Opinión, Política, Por Marcelo Montes, Sociedad

Dos mundos muy diferentes

La caida del muro de Berlín en noviembre de 1989

La caida del muro de Berlín en noviembre de 1989

Por Marcelo Montes*

Hace unas semanas, más exactamente, el sábado 9 de noviembre último, se cumplieron 36 años de la Caída del Muro de Berlín que separaba la Alemania republicana y federal de la “democrática popular” o comunista, bajo el “socialismo real”. Días después, organizamos un panel con colegas internacionalistas en Mar del Plata, sobre la política internacional actual a modo de balance con la excusa de aquella fecha histórica.

Al moderar allí, me tocó el rol de comparar el mundo de 1989 con éste de 2025, a juzgar por las noticias reproducidas por las tapas o páginas de los diarios occidentales de la época. La sorpresa no podía ser mayor, dado el enorme contraste entre los contenidos periodísticos de aquel año “bisagra” con todo aquello que se puede percibir hoy, incluyendo las redes sociales.

Al elegir comentar ese balance desde la óptica geopolítica, que es una variable explicativamente insuficiente pero necesaria, Europa vivía una etapa de euforia. En pocos meses más, la reunificación alemana, la democratización pacífica de polacos, húngaros, checoslovacos, búlgaros, albaneses, bálticos y pronto, los rumanos, aunque de modo sangriento. Con la “Doctrina Brezhnev” extinguida, Gorbachov no era escuchado en lejanías como Cuba y Norcorea pero sí era venerado en Londres, París y New York.

“(…) los triunfos derechistas de Collor de Melo en Brasil y Menem en la Argentina, anticipaban el de Fujimori en Perú en 1990.”

Washington tras el fin intempestuoso de Reagan por el “Irangate”, era gobernada ahora por el ex CIA Bush -padre- que admitía el error de las profecías de su propio otrora organismo que en febrero de ese mismo “Annus Mirabilis” -en términos del pensador británico Timothy Garton Ash-, auguraban larga vida al Imperio soviético. Todo Occidente “brillaba oro”. La Comunidad Económica Europea lucía impecable y sus líderes ya se frotaban las manos con la posible renuncia de la escéptica Premier británica, Margaret Thatcher, la última en resistir la consolidación y ampliación hacia el Este.

La ola democratizadora sumaba a África -de la mano del comienzo del fin del apartheid en Sudáfrica- y América Latina, quizás la única región con algún parecido con el presente, de la mano de los triunfos derechistas de Collor de Melo en Brasil y Menem en la Argentina, anticipaban el de Fujimori en Perú en 1990. La globalización y apertura de mercados estaba a la vuelta de la esquina. Hasta China, que reprimía en Tiananmen, y desechaba el camino gorbachoviano por absurdo, seguía un ritmo comercial expansivo incesante.

Por último, Medio Oriente estaba más cerca de la paz entre israelíes y palestinos, Asia buscaba combinar comercio global con liberalización política de la mano surcoreana y sólo los Balcanes y Rusia, preanunciaban nubarrones de separatismo étnico y guerra civil. Hoy, el contraste con aquel panorama no puede ser más notorio.

Por donde circulemos, la incertidumbre, el pesimismo, los tambores de guerra, el retroceso democrático, el proteccionismo y la manipulación tecnológica, son evidentes por doquier. En más de tres décadas, el mundo suena con su peor sinfonía ¿Fuimos muy ingenuos en torno a las bondades de la libertad y la naturaleza humana?

*Doctor en Relaciones internacionales –Universidad Nacional de Rosario UNR- y Profesor de Universidad del Salvador USAL- Universidad de Ciencias Empresariales y Soiales UCES y Universidad Nacional de Villa María UNVM

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