El doctor, Juan José Prado, docente de derecho y ex presidente de la Asociación de Abogados de Buenos Aires, relata los avatares de cómo se llegó a la fecha que conmemora el Día del Abogado. El vecino de Vicente López recuerda una exposición sobre el oficio que compartió con sus colegas de la Asociación en 1977 como presidente de la institución; y algo que para nada está demás en los días que vivimos; resume cuál debe ser el horizonte que debe guiar a sus colegas de la profesión. Por supuesto, hacia el final, les envía su gratitud

Por Juan José Prado*

En el día de hoy, 29 de agosto, se celebra el Día del abogado.  Se vincula la celebración al proceso biológico de un hombre dedicado a la cultura del derecho como ciencia y ordenador social.  Me refiero a la figura de Juan Bautista Alberdi (29/8/1810-19/6/1884); que se autocalificará como “…un ausente que nunca salió del país…” habida cuenta de que vivió en el extranjero más que en su patria.

La celebración del Día del Abogado mereció una polémica entre pares para determinar qué día y porqué podría festejarse “nuestro día”. Impulsado por la Asociación de Abogados de Buenos Aires, considerábamos que correspondía, como hombres de derecho, fijar institucionalmente nuestro día en la importancia y trascendencia de nuestra Carta Magna; y por ello decíamos que correspondía el 30 de abril, fecha de la firma de la Constitución que se promulgaría el 1 de mayo de 1853.

En la discusión prevaleció el criterio del “orden establecido”; y los abogados de la calle Montevideo (el autor se refiere al Colegio de Abogados de la CABA) hicieron valer su “poder real”  en el contexto del colectivo abogadil. No está exento de contenido político asignar en el calendario un día para celebrar tal o cual acontecimiento.  El día también es político, digamos, y me permito utilizar la oportunidad para recrear aspectos de nuestra función social de abogar.

Volver al pasado es parte de mi presente. Más de sesenta años de ejercicio profesional en forma intensa; y mi transitar por la docencia, me permiten el atrevimiento de recordar algo que el 26 de junio de l977 expuse ante mis pares frente a la Presidencia de la AABA.

“No está exento de contenido político asignar en el calendario un día para celebrar tal o cual acontecimiento”

Por aquel entonces dije:

“…Las palabras de Álvaro Martínez recogidas en la Historia de la Asociación, fuente castalia donde deben abrevarse los testimonios de toda la trayectoria de nuestra entidad, refiriéndose a la época y decir de los fundadores, (año1934) sostenían que pretendía la Asociación “asumir la defensa del gremio” (…); y agregaba que la palabra “gremio”, aplicada a las actividades del abogado, sonaba como una herejía; en un mundo forense, que aún no había abandonado el ámbito académico y cultural en el que se desenvolvían los colegios profesionales de la época. La visión de esos gigantes de espíritu advertía la necesidad de una organización, y así entonces articularon y ordenaron su instrumentación”.

En aquella ocasión lo resaltaba; y con el paso de los años seguí resaltando la apelación para que impere el respeto a los Derechos Humanos; y de esa forma descartar definitivamente de los hogares argentinos el llanto de la muerte violenta y la angustia por la suerte de los desaparecidos. El abogado debe reunir las condiciones de humanidad y capacidad científica para el cumplimiento de su función.  La función social que le asigna una sociedad enmarcada en el respeto a la Ley, la búsqueda de  la Verdad, y el cumplimiento de la  Justicia. 

Si las altas casas de estudio educaran para la función específica de comprender las necesidades sociales –la educación, tan mediatizada en estos días-.  Si esa necesaria política educativa se contemplara en las altas casas de estudio, sin lugar a duda sobrarían abogados que defiendan las causas sin justicia de nuestra sociedad. Desde estas líneas ¡Feliz Día compañeros abogados!

*Abogado. Ex presidente de la Asociación de Abogados de Buenos Aires. Miembro de la Mesa Directiva de la APDH (Asamblea Permanente por los Derechos Humanos). Gran Maestro de la UBA