En esta columna, Victorio Pirillo da un panorama negativo de la política nacional, dentro de un escenario internacional también muy sombrío. Pirillo es secretario general del Sindicato de Trabajadores Municipales de Vicente López. Pero desde el terruño es un hábil observador tanto de lo que pasa a su alrededor, como de lo que ocurre en el amplio contexto político nacional e internacional. Por caso, advierte que los reaccionarios, fenómeno global, y que en la Argentina vuelven a desenterrar la cabeza, después de 40 años de democracia, son funcionales a la guerra económica. En el mundo globalizado todo confluye, y son pocos los que sacan provecho, propone además.

Por Victorio Pirillo*   

En la quimera que representa el sueño, en donde en la cabeza del monstruo suena y se replica: “Para uno del PRO no hay nada peor que otro del PRO”, es así que bajo ese principio, Mauricio Macri agujerea el barco en el que él también viaja, con una conducta suicida o por lo menos flagelante.

Obsesionado con eliminar como sea a Horacio Rodríguez Larreta de la candidatura presidencial alienta toda suerte de conflictos propios y ajenos. Lo hace para mantener encerrado al jefe de Gobierno de la CABA en su propia ciudad, desgastándolo día a día. Es evidente que con esto hunde a Larreta y a su partido PRO.

Patricia Bullrich, fiel soldada de la embajada de los EEUU, tiene boletos de privilegio con los que, al menos hasta ahora, puede seguir sentada en primera fila. Mauricio además insiste con la candidatura de María Eugenia Vidal; y la pregunta es ¿Si Mariu perdió, cuando tuvo todo el poder de la gobernación de Buenos Aires, la CABA, y Nación, por qué ahora, que está afuera de todo, debería ganar?

La UCR, que sabe que se benefició más con Rodríguez Larreta, que con Mauricio, impulsa la figura de Facundo Manes, una suerte de vagón -que cuenta con el 9% de intención de voto- para enganchar de candidato a vice, en alguna locomotora que aun no saben si será Uñac, Schiaretti o Rodríguez Larreta.

“Sergio Massa, otro hombre de la embajada, apadrinado por Rudy Giuliani,
impulsa la receta recesiva del imperialismo.”

Mientras todo esto sucede, Martin Lousteau se aleja sigilosamente de las filas de Coti Nosiglia aferrándose a los brazos de Daniel Angelici, un adversario actual del propio Nosiglia y también de Mauricio. Por su parte Nosiglia secretamente teje alianzas con Cristina Kirchner, para alentar una posible fórmula con Juan Schiaretti.

Los libertarios tienen una porción pequeña del electorado. Cuyo 80% se asienta en ex votos macristas, y en una mínima parte (que ayuda) votos que curiosamente emigraron de Alberto Fernández. Esa misma porción de electorado hizo vicepresidenta a, Cristina Kirchner, y habilitó su regreso al poder (de ahí su ágil y tensa campaña).

Sergio Massa, otro hombre de la embajada, apadrinado por Rudy Giuliani, impulsa la receta recesiva del imperialismo. Por eso tiene su lugar asignado en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Aunque él sigue soñando con la fórmula Massa/Schiaretti, sostenido por una “férrea amistad” con el radical Morales.

La izquierda en todo su abanico, en este río revuelto no pierde su tiempo. Y arroja las redes para capturar, desesperadamente, desencantados kirchneristas que a esta altura ven frustrada la “revolución nacional y popular”.

“(…) Todo esto ocurre en un escenario mundial que cambió.”

Todo esto ocurre en un escenario mundial que cambió. Los laboratoristas de opinión, en tanto, muchos de ellos como los de Tavistock -acusado de lavar cerebros y manipular a las masas-, siguen perfeccionando su exitosa técnica de teoría de los opuestos, que solo da lugar a los supremacismos de oposición.

Estas técnicas, también llamadas “de los conflictos perpetuos”, impulsan a los reactivistas sociales, que hacen de la violencia su oficio, y son funcionales para el objetivo encubierto de la guerra económica. Brasil es un claro ejemplo, con el desprestigiado y mediocre, Jair Messias Bolsonaro.

Bolsonaro llegó a estar a 24 puntos por debajo de Luiz Inácio Lula Da Silva. Sin embargo,  en un corto lapso, aunque perdió las presidenciales,  solamente lo hizo por un punto y medio. Como si de buenas a primera, de la nada, se hubiera convertido en estadista, líder y genio para los votantes de su país.

Sorprende el resultado tan parecido en la definición de Macri–Scioli, en 2015. Un escenario de polarizaciones y ballotage que se viene replicando en el mundo. Y principalmente en Latinoamérica. En síntesis, un sistema donde las sociedades se encuentran entrampadas, el pueblo vota y los “Tavistock” del poder, eligen.

*secretario general del Sindicato de Trabajadores Municipales de Vicente López