El columnista tiene una vida hecha y reconocida en el derecho y la docencia universitaria. Pero eligió, otra de sus actividades, la música, para expresar una esperanza, seguramente sensibilizado por estos dos años de pandemia que transita con la ventaja de haber vista pasar mucha agua bajo el puente. Habla de consensos, igualdades, batutas, instrumentos, tolerancias y un horizonte hacia donde siempre vale la pena  dirigir la mirada.   

Por Juan José Prado*

Si la sociedad pudiera sintetizarse en una orquesta sinfónica, el consenso, la igualdad, la aceptación al diferente, la tolerancia, sin lugar a duda se lograría. En mis postreros años, superados los ochenta y siete, logré retornar a la música incorporándome a una orquesta sinfónica, dispar en su composición con directores y músicos juveniles.

La conformación de la orquesta, como se sabe, es un conjunto de músicos ejecutando instrumentos diferenciados. La percusión, los de viento, y el conjunto de cuerdas hacen un todo, pero diferente a cada instrumento.

La tolerancia pude percibirla desde la ejecución de la primera nota con mi violín. Nos contactamos las cuerdas con los demás armoniosamente, como lo impone la partitura -instrumento fundante- puesta sobre el atril del Director de Orquesta.

La orquesta El Faro, del Centro Cultural y Social El Faro

Comienza la aceptación de lo que el director descubra de la partitura. Batuta en mano nos orientará, a los músicos todos. A la orquesta le transmitirá, indicando a tiempo, a quién le corresponde el acto de ejecutar el sonido apropiado,  y en esa acción expresar la impronta del autor, reflejada  en el pentagrama.

El director nos orienta en la mística y la épica de la composición musical. Nuestra asociación orquestal fija el rumbo señalado por el autor, en primer término, y la interpretación del director.

La batuta nos iguala. Establece el equilibrio adecuado entre los sonidos armonizándolos, en igualdad de oportunidades, no obstante sus diferencias instrumentales.

Al terminar la ejecución, el aplauso recoge el camino sembrado por la música, mediante el consenso, que conduce al imaginario tan deseado del ser humano. El efímero espacio de la felicidad.

*Abogado. Ex presidente de la Asociación de Abogados de Buenos Aires. Miembro de la Mesa Directiva de la APDH (Asamblea Permanente por los Derechos Humanos). Gran Maestro de la UBA. Violinista en la orquesta El Faro; del Centro Cultural y Social El Faro