Una recorrida por las cárceles del siglo XXI no parece ser algo demasiado diferente de lo que pudo haber sido recorrerlas a mediados del siglo XX o en el siglo XIX. El columnista,  Andrés Pavón, hace un mes recorrió las Unidades 47 y 48 del Complejo Penal de San Martín con una comisión de "Monitoreo y control de lugares de encierro". En esta nota hace un poco de historia y relata sobre lo que vio en el presente.

Por Andrés Pavón*

A modo de introducción diremos que con la llegada de los españoles también vino su sistema jurídico y carcelario. Un sistema sobre la base del castigo a quien transgredía la norma y no en la recuperación del transgresor, digamos del delincuente para simplificar, para que sea útil a la sociedad.

En todas las ciudades fundadas en América los españoles instalaron la “picota” o el "rollo". Era una columna de piedra, a veces un tronco y ya,  dónde los adelantados clavaban el acta de fundación. Allí se exponía el vasallaje. Ese lugar también les servía para "penalizar" con azotes, o la muerte, a los acusados de algún delito o falta.

A principios de 1600 se crea el Cabildo, y con él los primeros calabozos como anexo. Allí, en un espacio reducido, eran hacinados los presos. Esto daba lugar a sangrientas contiendas. Las condiciones higiénicas eran deplorables; la comida era mala e insuficiente. De hecho, esos lugares no estaban institucionalizados como “cárceles”.

En todos los lugares de encierro de la corona española era común la aplicación de castigos corporales. Recién 100 años después se crea la "Casa de las corregidas" dónde fueron alojadas las mujeres, que hasta entonces eran encerradas junto a los hombres (de qué se las “corregía” a las mujeres da tema para otra nota, sin duda).

Garrote vil

Las cárceles actuales

Todos estos datos pueden chequearse con investigaciones de historiadores como Felipe Pigna; de trabajos públicos de él los extractamos, para esta nota. Y para continuar diremos que por muchos años, asimismo, la actual Plaza de Mayo fue lugar de ejecuciones. Numerosos vecinos se acercaban a ver el "espectáculo".

A mediados del 1.700 el Cabildo compra un esclavo para que se ocupe de dar tormentos a los numerosos reos. Porque los presos –se cita que existen actas sobre esto-  estaban en las cárceles sin recibir castigo. Por entonces el Cabildo estrena el "garrote vil", una silla de alto respaldar, y collar de hierro, para estrangular al reo.

Con la llegada del gobierno patrio, también llega un poco de "humanización" para los infortunados. El 23 de noviembre de 1811 el Triunvirato declara: "Siendo las cárceles para seguridad y no para castigo de los reos toda medida que a pretexto de precaución sirva para mortificarlo, será castigada rigurosamente" (recordemos, 1811).

Más adelante, la Asamblea del Año XIII ordena la quema de los elementos de tortura y prohíbe la aplicación de tormentos a los detenidos (recordemos otra vez, 1813). Ya en 1877 Sarmiento inaugura una “cárcel modelo", en la zona de Palermo, dónde hoy se encuentra la plaza Las Heras (funcionó hasta 1962, año en que fue derrumbada).

Traje a rayas

En la foto Marcelo Prado con Alejandra Timberini; Pavón; y Gustavo Segovia, de comisión de Monitoreo

Allí a los detenidos se les asignaba un número y  el famoso "traje a rayas". Recién en la primera presidencia de Juan Domingo Perón, se les quitó el "traje a rayas". Y se dejó de usar el número. Al menos en teoría, las disposiciones consignaban derechos como alimentación, acceso a la salud, el trabajo y vínculos con sus familiares.

Otra cárcel con historia fue la de Ushuaia. Funcionó entre 1902 y 1947. La geografía de por si era de extrema dureza. Muchos anarquistas que lucharon las oligarquías extrajeras y locales de la Patagonia fueron a parar allí. En 1955 la “revolución fusiladora” que derrocó a Perón la utilizó para llevar a detenidos políticos. 

Bien, todo eso forma parte de la historia. Pero el miércoles 23 de junio de este año pude participar, junto a un grupo de compañeros y compañeras integrantes de una comisión  de "Monitoreo y control de lugares de encierro", en una recorrida realizada en las Unidades 47 y 48 del Complejo Penal de San Martín.

No fue una invitación de cortesía. La observación y la supervisión está dispuesta por el artículo 41 de la Ley 26.877; y reglamentada por la resolución el Comité Nacional para la Prevención de la Tortura (CNPT) N° 33/20 y sus anexos; norma que regula el  Registro de Organizaciones que realizan visitas de monitoreo.

El presente

El complejo de San Martín alberga más del doble de detenidos, para los que fue construido. Los monitoreos continuarán en comisarías de Billinghurst y José León Suárez

Si bien el informe con un diagnóstico final y formal se realizará luego de concluida completamente la "intervención"; la cual será informada a toda entidad, organización y asociación ligada a ésta problemática; a priori y reconociendo de antemano la parcialidad de esta visión particular, podemos adelantar algo de lo observado.

Para resumir lo vamos a exponer en puntos: -Hacinamiento: el complejo de San Martín alberga más del doble de detenidos, para los que fue construido. -Deficiencia, y en algunos casos carencia, en el acceso a la salud; por caso, en la enfermería no hay algo tan esencial como camillas, insumos; y solo va un médico un día por semana.

Además observamos –Falta de camastros y colchones en las celdas; las cuales a veces “albergan” hasta 18 encarcelados, cuando la capacidad es para 4 (cuatro, si). -Paupérrimas condiciones edilicias y de higiene de las celdas “especiales” de castigo (buzones).  En este momento podemos recordar 1811 y 1813.

También observamos: -La lentitud de los "procesos judiciales", sumado a la falta de comunicación entre el detenido y su defensor oficial. Esto les hace casi inaccesible el acceso a muchos derechos, que de ser aplicados, humanizaría un poco el encierro; y, llegado el caso, hasta disminuiría la superpoblación.

Como conclusión a priori nos animamos a decir que lamentablemente los elementos y las prácticas se fueron renovando y se hicieron más sofisticados con el paso del tiempo, pero el castigo persiste como hace dos siglos. Más allá del hecho de que también es una verdad de Perogrullo: El Estado no debe, no puede torturar.

*Miembro fundador de la asociación de Familiares de Detenidos y Liberados FADELI; y militante del movimiento peronista en San Martín.