El expresidente, Mauricio Macri, escribió una carta pública en las redes sociales sobre las y los argentinos que deciden migrar. El editor de De Norte a Norte-Noticas las 24 Horas pone de relieve que a más de dos años de su gestión aún no hizo una autocrítica sobre cómo dejó al país tras su mandato; en cuestiones tales como la inflación, las tarifas de servicios públicos, las pequeñas y medianas empresas, y el empleo.

Por Gustavo Camps*

Con estupor leí la carta que el ex presidente, Mauricio Macri, colgó de las redes sociales digitales este domingo. Tras su gestión, donde decisiones de su gobierno dispararon las tarifas de servicios públicos como nunca en la historia; y la inflación fue la más alta en al menos dos décadas. No hizo una autocrítica sobre esto ¿Ahora se interesa por quienes emigran?

Tal vez el inconsciente le jugó una mala pasada dado que la Justicia estudia si lo deja viajar a Uruguay a un encuentro sobre negocios offshore ¿Pensará en convertirse en migrante?  Porque se lo investiga por escuchas ilegales a familiares de víctimas del ARA San Juan, un submarino que en su gestión se fue a pique. Sobre esto tampoco hizo autocrítica.

“Es difícil saber qué motiva a cada uno de ellos a irse, pero seguramente tienen en común el hartazgo de los ciclos negativos que se repiten en la Argentina (…)”, escribe el ex presidente sobre las y los argentinos que deciden migrar actualmente, como si entre 2015 y 2019 él hubiera sido presidente de Marte; o de Ucrania, para no irme tan lejos.

Y no hago una crítica partidaria. Porque desde mi oficio, el periodismo, conozco a un montón de militantes opositores al actual gobierno, al peronismo, al kirchnerismo, así como a oficialistas y a militantes dentro de cada una de estas categorías, y de otros espacios, que creen en la política para sacar al país adelante; y no como una herramienta para autoenriquecerse.  

Atmósfera

Los que se van expresan la oscura atmósfera que se instaló en el país. Ellos se van, pero esa atmósfera persiste y los que se quedan se sienten acechados”, escribe también Macri.  No es mi caso. En democracia jamás me sentí acechado; aunque si estoy atento a quienes asechan para obtener ventajas o prebendas. Por eso esta nota.

“Entendamos a los que se fueron o están por irse. Tenemos que comprenderlos y apoyarlos”, escribe asimismo, en otra parte de su posteo el ex presidente. Una lástima que esa actitud no se haya visto en su gestión; con miles de trabajadores y trabajadoras despojados de su sustento; pymes obligadas a cerrar, obras paralizadas.

“Aunque parezca raro los argentinos que nos quedamos en el país tenemos una deuda inmensa con los que están yéndose”, escribe Macri. Sobre la deuda pública, por caso, mayor en términos de Producto Bruto Interno a la gestión anterior a la de él, por ejemplo,  tampoco hizo una autocrítica ni explicó en qué se utilizaron los fondos.

El ex presidente describe “un país inviable” con palabras y frases como “mediocridad”, “decadencia”, “torpeza”, “gula de poder”, “fanatismo”, “mentira sistemática” ¿Se habrá mirado al espejo? Lo mejor que podría hacer Mauricio Macri es dedicarse abiertamente, y desde el llano, a los negocios en sus empresas. Y no tratar de usar al Estado para enriquecerse más.

*editor en De Norte a Norte-Noticias las 24 Horas

La carta del Ex presidente Mauricio Macri

A LOS ARGENTINOS QUE SE VAN Y A LOS ARGENTINOS QUE SE QUEDAN

Estamos ante el mayor éxodo de argentinos de la historia. Hay miles de jóvenes, hombres y mujeres, que parten solos rumbo a otros países, familias que se van con sus hijos desafiando todas las dificultades que eso significa, parejas recién formadas que se aventuran juntas, graduados de todas las disciplinas, empresarios gigantes y de todos los tamaños que prefieren seguir en otro lado, empleados corporativos que piden expatriarse, comerciantes que venden todo para armar una vida en otro lugar, emprendedores que no están dispuestos a ver fracasar sus proyectos, técnicos, especialistas, trabajadores, operarios… Se van del país. Muchos de ellos publican sus fotos en las redes sociales cuando están en Ezeiza a punto de partir. A veces acompañan las fotos con textos llenos de esperanza por lo que los aguarda, pero siempre hay pena o bronca por lo que dejan atrás.

Es difícil saber qué motiva a cada uno de ellos a irse, pero seguramente tienen en común el hartazgo de los ciclos negativos que se repiten en la Argentina y la falta total de futuro que produjo el actual gobierno. Porque es indiscutible que las autoridades se han empeñado en cerrar cualquier puerta que pudiera traer un alivio, algo de sensatez o la ilusión de que hay un destino para todos los argentinos.

Los que se van expresan la oscura atmósfera que se instaló en el país. Ellos se van, pero esa atmósfera persiste y los que se quedan se sienten acechados: ¿Qué nos espera? ¿Hacia dónde nos dirigimos?¿Mañana será peor que hoy y el año que viene peor que este? ¿Tienen futuro mis hijos acá? ¿Tendré trabajo? ¿Podré pagar las cuentas?

Entendamos a los que se fueron o están por irse. Tenemos que comprenderlos y apoyarlos. Es doloroso para todos, para ellos mismos que vivirán el desarraigo aún teniendo oportunidades de desarrollo en otras tierras, para sus familias que se quedan sin sus seres más queridos, para sus amigos que tendrán que seguir por Instagram los contrastes entre las vidas que progresan fuera del país y las suyas, para sus colegas profesionales y para el país, que pierde con cada argentino que se va lo más valioso que puede tener una nación.

Este aluvión de emigrantes es sin duda una fractura en la historia argentina. Quedarán las huellas como quedan en las piedras las marcas de los terremotos. Pase lo que pase, cada persona que se va a otro país con sus talentos, su voluntad, su visión, sus redes de ideas, sus pasiones, es una pérdida de consecuencias invaluables que costará muchos años o décadas hasta que eventualmente otras puedan ocupar su vacío, pero aquellos que se fueron serán siempre irremplazables y el daño de sus ausencia irreparable, como bien lo sabe cada familia que se divide.

Aunque parezca raro los argentinos que nos quedamos en el país tenemos una deuda inmensa con los que están yéndose. En nombre de ellos no podemos permitirnos sentir que vivimos en un país inviable, resignarnos a la mediocridad, la decadencia, la torpeza, la gula de poder, el fanatismo y dejar que la mentira sistemática nos domine. En nombre de ellos no podemos aceptar que este gobierno errático nos empuje cada día a la desesperanza. Por eso, estamos obligados a construir una ilusión de futuro, porque esa ilusión nos guiará y nos salvará.

Estoy seguro de que de una forma u otra nuestros hijos, hermanos y amigos volverán a la Argentina. Ojalá vuelvan a vivir acá, pero si no lo hacen seguro volverán como un recordatorio, una advertencia de lo que puede pasar cuando se pierde el rumbo por completo.