Gran cantidad de pobladores isleños se quejan de que la Prefectura Naval los para en ríos y arroyos para controlar las canoas y barcazas particulares; y hasta les exige matrículas especiales solo para lanchas remiseras y de turismo. Para los pobladores es por presión de este tipo de empresas que con la pandemia perdieron infinidad de clientes; y los quieren reemplazar con los que suelen llevar los pobladores, familiares amigos y pequeñas changas de transporte que se practicaron siempre en el delta.

El periodista va a un paraje en el delta para hacer una nota. En la canoa ve que el que timonea saluda, a diestra y siniestra, a quien se cruza en otra embarcación, o espera en los muelles que se levantan a los largo del recorrido. Le llama la atención lo conocido que es el marinero y se lo comenta como parte de la conversación del viaje.

“No mi amigo –le contesta risueño el marinero al periodista-  a la mayoría no los vi en mi vida. Pero acá en el delta se saluda a todos y todos te saludan, porque mañana él o yo nos vamos a necesitar seguro. Acá no es como en tierra que tenés todo al toque y de sobra. Si no sos solidario no podes vivir acá”.

El relato –absolutamente real- viene a cuento, pues varios pobladores delteños se quejaron que desde el último fin de semana la Prefectura Naval Argentina -con jurisdicción para controlar el tránsito de lanchas en el delta- se puede decir que prácticamente ha “tomado de punto” a los pobladores isleños.

¿Matrícula mercante?

Los pobladores piden que controlen a quienes deben controlar

Aparece la Prefectura en ríos y arroyos donde los pobladores van con sus embarcaciones con motores pequeños y llevan a familiares, amigos, y a veces se hacen unos pesos extra, con un viajero transitorio. Y les exige papelería y requisitos que pueden ser muy útiles y legítimo para una empresa que lucra, pero no para un poblador.

Pero hay más. Pues los isleños dicen que a las lanchas colectivas, por caso, que en pandemia pueden llevar solo el 60% de su capacidad normal, ni se acercan. Unos de los requisitos que más se pide es la llamada “matrícula mercante” (Ord. Marítima 9/02), un registro muy costoso y con trámite que dura varios meses.

Para lograr esa matrícula, además se requieren aptitudes personales, “aptos físicos” en la jerga jurídica, dicen los isleños, que cualquier poblador no tiene ni necesita para vivir en el delta; y mucho menos quienes superan los 50 años de edad, que en el delta también pilotean embarcaciones para poder moverse.    

Pero no solo esto último. Tal matrícula está pensada para las embarcaciones “que se destinen al comercio marítimo, fluvial, lacustre o a la actividad pesquera” y por supuesto, con tonelajes muy superiores a los que tienen las barcazas domésticas que los pobladores isleños usan en la vida cotidiana como se usa el auto en el continente.

Inflexible

los isleños buscan una solución intermedia, ni falta de control ni persecución

Esta semana los marineros de lanchas remise se reunieron con el actual prefecto de Tigre, Marcelo Ocampo, por este tema. Al respecto, el portal de noticias isleñas, Pluma de Río (www.plumaderio.com.ar), informó que el funcionario se mostró inflexible con la matriculación, algo que ni siquiera es seguro que se pueda encarar en pandemia, pues varias oficinas públicas atienden solo online

Para los pobladores la medida apunta a beneficiar al transporte comercial, que ha perdido mucha clientela turística, y es el único en realidad que suele obtener la “matrícula mercante” innecesarias para la vida cotidiana y para las “changas” que implican llevar a un viajero transitorio en alguna ocasión y que se cobre por eso.

Los pobladores piden que al menos haya un periodo intermedio para instrumentar un permiso también intermedio, entre el presente cercano en el que  no se controlaba para nada a los pobladores que circunstancialmente llevaba a alguien en su lancha, y ahora, que apenas salen del muelle tiene atrás a la Prefectura.

Tras la reunión fallida, con el prefecto Ocampo, los pobladores pondrán en autos al Consejo Asesor Permanente Isleño (CAPI), para que articule con el municipio como mediador –dado que en el  tema de transporte isleño no tiene jurisdicción- y se encuentre una salida que no entorpezca la vida de los isleños, difícil de por sí, y más en la pandemia.

Antonio Alvarez