En 2018 la editorial Cathedra Jurídica publicó el libro, “La Causa de Lalo-cuando la Justicia pierde el rumbo”, del abogado Juan José Prado, nuestro habitual columnista. Lalo fue un joven al que Prado defendió en los años ´70, durante la dictadura de Alejandro Lanusse. A Lalo le armaron una causa, al detenerlo “al voleo” cerca de una manifestación contra el régimen. Y no cualquier manifestación. Sino la que surgió cuando las fuerzas represivas de Lanusse fueron contra los jóvenes que velaban a los fusilados de Trelew en la sede del Partido Justicialista, en la avenida La Plata (…). Mañana lunes 22 se cumplen 50 años de aquellos fusilamientos. Aquí reproducimos unos párrafos de aquel libro.

Por Juan José Prado*

 “…Esa mañana del 26 de agosto de 1972, tal como lo había acordado con sus amigos, Lalo emprende la rutina acreditada en la causa. Como otras veces, viaja al departamento de la Av. Juan B. Justo en un colectivo de la línea 111, que lo deja a dos cuadras. Allí lo esperarían sus compañeros Quiros y Monzón, otros dos exponentes de la provincia, con veleidades de poetas expresadas en las tertulias habituales. Juntos, en la gran ciudad, soñaban y daban rienda suelta a las utopías juveniles. 

Ese día Lalo llega temprano, antes de lo acordado, por tal motivo, con tiempo para estirar las piernas y sin posibilidad de entrar antes al departamento, aprovecha a recorrer ese otro barrio. Pero ese no fue un día ni una hora cualquiera. Muy cerca, las víctimas de Trelew eran veladas por compañeros militantes, circunstancia desconocida por Lalo.

Los muertos por la represión fueron sepultados en la Chacarita y los militantes acompañaron a las victimas y luego se lanzaron en son de protesta por la Av. Corrientes, desde la necrópolis en dirección al centro. Esta protesta estaba integrada mayoritariamente por jóvenes contrarios al régimen militar, que se manifestaban como solo saben hacerlo los jóvenes frente a la injusticia: ruidosamente y a los gritos contra el régimen. La marcha deriva en incidentes, hay automóviles incendiados, vidrieras rotas, corridas, que aumentan al llegar a la altura de la Av. Juan B. Justo.

Lalo: “voy a ver qué es eso que ensordece la ciudad”

La policía, con sus carromatos llenos de agentes para reprimir, arremete violentamente contra los manifestantes y se produce, como no podía ser de otra manera, una refriega que culmina en un desorden mayúsculo, en medio del humo de los incendios, de las sirenas de los bomberos y patrulleros que suenan por doquier. Lalo, que estaba en las inmediaciones, advierte todo este barullo y no puede con la tentación.

 Piensa “no tengo nada que hacer”. Al departamento no puede acceder porque no es la hora convenida. “voy a ver qué es eso que ensordece la ciudad”. Se para en J. B. Justo y Av. Corrientes: eran las 12,30. Y como los jóvenes se relacionan con mayor facilidad entre sí Lalo se acerca a otro joven para preguntarle por lo que ocurre. No llego a saber que acontecía, porque un morocho grandote, de civil, de más de 1,80 de estatura, con bigotes, con un arma larga, lo tomó del hombro y con la delicadez que caracteriza a estos energúmenos lo trasladó a empellones al lado de un móvil policial, no precisamente para saludarlo sino para detenerlo, como se enteró luego.

Posteriormente el grandote de bigote y arma larga lo entregó a dos policías uniformados para que lo mantenga detenido. Allí mismo son más de 20 los ciudadanos que se encuentran en esa circunstancia. Aquí comienza la peregrinación de Lalo, 24 años morocho, delgado, con espesa barba y cabello largo, vestido como se vestían los jóvenes de la época en los 70, cualidades suficientes  para el criterio represor: Ser considerado peligroso, hipotéticamente un posible “subversivo”…

*Abogado. Ex presidente de la Asociación de Abogados de Buenos Aires AABA. Miembro de la Mesa Directiva de la APDH (Asamblea Permanente por los Derechos Humanos). Gran Maestro de la UBA.