Organismos de derechos humanos; sindicatos; y asociaciones de abogados anunciaron con pesar el deceso, a principios de marzo, de Ernesto Moreau, miembro y dirigente de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) y la Asociación de Abogadas y Abogados de Buenos Aires (AABA). En esta nota su colega, Juan José Prado, que tuvo la oportunidad de compartir caminos profesionales y de lucha con él, lo recuerda como un abogado que puso su profesión al servicio de los más necesitados de Justicia, en un sistema judicial injusto y decadente, como el que se conoce.

Por Juan José Prado*

La desaparición de, Ernesto Moreau, significa una pérdida valiosa para quienes hemos abrazado la abogacía priorizando los valores éticos y sociales, con sensibilidad humana, elemento indispensable para el ejercicio de tan noble profesión. 

Para la Asociación de Abogados, que presidió entre 2003 al 2005, fue un presidente progresista; preocupado por el respeto a las instituciones políticas, la Constitución Nacional y las leyes que la interpretan como un proyecto colectivo de inclusión social.

 Militante por los derechos humanos, Ernesto Moreau constituyó para la Asociación la expresión de que la abogacía no es una mercancía ni el someterse a las corporaciones hegemónicas del poder real.

Emprendió la defensa de los derechos de los discriminados sociales, y los perseguidos políticos. Asumió con riesgo la defensa, entre otros, de Milagro Salas. Por los perseguidos políticos presentó acciones ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Ernesto Moreau

(Foto AABA)

Luchó por el respeto a las ideas. Coherente con su pensamiento a favor de las causas sociales, desde su paso como estudiante en la Facultad de Derechos de la UBA, lo expresó como profesional, y desde la Asociación, con suficiencia y saber jurídico.

Fue para mí un honor que presentara mi libro “La causa de Lalo” junto a otro ex presidente, el colega Eduardo Tavani. La obra descorre el velo de juicios armados por dictadores en complicidad con el orden establecido. Contra eso mismo luchaba Ernesto.

La historia política argentina presenta una secuela de hechos producidos por los mismos personajes en perjuicio del pueblo. Ernesto no aceptó el menosprecio a la voluntad popular.  Por eso luchó por el respeto a la ley, la Constitución y por Verdad y Justicia.

Fue un abogado digno. Y su ausencia deja un vació para los que defendimos la abogacía al servicio y por la defensa de los desamparados de la Administración de Justicia, y de la injusticia social, por la dignidad de los derechos humanos.

Descansa en paz compañero, ejemplar luchador te recordaremos permanentemente…

*Abogado. Ex presidente de la Asociación de Abogados de Buenos Aires. Miembro de la Mesa Directiva de la APDH (Asamblea Permanente por los Derechos Humanos)