En esta entrevista la geógrafa platense, Patricia Pintos,  docente de la Universidad nacional de La Plata (UNLP), investigadora del delta y los humedales, subdirectora del Centro de Investigaciones Geográficas de la UNLP, sostiene que los incendios en el delta provienen de una combinación de causas donde prima el proceso de pampeanización, por el avance de los agronegocios en el continente (soja transgénica), que desplaza actividades agrícolas tradicionales, como la explotación forestal y de frutales, entre otros, e incorpora la cría intensiva de ganado o los negocios inmobiliarios. Esto en el contexto de un capitalismo que agota las fuentes de riqueza y luego las descarta sin interesarse por el destino de las personas involucradas.  

"El delta tiene toda una tradición productiva de muy larga data, ligada a la apicultura, la pesca artesanal y comercial, la explotación forestal, la de frutales"

Patricia Pintos es geógrafa y experta en humedales. Estudió el avance los negocios inmobiliarios en la zona delteña (autora de La privatopía sacrílega: Efectos del urbanismo privado en humedales de la cuenca baja del río Luján. 2012. Imago Mundi) y conoce a fondo las consecuencias de la urbanización en el delta.

Investigadora en la UNLP; entre 2005 y 2008 fue directora de Planificación urbana y Territorial bonaerense. En esta entrevista propone que los incendios isleños son multicausales. Pero la primera causa es la mutación de la tradición productiva delteña,  desplazada por la ganadería que a la vez, fue expulsada del continente.

Pintos explica que la mutación productiva de las islas se explica en los agronegocios (soja transgénica), que en el continente producen la pampeanización de vastas superficies donde, con el único justificativo que la renta en términos económicos, se muta la producción histórica, tradicional y natural, sin interés por la pérdida ecológica.   

"La privatopía sacrílega", el título de la obra donde Pintos expone cómo el urbanismo afecta las islas del delta de la zona norte

La especialista critica el concepto positivo de desarrollo, de la economía clásica, y señala que el capitalismo disgregó a la naturaleza de la sociedad, a diferencia de las cosmovisiones andinas, que proponen el buen vivir y sostienen que la naturaleza y la sociedad conforman un todo integrado, y si se afecta a uno se afecta al todo.  

En la pandemia se denunciaron incendios en las islas, pero hay en otros puntos del país también ¿Son algo natural o son premeditados los incendios?
Responden a un tema al que no es ajeno el delta en los últimos años. Los incendios no son nuevos en el delta y tienen que ver con un proceso de pampeanización. Esto significa empujar, de alguna manera, formas de producción que son propias del continente, hacia el territorio del delta. Esto presionado por el avance de la frontera del agronegocio en el continente. Entonces, se expulsan algunas actividades hacia el delta y comienza a ser colonizado por esas actividades que le son impropias. El delta en realidad tiene toda una tradición productiva de muy larga data, ligada a la apicultura, la pesca artesanal y comercial, la explotación forestal, la de frutales, en fin, una variedad de actividades productivas  que en los últimos años fueron desplazadas. Un dato que da cuenta de esto es que, por ejemplo, se dice que actualmente hay alrededor de 2.000.000 de cabezas de ganado en todo el territorio delteño.

¿Dos millones de cabezas de ganado en las islas?
Si. Hubo un cambio fundamental. Y se dio a partir de que la ganadería, en las islas del delta, tenía un  carácter  estacional. Es decir, se llevaba ganado para el pastoreo en una época del año, un tiempo acotado, y muy poca cantidad de animales por superficie. Pero con la pampeanización, la ganadería pasa a desarrollarse de manera intensiva, es decir, una carga animal mucho más grande, y no estacional sino permanente. Además hay requerimientos del forraje para los animales que exigen la intensificación de una práctica, que es histórica, la del rollado, es decir la quema para favorecer de rebrote de pastos tiernos. Esto hace que se intensifiquen los incendios. Dejan de ser aislados y se unifican por la intensidad de la práctica. Y son desproporcionados, y descontrolados, a lo que venían siendo en tiempos históricos. La quema para el rebrote, además, supone una renovación superficial de la hierba. Pero lo que vemos afecta las raíces más profundas, por lo tanto el impacto es desmedido también.

"El desafío es ver cómo se regulan estas actividades. Cómo se les pone límites a determinadas prácticas productivas agresivas para la sustentabilidad del delta"

Se dice que la bajante y la sequía aceleraron los incendios ¿Es así?
Es una convergencia de factores. Pero el primero y más importante dato que no hay que soslayar es la masividad de las quemas. El segundo, es cierto, estamos en una bajante histórica, del sistema (de los ríos) Paraná-Plata, que también incide. Y además estamos con déficit de precipitaciones, 300 milímetros por debajo de lo esperado para esta época.  Es un “combo” letal. Una combinación catastrófica, diría, porque complejiza el problema. Por ejemplo, si hubiera agua a nivel superficial, probablemente las quemas no hubieran tenido la magnitud que tuvieron. O las lluvias habrían favorecido la extinción natural de los incendios. Además tengamos en cuenta los costos tremendos para el erario. Lo que es afrontar la extinción. En el delta tiene un costo de 17 millones de pesos diarios. El impacto en términos ambientales es enorme; también en la afectación de recursos públicos.

¿La sequía y la bajante son atribuibles a la naturaleza o también es por el maltrato evidente del hombre a los humedales?
Hay una combinación de factores desde lo natural que tiene que ver con  ciclos secos y húmedos. Ahora nos tocó un ciclo seco. Es probable que esto cambie en un par de años y tengamos un ciclo húmedo como el de 2014-2015, con inundaciones tremendas. Son fenómenos de orden global como El niño, La niña, que son los que regulan estos cambios. Pero tiene que ver con una clara avanzada de actividades que son claramente lesivas para los ecosistemas naturales. Por un lado hay toda una modificación, en las últimas tres décadas, de cambios en el sistema productivo. El proceso de pampeanización que sobrevino por el cambio en el patrón productivo hacía un modelo de agricultura de exportación y casi exclusivamente hacia la soja transgénica, con un gran aporte de agrotóxicos que forman parte de lo que se llama el paquete tecnológico del agronegocio. Por otro lado las planicies de inundación del delta son objeto de presión muy fuerte, por parte de otras formas de vida residenciales urbanas, menos respetuosas de las características de los humedales, que no asumen las condiciones del ambiente  y le producen una afectación muy seria y grave.

"Es una convergencia de factores. Pero el primero y más importante dato que no hay que soslayar es la masividad de las quemas"

¿Qué pasa en el continente que productores, desarrolladores inmobiliarios, inversionistas, recurren al delta en lugar de concretar sus negocios en el continente?
Primero lo que explicaba recién, un cambio en el patrón productivo. Y si evalúan que la actividad no es tan rentable en el continente, buscan lo que ellos consideran lugares marginales. Lamentablemente de marginal no tiene nada el delta. Pero, bueno, se les aparece a ellos como un territorio “casi virgen” en muchos aspectos, a colonizar y a ocupar. Y a cambiar en sus características ecosistémicas, de manera muy dramática. El desafío es ver cómo se regulan estas actividades. Cómo se les pone límites a determinadas prácticas productivas agresivas para la sustentabilidad del delta. En lo que va del año (la entrevista fue a principios de setiembre) más de 100.000ha. del delta han sido quemadas. E involucran una biodiversidad muy importante, que incluye especies animales y vegetales arrasadas. Poco se dice en relación a esto. El 80% del delta está ocupado por esas formaciones herbáceas; el 4% por bosque nativo. Todo esto ha sido seriamente afectado.

¿No se supone que los humedales traen beneficios e influyen en la pureza del aire y la calidad del medio ambiente en el continente?
A la valoración que debiera hacerse de los humedales, mucho más en épocas como se dice ahora, de crisis civilizatoria (…) tenemos que una de las llamadas de atención más importantes es la del cambio climático. Que aparece como un concepto ajeno, lejano, como algo de lo que van a tener que ocuparse las generaciones venideras. Bueno, no hay nada más alejado que esto ¿No? Y en este sentido, los humedales son uno de los grandes ecosistemas protectores del cambio climático, por la capacidad que tienen de retener, capturar dióxido de carbono y transformarlo en oxígeno. Lo que hacemos, por el contrario, es afectarlos de manera dramática y quitarles esa capacidad.

"La ley (de humedales) nos daría un paraguas protector mucho más rico del que tenemos"

¿La ley de humedales puede servir para paliar el problema?
Es la deuda histórica que tenemos como país con estos ecosistemas.  Siempre es mejor tener una ley que no tenerla. La ley nos daría un paraguas protector mucho más rico del que tenemos. Y si no se respeta podes accionar judicialmente contra las malas prácticas, el incumplimiento; este tipo de cuestiones que tienen que ver con pensar a corto plazo y no en el lago plazo. Estas salidas de salvavidas a determinadas economías regionales sin pensar de una manera más holística y más integral el problema, en relación a la sustentabilidad de las poblaciones. Bueno este es un desafío que no está siendo tenido en cuenta. El 23,56% del país está ocupado por ecosistemas de humedales. Un cuarto del país. Nosotros estamos mirando el delta ahora. Pero hay otra tensión más grande, de otra escala, que tiene otros puntos. Muchos ambientes que están siendo claramente vulnerados. Por actividades antrópicas como la megaminería, el monocultivo forestal, la ganadería. Las modificaciones que hace el sector arrocero, también en los humedales. Y ni qué hablar del urbanismo, que es mi gran preocupación…

Usted puede hablar con propiedad de los daños del urbanismo a los humedales, sin duda…
Bueno, tiene que ver con formas que son absolutamente extrañas, exóticas, para este tipo de ambiente. Un ambiente de humedales, por definición, tiene una presencia temporal o permanente de agua como elemento que organiza ese ambiente  ¿Entonces por qué ir a vivir a un humedal si para eso es preciso rellenarlo, ocupar su superficie y construir para que las viviendas que se alojen en él no se inunden? Es de un enorme contrasentido para la calidad de vida. Se podría justificar la polderización, ganarle tierras al mar como en Holanda, porque no tiene suelo disponible para poder desarrollar la vida. Pero en la Argentina si hay algo que sobra es el suelo habitable.

"la megaminería, el fracking, el agronegocio, la ocupación intensiva del delta con actividades no tradicionales, están validadas en torno al discurso del desarrollo"

Efectivamente suena hasta ilógico
El capitalismo actúa de esa manera. Sobre esta fase global del capitalismo, el autor británico, de raíz marxista, David Harvey, se refiere al avance del capitalismo sobre áreas no tradicionales como un mecanismo de acumulación por desposesión, mercantilizando ámbitos cerrados al mercado, de bajo costo. Es decir, dan rienda suelta a mecanismos de producción de bienes y servicios, altamente demandados a nivel global, sin medir los costos que esto tiene sobe los ambientes donde se produce esa desposesión. Cuando eso se agota, buscan en otra parte. Esta teoría explica el por qué del desplazamiento de cultivos típicos del noroeste argentino, como el tabaco, y del noreste, como el algodón, y su reemplazo por cultivos pampeanos como la soja. Esas zonas se transforman en territorios de descarte, o zonas sacrificio, como las llama Maristella Svampa.

¿Cuál es el rol del Estado en todo este fenómeno que describe?
Detrás de todo esto está la concepción de desarrollo. La noción de desarrollo que acompaña, desde los tiempos de la posguerra, se ha ido naturalizando en nuestros países de la periferia del capitalismo, como el horizonte hacia donde debemos encaminarnos. Se puede revisar el discurso político de nuestros candidatos presidenciales, y más allá del lugar en el arco político al que pertenezcan, excepto la izquierda, el desarrollo aparece como el horizonte al cual encaminar la economía del país. Entonces estas prácticas de las que hablamos, la megaminería, el fracking, el agronegocio, la ocupación intensiva del delta con actividades no tradicionales, están validadas en torno al discurso del desarrollo, y que en algún momento esas actividades podrían derramar algo de ese desarrollo al conjunto de la sociedad. Esto lleva a la discusión en Mendoza por la megaminería donde el gobernador y el gobierno nacional decían que esa actividad era buena. Algo parecido pasó en Chubut.

"El capitalismo disoció a la naturaleza de la sociedad; y subordinó los designios de la naturaleza a la sociedad"

Los gobernadores echan mano a este tipo de actividades que muestran a los gobiernos primero, como proactivos generadores de negocios para los inversores; y en segundo lugar todo este discurso vacío acerca de las potenciales derivaciones sobre generación de puestos de trabajo, por ejemplo. Pero nunca miden que impacto tienen sobre las calidades ambientales; y qué pasa con las poblaciones vinculadas con esas actividades. Y ya tenemos impactos negativos muy comprobados respecto de lo que ha pasado respecto de la Barrick Gold y la mina de Veladero (en San Juan), con la contaminación del agua por cianuro. La idea de “recurso natural” viene de la mano de este concepto de desarrollo. Se refiere a una mercancía a explotar, como el petróleo, por ejemplo. Un humedal como recurso natural es un ambiente a ser explotado. Pero si se plantea como un bien común de la sociedad, más allá de quien sea el propietario, lo regule o lo controle, ese ambiente tiene importancia no por su valor de mercado, sino por el valor para la sociedad en su conjunto. Por esto es un bien común de la naturaleza y no un “recurso natural”.

¿Y los municipios que rol tienen?
Es un dilema para cualquier tema en el que el vínculo directo con el vecino esta intermediando. En la generación de empleo pasa lo mismo, ¿A quién se le debería reclamar? Al presidente. Pero el que pone la cara es el intendente. Lo que estaría en debate en la ley de humedales es un conjunto de presupuestos mínimos, que está previsto en el artículo 41 de la Constitución Nacional, de tutela ambiental. Y que deberían tener regulaciones a nivel provincial, porque además las propietarias de esos bienes comunes de la naturaleza, los humedales, son las provincias. La ley, como decía, es un gran paraguas para después poder operar en los territorios concretos. Por otra parte no tenemos constituciones como la de Bolivia o Ecuador, donde la naturaleza es sujeto de derecho. Las legislaciones en esos países no presuponen “el desarrollo” sino el “el vivir bien”. Y esto significa volver a juntar lo que el capitalismo disoció. El capitalismo disoció a la naturaleza de la sociedad; y subordinó los designios de la naturaleza a la sociedad. Para la cosmovisión andina, del Suma Qamaña o del Sumak kawsay, lo que hay es una identificación entre sociedad y naturaleza. Si se afecta  a la naturaleza, se afecta a la sociedad.

Gustavo Camps