Opinión, Por Débora Blanca, Situación Social, Tecnologías

Nos prohiben soñar

Chicos juegan a la rayuela (foto ilustrativa iStock)

Chicos juegan a la rayuela (foto ilustrativa iStock)

Por Lic. Débora Blanca*

"Qué lindo que es soñar/soñar no cuesta nada/soñar y nada más/con los ojos abiertos/qué lindo que es soñar/y no te cuesta nada más que tiempo", dice Kevin Johansen en una canción. Sin embargo ¡qué complicado está soñar! Y sí, está difícil porque nos cuesta lo que justamente nos falta cada vez más: T I E M P O. Time is money.

¿Cómo no va a estar difícil soñar si hasta dormir se está volviendo un lujo? Hablo de dormir y descansar. Hablo de dormir prescindiendo de medicación para lograrlo. Me refiero a ese dormir plácido, reparador, profundo ¡Y ojo! Que esta dificultad no la estamos teniendo sólo los grandes sino también los chicos.

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Estamos con un problemita de excesiva obediencia a imperativos de la época. Y, entonces, vamos renunciando a fantasear, imaginar, recordar, contemplar, pensar, a dudar para decidir.  Es que estas acciones que casi casi definen el mundo de lo humano llevan tiempo (cuestan, en palabras de Kevin), y "perderlo" se convirtió en un pecado capital.

¿Cómo deseamos de un modo singular si nos confunden
y apuran con anhelos prefabricados?

¿Cómo soñamos en un click? ¿Cómo recordamos (y hasta nos damos el permiso para olvidar algunas cositas) si nos gritan desde todas las pantallas: "¡Ya!"? ¿Cómo imaginamos, si no nos falta nada, si padecemos una sobresaturación de imágenes? ¿Cómo deseamos de un modo singular si nos confunden y apuran con anhelos prefabricados?

¿Cómo pensamos, si el algoritmo “lo hace” más copado” y rápido? ¿Cómo dudamos, si nos exigen certezas, y en velocidad 2? ¿Cómo hacemos para crecer si no duelamos, o sea, si no sentimos cada tanto que algo nos duele? Resulta, además de imposible, profundamente deshumanizante.

Así que, señores colonizadores con exigencias de inmediatez y bidimensionalidad, conmigo no cuenten. Yo pienso seguir soñando y perdiendo tiempo. Pienso aburrirme cada tanto, y llorar si algo me duele, a mí o a alguien a quien me imagino dolido. Pienso seguir dudando, y postergando cada tanto.

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Pienso seguir haciéndole Pito Catalán a Mercado Pago cada vez que me avise "Débora: tu plata está quieta". Pienso seguir pensando. Y, sobre todo, pienso seguir con algo que arranqué hace un par de años: jugar los sábados a la Rayuela en mi vereda ¡Cómo me gusta ocultarle cosas al algoritmo!

Lic. Débora Blanca. Directora de Lazos en Juego. Ig deborablancalj

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