Ante los caminos que le toca recorrer a la República Argentina, tras más de 40 años de democracia, el abogado Prado, en su columna, advierte sobre la amoralidad, la anomia y la falta de ética política en la conducción del Estado. Su experiencia vivida lo lleva a decir que el veto reiterado a leyes dictadas por el Congreso es falta de ética en el Poder Ejecutivo. Y esa situación es lesiva para la sociedad en su conjunto. En definitiva, advierte que puede estar en peligro la democracia.
Por Juan José Prado*

La política contiene a la ética. En un régimen democrático es una regla en la existencia del equilibrio de los poderes. Existe. Es lo que hace posible la convivencia. Sin ella no es posible la paz social. Los principios éticos, en la política. permiten la convivencia pacífica. La seguridad jurídica, de esa forma, está garantizada.
Pero se descubre la importancia de la ética en la política, cuando se viola, no antes. Pasa igual en el derecho. Cuando se produce un infortunio, el hecho -un choque de colectivo con un auto en la vía pública, por ejemplo- nos hace saber inmediatamente de la existencia del derecho. Las partes involucradas recurren al derecho.
El pasajero siniestrado, recurrirá a su boleto que acredita el contrato de transporte. Ese que lo protege del infortunio y le permite reclamar daños y perjuicios. La existencia del seguro, al dueño del transporte le asegura la reparación patrimonial de los siniestrados. Si. El derecho sobrevuela siempre sobre nosotros.
En la política sobrevuela la ética. Es la que hace posible la convivencia de las opiniones contrapuestas. La que permite la discusión sobre lo real y las soluciones para quienes reclaman para solucionar estragos, inequidades abusos. La confrontación política se ajusta a una ética de convivencia.
“La moral nutre la empatía del poder para con los ciudadanos.”
Esa ética hace posible el respeto al otro. Al que no considero igual a mí. Al que no piensa como yo, pero le debo mi respeto. La ética nutre, como valor axiológico, a la construcción humana que denominamos moral. El ser humano percibe la necesidad de la moral para su existencia gregaria. Sin ella no es posible el respeto al prójimo.
La moral nutre la empatía del poder para con los ciudadanos. Pero qué pasa si el poder, en lugar de ejercerse, se detenta. Por ejemplo, cuando la crueldad se exhibe como bandera de la política. Cuando, desde el poder, se desconoce la suerte de los débiles, ancianos, enfermos, personas con discapacidad, minorías sexuales o étnicas.
Aparece la inmoralidad. Pero cuando esto persiste, da paso a algo peor que la inmoralidad –que en definitiva se puede combatir socialmente con diversas herramientas: el voto, la protesta, la desobediencia civil, la revolución- y entramos a la anomia, que es la degradación de las normas sociales o directamente su carencia.
Se aplaude o produce desinterés una medida, por ejemplo, de no proveer alimentos a los carentes de recursos; o medicamentos a los enfermos terminales sin posibilidad de autovalimiento; o la degradación de las personas con discapacidad, o a la ancianidad. Todo me importa un bledo, si no me toca o si por mi situación puedo aguantarlo.
“El veto reiterado a leyes dictadas por el Congreso es falta
de ética en el Poder Ejecutivo”
Y se produce la anomia política cuando el gobernante deja de lado la Constitución. Porque no hay reglas claras, consistentes, sancionables y aceptadas. Cuando el poder utiliza herramientas institucionales abusivamente. Y contra los principios que hicieron posible su propia existencia, se viola la ética. Y desconocemos la democracia.
El veto reiterado a leyes dictadas por el Congreso es falta de ética en el Poder Ejecutivo, en detrimento del Poder Legislativo. Ese autoritarismo es lesivo para la sociedad en su conjunto. Se desconoce el derecho de las mayorías al impedirse la decisión mayoritaria. Se vulnera la ética política.
Sin ética en las decisiones políticas las y los ciudadanos quedamos en manos de autoritarios. Y eso no debe ser permisible. De allí que el Estado es la herramienta para la protección de la sociedad. No debe usarse para la destrucción de la humanidad y sus instituciones, sino para fortalecerlas. De otra manera la sociedad corre peligro.
El enfoque del Estado moderno está en la búsqueda del bien común, el servicio público y la justicia basada en la equidad. Cualquier otro interés es perjudicial para la sociedad. El uso del poder para gobernar debe apuntar al bienestar de toda la sociedad en su conjunto. Por eso no es fácil gobernar, ni ser gobernante.












Dejar una respuesta