Andrés Pavón retoma su columna para poner en tela de juicio la educación conservadora. Y además explica cómo se fue tejiendo en el inconsciente colectivo nacional esa suerte de desdén, desprecio, por quienes carecen de esos rasgos tan característicamente europeos, como cierta estatura y cierto color de piel. Como si las características físicas pudieran moldear también la ideología, la visión sobre el progreso, o el trabajo. Y muestra que así como la explotación, no nació en este siglo, sino que viene de antes, los explotadores siguen siendo los mismos.

Por Andrés Pavón

Todos y todas tenemos en nuestro imaginario cultural, porque así lo hemos aprendido en la escuela, que la Asamblea del año XIII abolió (en parte) la esclavitud con la "libertad de vientre". Es decir, que todos los niños negros nacidos en las Provincias Unidas serían libres, como así también todos los que pisaran el suelo patrio.

Bien, pero la verdad es que la esclavitud se extendió, más o menos a escondidas hasta 1853. Entonces la Constitución Nacional estableció, en su artículo 15, la libertad de todos los esclavos en este suelo, y también la de todos aquellos que eran traídos en los barcos, por el solo hecho de pisar el suelo argentino.

La Argentina por esos años entra a la segunda Revolución Industrial; como proveedora de alimentos y materias primas. Entonces los dueños de los grandes latifundios bonaerenses se quedan sin mano de obra para sus campos, haciendas y casas en la "gran aldea". El Gobierno, es decir "ellos" (siempre "ellos") fomentan con pasajes gratis y subsidios (con recursos de todos) la inmigración Europea.

Genocidio mediante, en la mal llamada "Conquista del Desierto", se extendieron las fronteras aptas para el cultivo y la ganadería. Entre 1860 y 1890 llegaron en barco más de 1.500.000 de pobres, desplazados o perseguidos por la civilizada Europa. Por esos años se pregonaban las ideas de Alberdi y Sarmiento, sobre "repoblar" la Argentina con "sangre europea".

Sangre gaucha

Los gauchos matreros (foto El Agrario)

Sarmiento dijo una vez "México perdió la oportunidad de ser potencia por no haber terminado con el indio".  También en una carta recomendaba a Bartolomé Mitre "no economizar sangre gaucha, que solo sirve para abonar la tierra". Eso era el pensamiento de la oligarquía terrateniente, la cultura europeizante, afrancesada. 

Aquellos esclavos hoy somos los "negros". Años atrás fuimos los “cabecitas"; los "grasas" ¿Han caminado alguna vez por uno de los innumerables barrios carenciados"? ¿Cuántos rubios, "blanquitos", "gente como uno", vieron? Casi ninguno. Entonces, ante esto nos debemos hacer varias preguntas.

La hegemonía cultural (Gramsci) hizo todo lo posible para invisibilizarnos y relegarnos cuando ya era imposible hacernos "abono". Éramos la “barbarie”; gente “incivilizada”. Es bien sabido que ésa suerte de "invisibilización"  nos trascendió. Pero de otra manera y no sé cuál resulta más lacerante.

¿Los que vinieron de los barcos estaban más aptos para desarrollarse y progresar? ¿O la "europeización" nos relega a nosotros a empleos menos pagos? Sin duda muchos negros consiguen escalar económicamente. Pero son tratados como alguien que a pesar de las "dificultades" (creadas por la oligarquía) lo ha logrado.

La escuela

La escuela tiene mucho que ver en esto. Aún se sigue hablando de la escuela como "liberadora". Como herramienta de ascenso sociocultural. Pero no es más que otro artilugio para conservar, perpetuar el patrón social existente. De niño en el acto por el 25 de Mayo siempre me tocó ser "vendedor de velas". A mis hijos, y a mis nietos, también.

La escuela "proporciona una aparente justificación de las desigualdades sociales", y “un reconocimiento a la herencia cultural" (La Escuela como fuerza conservadora: Desigualdades Escolares y Culturales, Jean Pierre Bourdieu). Esto tampoco lo tenemos que perder vista cuando hablamos de educación en abstracto.

El artículo 15 de nuestra Constitución, además de establecer el fin de la esclavitud, estableció un "resarcimiento"; digamos una indemnización. Algún desprevenido podrá leer en esa frase algo bueno "está bien que los Constituyentes hallan indemnizado a los esclavos, después de trabajar tantos años, ellos y sus ancestros gratis".

Pero cuidado estimados. Lamento decirles que la indemnización no era para los esclavos que hicieron acrecentar las fortunas a la oligarquía terrateniente y burguesa. No. La indemnización era para los que se habían sentido perjudicados; ellos, siempre ellos. Así nacía el Estado burgués, padre una democracia burguesa.

*Militante del movimiento peronista en San Martín, referente de Causa Nacional San Martín en FADELI