclusivamente con contenidos que reafirmaban nuestra creencias y prejuicios previos, y nos distanciaban de contenidos disonantes, de la diversidad de la que esta hecho el mundo. Esa idea en la actualidad está un poco discutida, porque es cierto que las redes están pensadas para que pasemos allí la mayor parte del tiempo, y para esto tenemos que tener una linda experiencia, nadie se queda en un lugar donde la pasa mal. Entonces el algoritmo, la inteligencia artificial de esos espacios está pensado para que estemos más en contacto con contenidos que nos satisfacen. Pero también es cierto que al interior de cada burbuja, el tema de conversación es lo que pasa en otras burbujas. Nunca del todo podemos desconectarnos de la diversidad, de lo que piensan los demás, es decir, la agenda de discusión de los "compañeros de la burbuja peronista" va a ser lo que hacen "los de la burbuja macrista". Puede haber polaridad, pero esa idea de que existen burbujas infranqueables está muy discutida, porque en el mismo espacio digital establecemos diálogos con los otros, los distintos. Es imposible no estar expuesto a la diversidad. Sí, nuestros prejuicios, funcionan como un acelerador, a la hora de activar una noticia falsa.

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"Los usuarios cada vez estamos más "alfabetizados" en el consumo de noticias a través de la web. Y esto tiene que ver con la capacidad de detectar y desactivar noticias falsas (...)"

En principio pareciera entonces que no hay filtro para esto último, pese a la menor ingenuidad de la que hablábamos más arriba...
Si yo me encuentro con una noticia falsa que confirma algo que yo creo, aunque sea una noticia equivocada, es muy probable que yo la active, la comparta, la ponga a circular. Pero esto es distinto a pensar que podemos estar completamente aislados de la diversidad.

Las fake news, las noticias falsas, la desinformación, pululan en Internet ¿Que parte de corresponde al lector y cuál al emisor para generar un antivirus, digamos, contra la desinformación?
Los expertos que estudian estos temas en profundidad, Natalia Aruguete, (Ernesto) Calvo, han sacado hace poco un libro sobre esto, hacen una interesante distinción entre lo que son las noticias falsas, que no necesariamente son maliciosas, son errores; y otras que son campañas que se pensaron deliberadamente para generar algún daño, para dañar la imagen de un personaje público y demás. Victimas de noticias falsas podemos ser todos. Sobre antídotos para las noticias falsas hay dos o tres cosas. Una son los propios anticuerpos que tenemos los usuarios; muchos de nosotros recibimos noticias en nuestro Whatsapp y podemos identificar cuando son falsas y desactivarlas; acá hay una dificultad adicional y es cuando envía una noticia falsa alguien con quien tenemos un vínculo afectivo, pues decirlo en el grupo es exponerlo, entonces suele pasar que nos quedamos callados, ahí hay un problema pues otro puede compartirla. Ademas las noticias falsas suelen tener marcas: suelen ser espectaculares, tener errores de ortografía, vienen de fuentes que no conocemos. Después hay herramientas, que dudo que hayan sido adoptadas masivamente todavía para chequear. La agencia Télam, por ejemplo, tiene en su portal una aplicación para que los usuarios chequeen las noticias, las imágenes, el autor. Hay también todo un movimiento de chequeo a nivel global. En la Argentina el más conocido es Chequeado.com que se dedica a chequear el discurso público. Uno puede cuestionar sus métodos, quién lo financia, pero en contextos especiales como este, el rol que cumplen es importante. Y el otro anticuerpo, en contextos como este, es que las fuentes oficiales son un lugar seguro, tal vez no completamente fiable, en parte porque estamos ante un fenómeno en desarrollo (la pandemia), ni los propios científicos saben de qué va todo esto, pero si dice algo el ministerio de salud, al menos sabemos que si se equivoca lo va a desmentir, porque no es la intención de una fuente oficial generar confusión, ansiedad, angustia, y ese tipo de sensaciones que producen la noticias falsas.

Vimos en la charla que en Internet las marcas analógicas más férreas pueden licuarse; que las noticias falsas pueden responder a errores o malicia, pero cualquiera puede ser víctima, aunque el usuario tiene elementos propios y externos para protegerse en el ciberespacio ¿Qué papel juega la dimensión ideológica en ese panorama?
Las ideologías existen, y lo que hacemos lo hacemos movidos por las ideologías, que no son otra cosa que sistemas de creencias, que vamos construyendo a través de los años, desde que somos chiquitos, con nuestros padres, la escuela, todas las instancias de socialización. Por ahí, alguien en algún momento nos quiso hacer creer que las ideologías eran mala palabra, pro no es así. Ahora bien, hay cierto tipo de informaciones, que uno puede decir: "tienen una carga ideológica menor", en el sentido de que están emparentadas con lo fáctico, con la información en si, con la unidad del mensaje. Bueno, uno puede preguntarse: ¿Cuántos muertos hubo ayer? Eso es un dato. Después la ideología nos puede llevar a preguntarnos si el gobierno está sub-reportando, ocultando, mintiendo. Pero estas son cuestiones que tienen que ver con la interpretación de cada uno. El número de muertos no cambia, es un dato duro. La existencia de ideologías no le da inestabilidad a la cuestión. lo que le da inestabilidad es no explicitar el lugar desde el que uno habla. Y siempre uno habla desde un lugar ideológico. En la Argentina pareciera que es mala palabra pero en los EEUU, por ejemplo, los grandes diarios explicitan en sus editoriales, en elecciones, por cuál candidato va ese diario. El New York Times, liberal, va por los demócratas, entonces ellos explicitan "todo lo que digamos lo decimos desde este lugar". Acá tenemos esta cosa del "periodismo independiente" que pareciera aséptico y sin ideología. Eso no existe. No existe el ejercicio del periodismo sin ideología. Esto no le da inestabilidad, le da honestidad a la información. Como periodistas, se debe ser los más riguroso posible en la producción de noticias.

Gustavo Camps