Sin novedad en el frente es una película de 1930, un momento clave del cine norteamericano, cuando pasa del mudo al sonoro. El filme dirigido por, Lewis Milestone, sobre un libro de Erich María Remarque (seudónimo del alemán, Erich Paul Remark),  era definitivamente antibélico, y mostraba que en la guerra hay solo víctimas y no vencedores. Tal es así que fue prohibida en Francia y en Alemania. En 1930 ganó dos Oscars, almejor film y al mejor director. En 1979 Delbert Mann dirigió un telefilme del mismo libro. Netflix acaba de estrenar la segunda remake, dirigida por Edward Berger. Sobre esta versión el columnista, Walter Sánchez, comprometido profesor de historia, propone una crítica histórico política del filme.  

Por Walter Sánchez*

La plataforma NETFLIX acaba de estrenar, Sin novedad en el Frente, del director Edward Berger. La película se basa en una novela escrita por un ex soldado alemán y publicada en 1929. Es la tercera adaptación al cine después de un primer estreno en 1930 y una remake de 1979.

El protagonista es un joven alemán de 17 años Paul Bäumer que junto con sus amigos de la escuela y alentados por sus profesores y el director, se alistan como voluntarios para la guerra (la Primera Guerra Mundial). Al vivir la guerra de trincheras deberá enfrentarse a la realidad y poco a poco lo veremos endurecerse hasta perder toda inocencia.

Hay varios momentos y tópicos que nos permiten reflexionar. Primero, el entusiasmo con la población que tomó los primeros años de la guerra. La película empieza mostrando cómo se "reciclan" los uniformes de los soldados caídos. Es tal la matanza que se pone en pie toda una industria de lavado y arreglo de los uniformes.

Industrialización de la muerte

Los jóvenes son simples piezas desechables de un tablero mucho más grande: la guerra imperialista. Otro momento es cuando el protagonista, y sus compañeros, deben encontrar a un regimiento perdido. Descubren que el regimiento entero murió por armas químicas. Resulta que estaba compuesto por adolescentes sin experiencia.

Nuestro protagonista es de la generación de 1899. Estaba a meses de cumplir los 18 años cuando se alista (miente en su edad para ello). Es de tal magnitud la carnicería de la gran Guerra, que para mediados del ´17 y principios del ´18 Alemania se había quedado sin hombres.

La película en varias escenas muestra a generales alemanes, y funcionarios, comiendo manjares mientras los soldados en el frente están famélicos. La representación del comité de funcionarios que van a negociar la paz (Matthias Erzberger) como “preocupados” por los soldados, es criticable en la película.

La verdad histórica es que lo que aterrorizaba a la élite alemana era la posibilidad del estallido de una revolución similar a la rusa. El 29 de octubre de 1918 se produce la revuelta de los marineros que se extendió por toda Alemania. En noviembre empiezan a surgir los primeros Consejos de Soldados que se niegan a cumplir órdenes.

Por eso el generalato le pide la renuncia al Káiser y llama a la izquierda a formar el nuevo gobierno. El Partido socialdemócrata alemán era el único que podía frenar a las masas. El armisticio Compiègne, el 11 de noviembre de 1918, fue el resultado de un proceso desesperado de la clase dirigente alemana por evitar una revolución.

11 del 11 a las 11

Lo más trágico de la película sucede en sus últimos 40 minutos. La paz se firma en la madrugada del 11 de noviembre de 1918 pero entrará en vigencia, a las 11 de la mañana, dentro de las 6 horas de la firma. Acá viene uno de los hechos históricos más repugnantes de la historia de la humanidad.

El general alemán reúne a sus soldados. Denuncia que Alemania “fue traicionada por la espalda" y anuncia una última ofensiva. Se calcula que hubo 11.000 bajas en esas horas finales. La teoría de la traición por la espalda a manos de judíos, comunistas y socialdemócratas, fue tejida por el alto mando alemán el mismo día del armisticio.

Eso le permitía sacarse toda la responsabilidad de la derrota. Sin embargo, no son los alemanes los primeros en ensayar teorías de conspiración. Los primeros fueron la policía secreta rusa del zar (Ojrana) y se llamó “Los Protocolos de los sabios de Sion”. En ella se detallan los planes de una conspiración judía.

Los protocolos

Los “planes” consistían en el control, por parte de la masonería y de los movimientos comunistas, de todas las naciones de la Tierra. Y ese control tendría como fin último hacerse con el poder mundial. Los protocolos fueron publicados por primera vez en 1902, aunque solo alcanzaron una distribución masiva a partir de 1917.

Fue con la finalidad de culpar a los judíos de los males de la guerra y de la Revolución rusa. Luego se descubrió que se plagiaron diversos textos para escribirlos. Años más tarde ese discurso será retomado con más fuerza por Hitler.

En la película nuestro protagonista muere. Y segundos después se escucha el alto el fuego: son las 11 AM.  La película es trágica. Cruda. Brutal.  Sin concesiones a la clase social responsable de una de las masacres más grandes de la historia de la humanidad.

*profesor de historia