Por la Lic. Débora Blanca*

La posibilidad de apostar desde el celular con un clik viene acarreando graves problemas entre nuestros chicos. Luego del Mundial de Qatar 2022, los recreos en las escuelas, vestuarios en los clubes, hoteles de viajes de egresados y cuartos de los chicos fueron (y siguen siendo) espacios teñidos por gritos y euforia por apuestas ganadas, así como por tristeza, ira y desesperación por el resultado opuesto.
Y este último grupo de pibes, que en todo nuestro país se multiplicó año tras año (ni hablemos del Mundial 2026, apodado El Mundial de las apuestas) engendró una idea brillante en amigos, compañeros, primos de quienes perdían y volvían a perder: volverse prestamistas. No hablo de pibes que prestan de forma desinteresada sino de quienes lo hacen cobrando intereses: «Te doy 4, me devolvés 8».
Permítanme ser clara: acá y en la China esto se llama prestamista. Es que la lógica del siglo XXI, regida por influencers, criptobro y timba, da a luz generaciones de chicos preocupados, casi desesperados, diría, por ganar dinero. Pero, ojo al piojo, tiene que ser mucho dinero, un montón, y rápido, rapidísimo. Volverse millonario con unos cuantos cliks. No demasiados.
Sueñan con dejar de trabajar y todavía ni arrancaron a hacerlo. Generaciones de pibes que quedaron atrapados por modelos que se ofrecen a la identificación, a la idealización, a la devoción, a la emulación. Generaciones con graves trastornos de ansiedad, impulsividad, insomnio, ludopatía y otras adicciones, abulia, depresión, ideas suicidas, aislamiento.
Los chicos con ludopatía ya perdieron un montón
Las enormes deudas contraídas por los pibes que apuestan (y que deben pagar los padres) son con billeteras virtuales, bancos, usureros del barrio, y chicos conocidos. Los chicos con ludopatía ya perdieron un montón: dinero, tiempo, vínculos, sueños, salud. Y tendrán que recuperar-se haciendo un tratamiento.
Ahora bien, en mi humilde, humildísima opinión, los pibes disfrazados de prestamistas también debieran perder ¿Qué quiero decir? Que, si le prestan dinero a un chico que apuesta y se mal enganchó con esta práctica, el símil prestamista está asumiendo un riesgo. No propongo no pagarles, en todo caso propongo hacerlo, en otros términos.
Hablando con ellos, pero también entre adultos. Porque, así como hay padres que desconocen que sus hijos apuestan, también los padres de los prestadores de dinero muchas veces se enteran tarde. Si estos miniprestamistas no pierden algo, no aprenderán nada. Necesitamos padres atentos y amorosos. Padres compañeros, no cómplices.
Este mundo está raro, oscuro, difícil de traducir. Pero escribamos claramente: Ni hijos que apuesten ni hijos prestamistas. Porque si no, en las familias, los sueños se transformarán en pesadillas. Y apenas en unos pocos cliks.
Lic. Débora Blanca. Directora de Lazos en Juego. Ig deborablancalj. YouTube Débora Blanca











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