La misión básica del periodismo debería ser –lo fue- descorrer el velo de las realidades sociales silenciadas u ocultas. El siglo XXI nos encuentra en otra cosa a los periodistas regionales, zonales, locales. Y esto no lo decimos por la pandemia que solamente suma desconcierto a una situación que necesita transformación urgente.

Gran parte de los periodistas del país esquivamos los fuegos de cierta militancia, que pretende mimetizar su propaganda entre la información; y de los empresarios que pretenden convertir la información en mercancía, amén de que explotan a los trabajadores de prensa con sueldos –cuando pagan- por debajo de las necesidades.

Las tecnologías –no el aislamiento por la pandemia- nos alejaron de las fuentes. Recibimos whatsapp, correos electrónicos, mensajes en las redes, llamadas. Difícilmente podemos ver con nuestros propios ojos; para evaluar y registrar lo que nos dicen sobre eso que, primero, deberíamos estar viendo y comprendiendo. .

Ética

Además está la expresión que dejo de ser denunciativa; para convertirse en una frase hecha que no inquieta: “Nos están meando pero la prensa dice que llueve”.  Construyamos un periodismo crítico, que no rehúya de su propia ideología. Un periodismo capaz de dar testimonio de la propia experiencia ante los hechos.

¿Puede ese testimonio ser parcial, equivocado, intrascendente, trivial, superficial? Por supuesto que sí. Después de todo, los periodistas somos antes que otra cosa, seres humanos. Lo que no puede ser ese testimonio es falso, comprado, copiado, vendido, armado para gratificar a las dictaduras del público, o del poder.

Las redes sociales no pusieron en crisis al periodismo. Solamente pusieron en evidencia un oficio que requiere transformaciones urgentes para dejar de ser parte de un espectáculo pasatista. Un oficio que debe reconvertirse en esa herramienta insustituible para una democracia que le sirve a la comunidad y no al mercado.

Si somos honestos la consistencia y la coherencia de nuestros artículos vendrá por añadidura. No se trata tampoco de mirar para atrás. Ningún tiempo pasado fue mejor ni peor por definición. La responsabilidad ahora es nuestra. De quienes vivimos el presente.  No se trata de academicismo, ni de ser intrépidos, sino de ética.

Gustavo Camps
Editor denorteanorte.com