En esta columna, Héctor Rodríguez, describe dos mundos que tantas veces se cruzan en la Argentina. Uno egoísta, ostentoso, brutal, exento de honor y de piedad. Otro manso ante la realidad áspera que soporta desde tiempos inmemoriales, desterrado, rico en todas las carencias imaginables, pero digno y solidario. Héctor Rodriguez los describe con ese trazo exacto que confiere más el corazón que la técnica. Sus párrafos dan testimonio de esos mundos y aunque no hay en el texto un solo interrogante, el lector, la lectora, se preguntarán cuando lleguen al final ¿Hasta cuándo?

Por Héctor Rodriguez*

Héctor Rodríguez

Mientras cerca de 400 autos furiosos, agresivos y disonantes, salidos de un par de countries de Tigre, protestan –pese a la prohibición– en la rotonda central de ese partido porque “esto es una dictadura”, “queremos salir a trabajar” y porque “la cuarentena va en contra de la Constitución”, más otra sarta de argumentos desopilantes y falaces, una querida compañera, militante hasta los huesos, comprometida a tiempo completo (y actualmente funcionaria de ese distrito), me responde un mensaje en mi celular. La escucho cansada. Acaba de entrar a su casa luego de pasar el día recorriendo un par de barrios justo enfrente de la opulencia de Nordelta (Barrio El Lucero, El Ahorcado).

La tarea de recorrido para identificar necesidades, y aportar soluciones, la tiene ocupando la calle, con barbijo, desde hace semanas. Hoy estuvimos dentro de los barrios, entregando mercaderías, verduras, barbijos, alcohol en gel, en fin. Hay mucha gente que la está pasando mal, piden frazadas, medias y calzados para los chiquitos. Les insistimos en que no salgan. Hacen aislamiento comunitario y lo cumplen. Y hasta cocinan en conjunto. Muchos ya ni garrafas tienen. Alguno pone el arroz, otros un par de latas de tomates, y así se las van arreglando.”

Estoy contenta porque recibimos una donación grande de papas y estuvimos repartiendo las bolsas. Y feliz, además, porque estamos armando el “ropero comunitario”. “Estar un 25 de mayo, feriado, en la calle, junto a un montón de chicos/as comprometidos/as, te llena el alma. Y a la vez indigna ver cómo una parte de esta misma comunidad “anticuarentena” se mira el ombligo”, dice. Y agrega: “Cuesta entender tanto egoísmo. De un lado tenés ollas populares… y del otro tenés cacerolazos y bocinazos para reclamar solo por ellos.”

*Autor de "Crónicas de la Memoria" (edit. Librería Hernández, 2020), con relatos sobre la última dictadura. Militante de Barrios por la Memoria, entidad de derechos humanos