En esta columna Bruzzoni relata las experiencias de Nicolás y de Pedro. Dos hombres adultos, que transitan los 30 años. Uno en el conurbano bonaerense, otro en Salta. Las experiencias podrían ser en cualquier otra provincia o ciudad: Córdoba, Jujuy, la Rosario santafecina. Es evidente que las viejas teorías del mercado, como regulador social, que despuntan hoy día, no los han mejorado ni lo harán. Bruzzoni se pregunta por el destino, deja una respuesta abierta. Pero descree que el azar -otra moda, no poco enfermiza, que también revive con lo digital actualmente- represente alguna salida.
Por Víctor Bruzzoni
Redactor especial

El abuelo Damian, hace 50 años, se largó de Charata, Chaco con toda la familia para Bs As. Buscaba progresar. Mejorar la calidad de vida. Se instaló entre Lanús y Remedios de Escalada, en una sutil divisoria territorial: entre barrio popular y la villa urbana. Podría haber sido la CABA u otro punto del conurbano.
Su nieto Nicolás de treinta y cinco años, habita con su nueva mujer de veinticuatro una vivienda inconclusa, simple, construida a palos al fondo del terreno de su abuelo. Tiene dos varones de 17 y 15, una nena de 3; y otra en camino. Pero, además, es padre de otros cinco hijos, de parejas anteriores a quienes trata sólo ocasionalmente.
Nicolás es plomero. Trabaja como contratado por empresas constructoras. La actividad se frenó ahora, entonces se ofrece a clientes de barrios residenciales próximos. A veces para el sustento diario, de poca gana, se debe resignar a trabajos de albañilería y pintura, o de electricidad. Es decir vive de changas.
Mientras vivieron sus abuelos había motivos de encuentro de toda la tribu que podían llegar a sumar casi setenta personas. Pero tras el fallecimiento del abuelo, la dispersión fue inevitable. Esto pese a que su apellido “garpa” en la barriada, porque el abuelo chaqueño era buen caudillo barrial.
La inflación le carcomió los ahorros y los incrementos de las AUH. Las tarjetas alimentarias resultan ahora insuficientes. Entonces, como tantas otras veces desde su adolescencia, debió animarse a “salir” y ponerse al servicio de una banda de “robacoches”. A fuerza de necesidad debe elegir.
“Una semana de tres coches y dos motos de alta gama le rinde a “Nico”
un mes de trabajo “del “otro lado” “
Ellos saben que “Nico” es de confianza, sino le cortarán un dedo o lo matarán. Le dejan una buena comisión. Y la garantía de sus contactos policiales, judiciales y políticos. Según lo que “se arregle”, ofrecen altas chances de “zafar” ante algún imprevisto. La organización es polirrubros: robos de autos, desarmaderos, exportaciones de partes a la Triple Frontera y “poncheos” de autos y motos.
Con poca “escuela» barrial, se puso ducho en abrir y poner un vehículo en marcha. Pero debe operar corriendo en un circuito de no más de cuatro kilómetros hacia la “zona liberada” y desguazar solo algunas piezas antes de que lleguen los motociclistas de las empresas de GPS y su escolta policial, debidamente “avisada.
Una semana de tres coches y dos motos de alta gama le rinde a “Nico” un mes de trabajo del “otro lado”. Pero tampoco es la panacea vivir al servicio de una organización criminal. Nicolás estuvo “adentro” dos veces; pero los vínculos que decíamos lo salvaron de un juicio y el traslado a un penal.
Es que se hablaba con la policía, se hacía mencionar en el acta de secuestro talco de uso cotidiano y la “falopa” la desviaban para su comercialización. En menos que canta un gallo quedaba libre. Ahora, el abuelo ya no está y le queda solo el recuerdo. No sabe que pasará. Él no es artífice de su destino, eso es evidente.
Dos de aquellos cinco hijos están detenidos; y los otros tres, que viven temporariamente con sus madres, en tensa relación con sus hermanos y padrastros, suelen recurrir a su consejo. Para “rescatarse” o esconderse cuando la “basura” (drogas) o las deudas los desbordan. Ellos tampoco son artífices de sus destinos.
“(…) se produjo algo nuevo después de la pandemia. El juego online se convirtió en verdadera epidemia digital, difícil de desterrar (…).”
Pero reinciden. Las barras de pibes del barrio -verdaderas escuelas sobre sustancias, mezclas- saben que las bocas de expendio dejan pingües ganancias. Amén, de que se produjo algo nuevo después de la pandemia. El juego online se convirtió en verdadera epidemia digital, difícil de desterrar.
Los hijos de Nico entraron en el vicio de la plata fácil. La escuela los excluyó. La droga tiene sus “quioscos” entre pasillos internos en permanente desplazamientos dispuestos por los “distribuidores” del “dealer”. Aunque siempre en zonas reputadas como “pesadas”. Con más riesgo, aspiran a ascender como “satélites” de los capos y hacer carrera en los negocios delictivos.
Y al abrigo de la policía que si protege, también negocia con la organización el robo ocasional a clientes esporádicos para revenderla o para el consumo de sus propios efectivos. De ahí, el odio de la tropa, por el peligro y porque deben sobrevivir proveyendo balas o activando contactos ante la eventualidad de algún detenido.
Las bocas de expendio son custodiadas por “soldaditos” entre los nueve y los quince años debidamente “enfierrados”. Hay familias en las que consumen todos sus miembros con las secuelas de peleas, por nada, entre miembros “picados” o barras intervecinales. La situación es diferente cuando preservan cierta solidaridad interna a través de contención: apoyo de templos evangélicos, clubes barriales, el Estado.
“Y hay otro caso. Pedro, un año mayor que Nico, tiene dos hijos de la misma edad que este y reside en los suburbios de la ciudad de Salta.”
Pese a todo, Nicolás logra de alguna manera “volver”, “zafar”. Consigue un contrato a prueba para un trabajo en un mediano edificio a punto de estrenarse. Ha vuelto, para tranquilidad de su pareja y de sus dos hijos adolescentes más chicos, que van a escuelas alejadas de su residencia, pero en lugares más seguros.
Nicolás desea que con el aprendizaje de oficios sus hijos puedan “volver” a la clase media” y organizar familias normales. Una meta difícil en estos tiempos. Nico, como tantos Nicos, deben controlar sus emociones consumistas. Y están esclavizados por los fríos engranajes del mercado, al cual no le interesa el sentido de la existencia.
Y hay otro caso. Pedro, un año mayor que Nico, tiene dos hijos de la misma edad que este y reside en los suburbios de la ciudad de Salta. Logra que uno de ellos, con la fiel ayuda de la directora, llegue con buenas notas y mucho esfuerzo al final del secundario y le ofrezcan una beca del 80%, en la Universidad San Andrés, en Bs. As.
El padre piensa que tuvo suerte. Que ese tren pasará una sola vez y debe tomarlo o dejarlo. Arriesga y se mete con todo. Es la inversión para el futuro de su hijo. Venderá, entre otras cosas el viejo Fiat 1 que lo traslada cotidianamente a la ciudad y buscará afanosamente un albergue religioso que lo contenga.
“Y el destino en la actualidad contemporánea
se ha transformado en líquido.”
Cada evento y cada persona están atados o sujetos al destino. Las personas se encuentran con un mundo que es una lucha de fuerzas en continua confrontación (en la naturaleza y en la historia). Y el ser humano participa de ella, le guste o no, pero la tragedia tiene también su peso en el resultado final.
¿Somos meros espectadores de un guión predeterminado o tenemos algún control sobre nuestras vidas? “El destino no existe ya que somos libres de elegir nuestra propia senda”, decían los epicureos. Según esta perspectiva, nuestras decisiones y acciones determinan nuestro destino. Igual que un escultor que da forma a una estatua, somos los artífices de nuestra propia vida.
Pero pareciera ser, a juzgar por las experiencias de los Nicos y los Pedros, que esto en la vida real no es así. Hay tensión entre el destino y la libertad, para modelar nuestro propio destino. Y el destino en la actualidad contemporánea se ha transformado en líquido. Pero es harto improbable que le haya dado paso al azar.












juan jose Prado
Descorre el autor el velo de la miseria y de los caminos que a partir de ella es sometida la voluntad humana. Jose Ingenieros en su libro, escrito muy joven él previo al Congreso de Roma de comienzos del siglo 20 (l905) nos enseña de la existecia del delincuente social. El autor bien sabe de la polemica con Ramos Mejia que se oponia a reconocer al delincuente social. Por eso hay que atacar las causas de la iniquidad para evitar el cercenamiento de la libertad de poder elegir en el hombre y/o la mujer …. así nos entroducimos en la JUSTICIA SOCIAL …