Por Juan José Prado*

Había que eliminar los períodos de crisis y Mariano Fragueiro (1795-1872) –empresario liberal, dedicado a la minería y la actividad financiera, y político que llegó a gobernar Córdoba en dos oportunidades en el siglo XIX- advertía la necesidad de suprimir las monedas de oro y plata y eliminar el respaldo metálico del papel.
Fragueiro sabía diferenciar bien la economía de un Estado de la economía de un particular. La macro de la microeconomía. Se oponía al intervencionismo estatal, pero no era tan obtuso como para regalar los bienes públicos. Sostenía que el Estado debía explotar sus bienes, y hacerlos eficientes para luego venderlos a alto precio.
Respecto a la moneda sostenía la tesis opuesta a lo predicado por Alberdi. Fragueiro se oponía a que sea una decisión técnica, dependiente de la disponibilidad del oro en los bancos de emisión, la que determine el valor de la moneda. Advertía asimismo que la naturaleza podía hacer escasear el oro o prodigarlo.
Destacaba la importancia de la organización consciente del Estado: y sostenía que esta hará que la industria publica proporcione su producto moneda en razón del trabajo colectivo de la sociedad. Fragueiro era liberal pero conocía los límites a la mano invisible del mercado. Era empresario, además, no un mero conferencista.
Fragueiro “valoraba la banca en manos del Estado
para el desarrollo”
La organización del Estado, insistía Fragueiro, podía poner límites “más precisos y ajustados que la naturaleza2. Hoy podríamos traducirlo como la importancia de graduar la emisión monetaria en función de las necesidades del ciclo económico; no dejar hacer dejar pasar. Y valoraba la banca en manos del Estado para el desarrollo
«El bienestar de los pueblos no consiste en la opulencia de unas cuantas familias y banqueros, que dejan en mendicidad al mayor número, sino en la riqueza relativa de todos los individuos», señalaba, no antes de ayer, ni siquiera durante la crisis de 1930 el siglo pasado, sino en el siglo XIX.
Para Fragueiro, el desarrollo interno y la distribución de la riqueza iban por un carril muy diferente al de la concentración financiera. Hablaba del crédito. Y opinaba que, en la mayor parte de los concursos de acreedores, en las etapas de crisis, se encontrará la causa de la debacle de la empresa, por la usura y el interés compuesto.
“La masa de dinero para lograr una moneda estable, sostenía, debe estar en perfecta relación y proporción con el trabajo.”
En los tiempos políticos que corren esa opinión podría estar calificada como populista o estatista por quienes se oponen a ella. Fragueiro proponía que la banca reciba dinero a interés, para darlo y cobrar por ello en relación con la ganancia que la industria general genere. Y valoraba el trabajo como generador de riqueza.
La masa de dinero para lograr una moneda estable, sostenía, debe estar en perfecta relación y proporción con el trabajo. Con los productos y la renta nacional. Sin depender de la exportación o importación de oro. Sin cuidarse de la balanza de pagos, sin retener los metales preciosos en su servicio.
La moneda, para Fragueiro, será un producto social. Crecerá o disminuirá en razón del trabajo y la base de su valor será el trabajo mismo. La crisis de 1930, que nombramos más arriba, mató al patrón oro, porque los países necesitaban combatir la deflación y el desempleo; y se necesitaba aumentar el circulante.
Los intereses altos estimulan la inflación y desalientan el consumo. Fracaso de la política económica de Martínez de Hoz, replicada en el tiempo y en el presente de ultraderecha más que nunca. Está demostrado, entonces, que hay otras salidas a la crisis. Que existen otros planes económicos. Necesitamos discutirlos y pronto. Ello será posible con decisión política.












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