Ayer miércoles se conoció el fallecimiento de Abraham Gak, a los 91 años. El editor de denorteanorte.com recuerda su experiencia de vida estudiantil universitaria, en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, recién llegada la democracia en 1983. Gak era una de las autoridades universitarias que dialogaba con la militancia estudiantil, en una experiencia que aportaba a los procederes de la casa de estudios, pero también de la democracia.

Por Gustavo Camps*

Un curriculum de Abraham Gak, que se difunde públicamente en la Internet, lo sitúa entre 1994 y 1998 como secretario de Comunicaciones de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA (FCE). Varios compañeros de estudio de esa casa lo conocimos allí mucho antes, recién llegada la democracia en 1983 y años siguientes.

Abraham Gak ejerció cargos directivos durante los decanatos de Schuberoff y tal vez de Portnoy también, en Económicas. Pasaron varios años ya. Por entonces, después de tanta oscuridad y crimen dictatorial, la Universidad revivía. El conocimiento tomaba otra perspectiva; y la democracia era el horizonte que desafiaba.   

Nosotros éramos un grupo de estudiantes que descreíamos de los partidos políticos, aunque  no de la política. Militábamos en la Corriente Independiente de Ciencias Económicas. La “CICE”. Defendíamos la autonomía universitaria, los derechos humanos y una teoría económica que no era la que dictaba la FCE.  

Llegamos a tener dos lugares en el centro de estudiantes. Eran épocas del “¡Ni olvido ni revancha!” y “No al punto final y la obediencia debida”. Nosotros veíamos a Abraham Gak como un interlocutor válido en el decanato. Pedíamos hablar con él. Más de una vez él mismo nos convocó. Nos escuchaba y debatíamos con él.

Teníamos una cartelera muy visible en el pasillo de entrada a la facultad, paralelo a la calle Junín. Y cuando nuestra agrupación era demasiado crítica en un tema, el área de maestranza arrasaba con todos los papeles, posters, petitorios, volantes y murales que pegábamos allí. Y entonces íbamos a reclamarle a Abraham Gak.

(Foto Defensoría del Pueblo de Morón)

Si queríamos organizar una conferencia o una actividad en algún salón o en el patio, lo mismo. Él nos autorizaba, previa charla en la que informábamos los temas y los invitados; pero debatíamos mucho, pues varías veces ponía objeciones directamente o bien aportaba ideas sobre lo que le presentábamos, según su propia visión.  

Una de nuestras voces grupales, Darío Massimilla, que era el que más se le animaba, muchas veces después de largos debates, sobre lo que fuere, lo miraba fijo y le decía lento y profundo: “¡Pero Abraham. Escúchenos!” Era mágica esa frase. Allí Gak accedía o nos invitaba a seguirla en otro momento, con nuevos argumentos.   

La mayoría, sino todos los del grupo La Cice habíamos comenzado la facultad en dictadura y votamos por primera vez en 1983. Recién comenzábamos a recorrer la vida y la democracia también, por nuestra propia cuenta. En la práctica, Gak nos enseñó el valor del debate franco; y que escuchar y ser escuchado es parte de cualquier solución.

Cierta vez, por aquellos años, nos enteramos por algún funcionario de la FCE, de que Gak había chocado en su automóvil, y había resultado muy golpeado. Varios meses estuvo internado por aquella colisión. Recuerdo que armamos una comisión y lo visitamos. Lo agradeció muchísimo. Yo no pude ir por razones de trabajo.

La vida continuó. No me pareció raro en lo absoluto cuando me enteré de que había sido elegido Defensor del Pueblo de Morón. Y menos aun de que haya sido el propulsor del Plan Fénix, nacido en la Universidad. Encontrarse. Reflexionar. Escuchar. Debatir. Resolver problemas de esa manera era lo suyo.

*Editor de De Norte a Norte-Noticias las 24 Horas (denorteanorte.com)