El doctor Prado, que recuerda bien lo que pasaba en otros tiempos con la Circular 1050, sigue analizando la situación en torno a los créditos UVA para la compra de inmuebles. Aquí describe el rol de los bancos, y sostiene que la solución debería partir de la propia banca; además explica que la situación del Estado para tomar partido por los deudores sin más, en la pandemia, está comprometida por la necesidad de recursos.

Por Juan José Prado*

Una de las banderas políticas del gobierno de Alberto Fernández es la seguridad jurídica y el apego a la ley. Algo que, en el caso del gobierno anterior, que encabezó el empresario, Mauricio Macri, está en tela de juicio. En este contexto, la solución política para los créditos UVA pasa por interpelar a la corporación bancaria. Y en el actual contexto esto es muy difícil.

Quienes firmaron los contratos de hipotecas UVA lo hicieron sabiendo lo que hacían. El riesgo que corrían. Al momento de la firma, durante la gestión del presidente Mauricio Macri, la máxima referencia política, el Presidente de la Nación, predicaba la inflación cero, y las instituciones bancarias asentían ese predicamento.

Los deudores de crédito UVA no son indigentes.  La mayoría, en sus ingresos, superan el índice de pobreza.  Sus niveles de ingresos, de hecho, les permitieron la suscripción de los contratos. Los ingresos altos eran una condición impuesta por la banca; y los deudores la acreditaban para ingresar a esos créditos hipotecarios.

La creencia en la existencia de esa política, que el presidente en ejercicio de entonces  sostenía públicamente, los animó a firmar dichos contratos que, sustancialmente, se basaban en el riesgo de “inexistencia de inflación”. Deudores y banca firmaron de conformidad. Ambos aceptaron el riego, la banca acreedora y los deudores.

Decisiones prioritarias

La solución de estos contratos hipotecarios debería encontrarse entre la banca que corrió el riesgo de entregar los créditos

El actual gobierno está preocupado por la indigencia y la pobreza (herencia con gran aporte macrista, fruto de las políticas económicas aplicadas en esa gestión) extendida a un amplio sector de la población. Y esto, asimismo, agravado por la pandemia de coronavirus, que tiene lugar en todo el planeta, no solo en la Argentina.

Las decisiones prioritarias del gobierno son alimentar a la población, con políticas sociales para reparto de comida y sustentabilidad familiar. Con la pandemia se agrega el cuidar la salud, desde los más vulnerables. Y apuntalar a las empresas para que puedan seguir pagando sueldos aunque no generen sus ingresos regulares.

Sin duda, producto de aquellas políticas financieras, en detrimento del trabajo, la producción y la distribución equitativa de la riqueza; sumados ahora los perjuicios por la pandemia, muchos deudores UVA no están en la misma condición económica que cuando contrataron los UVA. Pero no están entre los que menos tienen. 

La solución de estos contratos hipotecarios debería encontrarse entre la banca, que corrió el riesgo de entregar los créditos pues asentía la existencia real de cierta política económica que la beneficiaba; y los deudores, que corrieron el riesgo de tomar los créditos confiados en la verborragia del gobierno que predicaba la “inflación 0”.

El poder real

Una marcha de hipotecados UVA antes de la pandemia (Foto T´ÉLAM)

Se debe saber, no obstante, que la banca es insensible. Se niega a encontrar una solución basada en el riesgo compartido. Conforma lo que denominamos el poder real. Y lo ejerce con toda su fuerza. Así, constituye uno de los obstáculos para que el gobierno actual pueda sanear la economía. Opera en la micro y la macroeconomía.

Ante este escenario de créditos UVA impagables la banca, si el Estado media, le exigirá compromisos. La banca nunca quiere perder y exigirá también fondos del gobierno nacional. La situación es de manual. Pero el gobierno no puede dilapidar una masa de dinero importante para solucionar esta herencia desestabilizante.

El gobierno actual comenzó su mandato caminando sobre un terreno minado por estos casos de las hipotecas UVA; y otros también producto de una política pensada en beneficio de muy pocos. No hubo ministerio de Salud en aquel período. Eso es todo un signo. Y en la actualidad,  la pandemia también demanda urgentes soluciones.   

Con la banca, el gobierno debe encontrarse en las tratativas con el FMI. En este contexto es lógico pensar que para el gobierno no es prioritario un nuevo frente de batalla, para exigir un acuerdo entre deudores UVA y acreedores financieros. Y como decíamos, la urgencia del gobierno está en los que menos tienen.

*Abogado. Ex presidente de la Asociación de Abogados de Buenos Aires. Miembro de la Mesa Directiva de la APDH (Asamblea Permanente por los Derechos Humanos). Gran Maestro de la UBA