En la actualidad, cuando las usinas informativas son contadas con los dedos de una sola mano, y en las redes sociales pululan palabrerío, imágenes y sonidos, el columnista Prado propone mirar la historia. Describe el coloniaje y exhorta a que dejemos de mirarnos en espejos enfocados en otras apariencias. Y señala a nuestros pueblos y nuestra patria grande americana como un punto de partida para ser artífices de nuestro destino.  

Juan José Prado*

La influencia de la oligarquía terrateniente, con su mirada  colonizada, hizo posible que los mayores referentes de la política y de los proyectos de inventar una nación, pusieran su mirada en la cultura Europea. Nombremos a Juan Bautista Alberdi, Domingo F. Sarmiento, Justo José de Urquiza o Bartolomé Mitre

Hablamos de la burguesía vernácula “con olor a bosta”, según Rouquié. La que imitaba gustos literarios, musicales, hábitos y vestimentas europeas. Amén de cultivar una pasión por la arquitectura europea con palacios, parques, réplicas versallescas. Que revelan una riqueza fruto de la explotación a un pueblo sometido en la pobreza y la ignorancia.

Varias de las maestras norteamericanas de Sarmiento -que sin lugar a duda tienen una trascendencia por lo hecho- valoraron la cultura y enseñaron el respeto por los pueblos originarios.  Pese a que lo que buscó Sarmiento al contratarlas era extrapolar la educación que había observado en sus viajes por los EEUU y Europa, a nuestro país.

Esa misma oligarquía, sin embargo, discriminó y mezquinó los derechos políticos a la masa migratoria que llegaba al país desde una Europa decadente víctima de la guerra. Que llegaba a nuestros puertos con la ilusión de “hacer la América”. Se han dedicado a describir la sociedad migratoria muchos autores argentinos.

Podemos citar a Luis M. Albamonte, (Puerto América Editorial ALA 1942). Juan José Sebreli  (Buenos Aires, vida cotidiana y alienación). También a Raúl Scalabrini Ortiz. Ignacio Garcia Hamilton. Y Marta Mercader, entre otros y otras. Ellos dan cuenta de la mentalidad de los padres inmigrantes, que no pudieron regresar a sus pueblos natales. 

Inmigración selectiva

Gori en su interesante trabajo, recomendable -Inmigración y Colonización en la Argentina. Eudeba 1977- trata el tema de la inmigración selectiva aplicada por la dirigencia política burguesa argentina. Allí sostiene que más del 50% de aquella inmigración retornó a su patria sin haber logrado hacer la América.

Gori da cuenta de la discriminación sufrida en el interior del país por todo aquel que pretendía trabajar la tierra. La suerte de los judíos en Santa Fe, en Moisés Ville, da cuenta de la tragedia de inmigrantes en la argentina. Algo que puede compararse con la suerte de los originarios en todo el territorio argentino.

En tanto otros nos enseñaban, en las aulas, las virtudes de la legislación española (nunca aplicada) del yanaconazgo, envuelta en los sonidos del violín del fraile Bartolomé de las Casas, para mitigar la esclavitud. Sin orientar la mirada a nuestra patria grande, sus pobladores, la cultura originaria de América.  

La construcción de la contienda Rusia-Ucrania es otro paso en esa dirección. La comunicación hegemónica, que responde a los intereses del capitalismo concentrado, determina quién es el bueno, y demoniza al oponente. Nos “muestra” que los inmigrantes ucranianos no son como los de Libia, Angola, Pakistán, Siria.

Qué libertad

Como si no todos los refugiados, en definitiva, fueran víctimas de la calamidad de la guerra, que destruye pueblos y culturas. Pero a los refugiados de Ucrania hay que cobijarlos porque tienen una particularidad que sensibiliza a los europeos. Poseen ojos celestes como “nosotros” y piel blanca. Una sensibilidad que discrimina.

La comunicación hegemónica, asimismo, elude referirse a que son los intereses económicos, y la venta de armas, quienes más se benefician con las guerras. Bajo las directivas del colonialismo la guerra se enmarca como la búsqueda de la “democracia” y la “libertad”, de quienes se alían con la OTAN.

La libertad occidental y cristiana se enarbola cuando el patrón de Europa, EEUU, desconoce tratados internacionales; aplica la teoría jurídica del “porque se me canta”. O dirige satélites para matar a dirigentes políticos que no son de su agrado. Y decide invadir, devastar, destruir culturas de países no europeos.

Sin embargo no todo está perdido. De lo profundo de las sociedades surge una llama de auténtica democracia que valoriza la igualdad, y el sentido de soberanía de nuestra patria. Sumémonos a esas voces. Porque mirando hacia nosotros, a nuestros pueblos americanos y a nuestra patria americana vamos a encontrar el camino para salir del coloniaje.  

*Abogado. Ex presidente de la Asociación de Abogados de Buenos Aires AABA. Miembro de la Mesa Directiva de la APDH (Asamblea Permanente por los Derechos Humanos). Gran Maestro de la UBA.