El doctor Prado, miembro de la Mesa Directiva de la APDH (Asamblea Permanente por los Derechos Humanos), a los 88 años, estuvo ayer en la Plaza de Mayo de una manera especial. No pudo ir en persona, él lo dice, por las entendibles imposiciones de la edad. Sin embargo recordó las primeras marchas cuando a diferencia de la actualidad, imperaba el negacionismo, y el estar en la Plaza, un día inestable como el de ayer, digamos, no era solo tal vez mojarse un poco, sino jugarse la vida.   

Por Juan José Prado*

Emocionado desde mi ostracismo impuesto por la edad, observaba en la pantalla del televisor, el desplazamiento de una multitud hacia Plaza de Mayo. Reclamaban memoria, verdad y justicia ¡Como hubiera deseado estar presente entre esa multitud!

Estas imágenes, las del 24 de marzo de 2022, contrastaban con aquellas marchas cuando levantábamos el cartel de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos de hace 40 años atrás.  Unos pocos miles íbamos; y estábamos rodeados del silencio de la sociedad toda; de la crítica de amigos íntimos.

Ellos dudaban de la veracidad de nuestros reclamos cuando voceábamos la aparición con vida de compañeros, colegas; víctimas de la represión feroz desatada a partir del 24 de marzo del 76. Éramos pocos entonces.

Lo más doloroso de aquellos tiempos era la indiferencia de esos amigos y aún más, de los propios familiares en la lucha que muchos habíamos emprendido para reclamar verdad y justicia. No pocos eran los que no veían; o no querían ver lo que sucedía.

Luego de una manifestación, en aquellos tiempos, el regreso a casa era con temor; ante la posibilidad de haber sido fichados o seguidos. Y por las represalias en trabajos, en el barrio; como así también  por la suerte que podrían correr los seres queridos en nuestros hogares.

“Pasaron 46 años y en parte se hizo realidad aquello que imaginábamos”

En aquellos tiempos nos imaginábamos marchas con cientos de miles; manifestando con  jóvenes; expresando con alegría, canticos no censurados y la  seguridad de que nadie iba a reprendernos o estigmatizarnos. Ni nos harían desaparecer, como en aquellos años de odio, e implantación de un plan económico a favor de pocos.

Cuántos se sumaron a las marchas. Cientos de miles. Y la consigna de Memoria Verdad y Justicia, que acompañaba el testimonio de  Madres y Abuelas, puso en evidencia que existe un Poder; el Poder político de un Pueblo con Memoria.

Ese poder de un pueblo que puede expresarse en las calles. Un  verdadero y legítimo Poder político que dijo NO a las políticas de odio y saqueo que pretendió imponer el orden establecido con la complicidad del FMI.   

Ayer el Pueblo MEMORIOSO se expresó en las calles de todo el país.  Le dijo no a la impunidad; no a los privilegios; al hambre, a las políticas del Fondo;  y sí a la inclusión, al respeto por la Ley, y a la democracia real.

Esa democracia de la división de los poderes; de la distribución equitativa de la riqueza; del derecho a la educación y la salud;  a una vida digna para todos los ciudadanos que habitan el suelo patrio. Pasaron 46 años y en parte se hizo realidad aquello que imaginábamos ¡Tenemos memoria!

*AbogadoEx presidente de la Asociación de Abogados de Buenos Aires. Miembro de la Mesa Directiva de la APDH (Asamblea Permanente por los Derechos Humanos). Gran Maestro de la UBA