En esta nota de opinión el doctor Prado, Gran Maestro de la UBA, reconocido docente de la casa de estudio, recuerda la oprobiosa “noche de los bastones largos” pergeñada por el militar, Juan Caros Onganía, contra autoridades universitarias, docentes y alumnos. Onganía fue un dictador que pensaba quedarse en el poder por 20 años y más. Cuando las imágenes de intelectuales y científicos golpeados se hicieron conocidas en el mundo comenzaron a ser llamados de las casas de estudios extranjeras. Muchos también optaron por irse por su cuenta.

Por Juan José Prado*

Muchos recordamos aquella noche del 29 de julio de l966. Por orden de la Fuerzas Armadas la Policía Federal irrumpió en los ámbitos universitarios. Apalearon con sus bastones a estudiantes, docentes y graduados que resistían el golpe militar que derrotara a Humberto Illia, un mes antes,  y la intervención a las casas de estudio.

Usurparon violentamente las facultades de Ciencias Exactas y de Filosofía y Letras, de la UBA. Los dictadores veían a las casas de estudio como  espacios de marxistas, comunistas, terroristas. Así consideraban el saber y la cultura científica. Que, por ejemplo, desarrollaba el más avanzado sistema informático, Matilde, destruido por las huestes de Onganía.

Se detenía y humillaba al digno Rector de la UBA, Hilario Fernández Long. Tengo gravado ese momento, y la imagen de mi compañero de secundaria Juan Carlos Merlo, científico matemático, que formó parte de las inteligencias argentinas que tuvieron que emigrar. De hecho, muchos eran convocados desde el exterior.

"Es la ideología del menosprecio a nuestros valores culturales y científicos, a nuestra creatividad intelectual."

Así comenzó una diáspora de cerebros de nuestro país, que no nos benefició en absoluto. Mi querido compañero Merlo se refugió primero en la Universidad de San Marcos, en Perú. Para luego afincarse y seguir sus funciones docentes en los Estados Unidos. La muerte muy joven lo sorprendió en ese exilio forzado.

Se maquillaba como “legal” la acción destructora y estigmatizante de la revolución de Onganía, además. Mediante el recordado Dec. 152; del mentor civil de la derecha oligárquica, Mariano Grondona, la dictadura de Onganía, y las corrientes antipopulares que lo sostenían, exteriorizaban su miedo a la cultura argentina.

Hasta la actualidad permanentemente la repudian con adjetivos superados por el tiempo. Los reproches contra los claustros universitarios, profesores, investigadores, maestros argentinos, se expresan también contra los gobiernos populares. Una constante en el ´55, ´66, ´76, durante el menemato y en el macrismo reciente.

Es la ideología del menosprecio a nuestros valores culturales y científicos, a nuestra creatividad intelectual. Recordar el 29 de julio, La Noche de los Bastones Largos, es una necesidad de responsabilidad de todas y todos los argentinos. Recordar esa fecha nefasta es recordar una afrenta a nuestra cultura que nunca más debe volver a repetirse.  

*Abogado. Ex presidente de la Asociación de Abogados de Buenos Aires AABA. Miembro de la Mesa Directiva de la APDH (Asamblea Permanente por los Derechos Humanos). Gran Maestro de la UBA.