Por Gustavo Camps*

El periodismo digital trajo consigo las fake news. Las mal llamadas “noticias falsas” pues si son “falsas” debería saberse que no son noticias sino mentiras. También trajo la facilidad para armar plataformas que sustentan desde diseños bellos y verosímiles, escenarios útiles para plantear cualquier barrabasada con el mote de “noticia”.

Con la llegada de la democracia, tras la última dictadura, el periodismo estaba entre las actividades más creíbles y reconocidas socialmente. El periodismo como oficio, no como negocio. En la actualidad, con la degradación que trajo aparejada la digitalización, ser periodista debería dar vergüenza, aunque sea ajena, como mínimo.

En este contexto, es más que necesario en la actualidad poner en tela de juicio lo que es el periodismo y su función. Para separarlo de los negocios comerciales, las operaciones políticas y cualquier otra actividad que no sea la de informar y opinar sobre la base de la información disponible, sin otro interés que el de informar.

Un empresario puede utilizar los medios para dar a conocer lo que vende. Eso es una publicidad. Un político los puede usar para dar a conocer su visión. Eso es una nota de opinión. Con argumentos razonables y honestos cualquier ser humano puede opinar. Ninguno de estos casos debería considerarse una acción periodística.  

No esperamos que un empresario diga que su producto es inservible o que es mejor comprar a la competencia; tampoco es razonable que un político diga que lo mejor es votar a su oposición, o no votar. Un periodista si puede alertar sobre las condiciones de un producto o sobre una ideología, con la información que sustenta su visión.

Periodismo o periodismos

Citizen Kane (Foto ilustrativa )

De un tiempo a esta parte se incrustó en el periodismo una pseudo polémica entre “periodismo militante” y “periodismo independiente”, que en una redacción periodística al momento de publicar una noticia, hay que decirlo, jamás está presente. La pelea de dos pelados por un peine diría nuestro escritor, Jorge Luis Borges (1899-1986).  

Militantes necesitan los partidos políticos y muchas de las organizaciones de la sociedad civil, para que sus causas sean aceptadas por la mayoría de la sociedad. Pueden utilizar los medios para eso. Necesitan formatos periodísticos para eso, no solo la faz publicitaria les alcanza. Pueden utilizarlos y lo hacen hoy más que antes.

Entonces, no se trata de ser instrumentos de una línea política determinada. El periodista no necesita esa coherencia partidaria que si necesita el militante. La cuestión que debe primar es saber y querer elegir con criterio periodístico. Esto es básico y está visto que actualmente se cumple con cuentagotas.   

En cuanto a la mentada “independencia”, las ciencias sociales han demostrado hace tiempo que la única manera que tienen las personas de ver el mundo, es a través de un imaginario subyacente. Las viejas de pueblo, tan sabias o más que los/as científicos, lo definen así: “el que se quema con leche cuando ve una vaca llora”.

Los periodistas, entonces, miramos con prejuicio, miedo, saberes, falta de conocimiento –hoy esta ignorancia  está a la orden del día-,  virtudes, ambiciones, anhelos. Pero esto no debe ser tomado como una crítica sino como un hecho.  Es totalmente pueril ignorar ese imaginario o creer que se puede eludir.

El periodismo

La defensoría del público, organismo del Estado, acaba de lanzar NODIO -con honestidad intelectual, hay que decirlo-; un observatorio de medios y plataformas digitales que según informó la agencia oficial de noticias Télam, garantizará “iniciativas que protejan a la ciudadanía de las noticias falsas, maliciosas y de las falacias”.

Así como existen en la Argentina y el mundo observatorios con objetivos equivalentes –por caso, Chequeado.com; la ONU tiene el suyo; la agencia Télam lo tiene- es necesario separar la paja del trigo en las redes digitales. Ya que para los empresarios que explotan las redes todos son clientes y no van a discriminar quien les paga.

Por otra parte, lo que no regula el Estado, en el sistema que nos toca, lo regula el mercado. Y sabemos bien lo que pasa, lo mal que pasa, lo conocemos por experiencia cercana entre 2015 y 2019, cuando el que regula es el mercado: inequidad, sálvese quien pueda, violencia, injusticia, desidia, abandono, despersonalización y pobreza.

Sin embargo, creo que el verdadero cambio se va a dar si el propio periodismo, quienes ejercemos el oficio periodístico, tomamos la iniciativa para volver a tener una actividad útil a la sociedad, y no meramente un curro para salir del paso con lo que hay.  Porque también hay que decirlo: carne podrida, mentiras, hubo siempre.

Pero entonces no primaba el argumento técnico, ni el marketing, ni la plataforma electoral. El fenómeno de la información es complejo. Somos los periodistas, y no los políticos ni los empresarios ni los comunicadores en general, quienes tenemos que revalorizar nuestro rol en la configuración de los acontecimientos.  

*Editor denorteanorte.com