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Carta abierta a Alberto Fernández, Presidente de la República Argentina

Comisión Memoria Verdad y Justicia Zona Norte

Estimado Presidente:

Somos parte de este pueblo que renace esperanzado después de esta nueva oleada de neoliberalismo que sólo nos ha dejado destrucción, hambre, muerte y tristeza.
Somos parte de este pueblo que ha votado al Frente de Todes, encabezado por ud. y Cristina Fernández de Kirchner.
Somos parte de este pueblo que llevará por siempre en su corazón a Néstor Kirchner, quien supo devolvernos derechos, dignidades, quien trajo el pasado al presente para iluminar el futuro.
Somos parte de este pueblo convencido que es valioso mostrar las diferencias y poder construir desde ellas, pero que también sostiene como un valor señalar lo que a su criterio son errores para que puedan ser rectificados.

Sabemos que el enemigo hace uso de todos sus recursos para mentir, distorsionar, desinformar, dividir y erosionar. Sin embargo callar no parece ser la mejor herramienta desde nuestro campo de acción. La Madres y las Abuelas supieron abrir un camino y enseñarnos que vamos de frente con la Verdad y allí nos hacemos fuertes.
Con este espíritu constructivo es que nuestro organismo necesita plantear sus desacuerdos con expresiones que ud. ha vertido durante el acto militar que presidió en la guarnición de Campo de Mayo el día 21 de febrero pasado.
Ud. es la máxima autoridad que ocupa un cargo estatal por el voto popular, por lo cual su palabra no es la palabra de cualquier ciudadanx.

Cuando el presidente de la república habla de “inconducta de algunos militares” abre un debate que ya para nosotrxs está saldado: no hubo errores ni excesos, ni guerra ni dos demonios, ni “inconductas de algunos” sino un estado que se preparó ideológica, militar y políticamente, planificó, accionó y desarrolló el plan de exterminio y dominación más importante que se conociera desde tiempo de la “conquista de América”. El SEGUNDO GENOCIDIO se concretó en nuestro suelo y no fue por inconducta de algunxs, sino por decisión de todxs quienes se mantuvieron como parte del estado genocida, como parte de una estrategia delineada por el imperialismo.

Aún no sabemos qué pasó con nuestrxs 30.000 y los más de 400 hijxs apropiados y esto no es el saldo de la “inconducta de algunos”, sino decisión de todxs y sostenido aún hoy por un pacto de silencio. No nos consta que las Fuerzas Armadas de la “democracia” hayan desarrollado acciones concretas para transformar ese silencio en información que desde la VERDAD apacigüe dolores, permita procesar duelos, elaborar traumas, y reencontrarnos y fundirnos en un abrazo con quienes aún desconocen su identidad. Aún hoy esperamos que vuelvan a casa. Seguimos dando la lucha por el sentido de lo ocurrido y allí no hay lugar para hablar “inconducta”, concepto que despolitiza y vacía de contenido la tragedia vivida.

Sabemos que esa no es su intención, pero las palabras utilizadas ponen en cuestión el sentido de esa intención.
Por otro lado decir que las Fuerzas Armadas están “absolutamente integradas a nuestra sociedad” no nos parece un concepto ajustado a la realidad. Sabemos que los militares que actualmente están en actividad no son los miembros de las Fuerzas Armadas de los Videla, Massera y Agosti, Harguideguy, Adel Vilas, Bussi, Astiz, pero siguen siendo una parte “extraña” que convive con el cuerpo social. Aún falta recorrer un largo camino de transformación, objetivo deseable pero aún lejano. Que lxs actuales miembrxs de las fuerzas armadas se hayan formado en los últimos 35 años, en tiempos de democracia, no garantiza per se su adhesión a los valores democráticos, basta apreciar el trágico presente boliviano y el chileno.

Tenemos una larga experiencia de desencuentros recogida en estos 35 años de gobiernos democráticos para sostener esta afirmación. La transformación e integración son parte de un proceso que requiere de mucho más que declaraciones o buenas intenciones: se necesita entre otras cosas de decisión política y esa no ha sido la misma en los gobiernos democráticos que se sucedieron desde 1983. Ud. acaba de asumir y venimos de atravesar 4 años de un gobierno elegido democráticamente y que entre otras cosas era negacionista: el macrismo también formó militares. La hermana República Pluricultural de Bolivia es un claro ejemplo en la región de la complejidad de la transformación de las fuerzas armadas a pesar de la continuidad democrática y que esta haya sido parte de la misma gestión.

Por último “dar vuelta la página” es una idea en la que no podemos vernos reflejadxs, sencillamente porque la lucha por juicio y castigo a todxs los culpables del genocidio producido en nuestro país y la cárcel común y efectiva son parte de una epopeya que seguimos construyendo como sociedad. JUSTICIA, VERDAD Y MEMORIA son un faro que alumbra un mejor mañana y han sido uno de los aportes más importante del movimiento de Derechos Humanos a la historia de nuestro país, el continente y la humanidad toda. Las heridas aún no cicatrizan.
Sólo resta agregar que al igual que ud. deseamos y trabajamos por un mundo de paz, pero pensamos que allí no habrá cabida para las fuerzas armadas (ninguna), porque la paz verdadera solo se sustenta en un mundo libre y justo. Nos despedimos con un saludo fraterno y afectuoso, esperando sumar a la reflexión y a la posibilidad de desarrollar mejores respuestas ante los innumerables problemas que enfrentamos.

Comisión Memoria, Verdad y Justicia de Zona Norte

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