“Se murió el fútbol”. “No arrugaba nunca” en la cancha. “El más humano de los dioses”. “Eras un símbolo de rebeldía popular”. ”¡Gracias por tanto!”. Esta es una ínfima muestra de las infinitas frases que volcaron en las redes sociales digitales cibernautas que se sintieron afectados por la muerte de Maradona ¡Y quién no!

Diego Armando Maradona (Foto Télam)

“Yo soy o blanco o negro, gris no voy a ser en mi vida” dijo en 2009, cuando el seleccionado argentino clasificó en Montevideo para el Mundial 2010.  Ese era Diego Maradona. Cero hipocresías. Nunca se preparó, o mejor, nunca pudo preparase para ser dios. Y lo fue igual. Un dios del fútbol solamente, como él tenía bien claro.

Y lo que más molestó al establishment del fútbol y de las corporaciones mediáticas es que ese mero dios del fútbol los corrió a empujones de los lugares de su propiedad. Y se hizo su sitio. Eso no se lo perdonaron nunca y nunca dejaron de facturárselo. Murió el fútbol escribió alguien en las redes. Pero Maradona  seguirá vivo en la memoria.

Fue el mejor jugador de fútbol de todos los tiempos. Y si hay otro que se le asemeja en la cancha, es la excepción que confirma a Maradona como el más grande. Pero Maradona también es lo que es porque afuera de la cancha nunca dejo de ser humano. No escondió sus contradicciones. Y eso empecinaba a los hipócritas.  

En las vecindades de la estación Virreyes, donde está la morgue de San Fernando, los hinchas acompañaron ayer los restos de Maradona

Mujeres y hombres que no pisarían una cancha aunque les hubiesen pagado la entrada sintieron su muerte. Miles y miles de hinchas, de cualquier equipo de fútbol, que daban todo por ver jugar al Diego, sintieron su muerte. No vieron a un líder, a un maestro, a un ejemplo. Vieron a un tipo. Vieron a un igual, que se la jugaba.

Lejos de caer en la pequeña victoria autocomplaciente. En ese solo día de furia. En aquel placer austero. Maradona quiso sin restricciones lo que hizo. Por eso, por ejemplo, en el fútbol se explicaba que no solo era bueno con la pelota en los pies, sino que se cargaba al hombro a todo el equipo y lo acarreaba al ataque.

¡Gracias por tanto! Le reconocieron en las redes también. Se referían a ese hombre desmesurado fuera de la cancha, y a lo que hacía adentro con la pelota. Maradona no fue una caricatura. Transitó una expedición riesgosa que le acarreó golpes, heridas y el final. Pero supo eludir pacaterías, evitar lisonjas. Y no se asimiló al poder.

Gustavo Camps