El último 17 de agosto los anticuarentena marcharon en la CABA con un abanico de consignas, algunas hasta risueñas, otras que aportó la oposición para usarlas en su provecho. En esta columna el abogado Juan José Prado propone que los manifestantes representan a quienes pierden privilegios y por eso protestan, no por otra cosa.

Juan José Prado

Los medios tradicionales. Los centenarios. Sus ramificaciones televisivas y radiales auspiciaban la marcha del 17 agosto. Esa marcha contra la cuarentena, contra la reforma judicial. Contra. Contra…contra todo. Menos para recordar a quien se fue aquel día de 1850. El prócer  mayúsculo de nuestra historia, José de San Martin.

En realidad no soy veraz. Algo rescataban los propulsores de la marcha “contra”. Una mención del Libertador a la “libertad”. Pero no era esa la manera en la que utilizó el término, para referirse a la conducta que debe seguir una sociedad cuando una calamidad la amenaza. En aquellos tiempos, el invasor y colonizador hispano.

La libertad de los contra es la que difunden los ultraliberales. La libertad individual.  La libertad frente al Estado “opresor”. “Libertad si, Estado no” sintetizan los sectores minoritarios que ven que las nuevas generaciones, vienen por todo. “Nos están quitando todo”. “Todo” lo que expresa ”nuestro” orden establecido, deberían señalar.

En eso tienen razón. Los que “vienen por todo” pretenden abrir las arcas de la res publica para alimentar a los hambrientos. Vienen a imponer la libertad de género. Por la ampliación del conocimiento. Por la igualdad social. Por la previsión y cobertura social para los ancianos. Por la industria nacional. Por la soberanía nacional.  

Unos de los flyers que invitaba a la marcha, y la referencia a la "libertad"

Esas nuevas generaciones prefieren no endeudarse. Y si hay deudas, la externa por ejemplo, optarán por imponer a los acreedores externos una forma de pago posible. Quieren una Justicia formada por una nueva generación, con reglas impuestas por la Ley, no por el mercado, no por los privilegiados, no por los de siempre.

Para los que marcharon el 17 - y volverán a marchar cuando los llamen ¿El 27? ¿Por qué no?- todo eso constituye un peligro. El peligro de una sociedad empoderada que avanza. Una sociedad que reclama cambios negados por años. Que no cree en las columnas de los diarios centenarios que defienden el orden establecido.

Para los que marcharon el 17 también es un peligro esa otra libertad que no es individual. La libertad del cuerpo de la mujer. La libertad que sostiene la igualdad social y la necesidad de poner en práctica el principio de la solidaridad, y el derecho al pan, al trabajo y al techo para todos lo que no los tengan, sin preguntar por qué.

Para los que marcharon el 17 la palabra “Libertad” se usa para defender una concepción patriarcal, la concentración de la riqueza y el poder en pocas manos. Son minorías que propician el gheto social, la filosofía de los ultraliberales. La razón del más fuerte como el único camino lógico y posible.

Esas minorías rechazan el Estado, el pacto social, la concepción democrática de respeto por la decisión de las mayorías. Esas minorías niegan los resultados de las elecciones cuando no son favorecidas. Son las que imputan sistemáticamente la corrupción a los sectores democráticos mayoritarios, a los otros.

Esas minorías saben que están perdiendo espacio. La sociedad que viene amplía derechos. Las nuevas generaciones los cuestionan, los arrinconas, pierden poder, son desplazados. Entonces se oponen a todo, niegan, sospechan de todo. Porque las nuevas generaciones vienen por todo.

Tampoco advierten los grupos ultraliberales más concentrados, que estamos integrados al mundo global. Otras sociedades se expresan como nuestras nuevas generaciones. Cada vez hay menos lugar para neonazis en Alemania y Francia o monárquicos en España. Todas las sociedades se expresan de igual forma.    

*Abogado. Gran Maestro de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Ex presidente de la Asociación de Abogados de Buenos Aires. Miembro de la Mesa Directiva de la APDH (Asamblea Permanente por los Derechos Humanos)